Mi propuesta culinaria

E sta semana me he dedicado a probar vinos distintos. He vuelto a probar un blanco maravilloso que se llama Waltraud de las bodegas Torr...

E sta semana me he dedicado a probar vinos distintos. He vuelto a probar un blanco maravilloso que se llama Waltraud de las bodegas Torres. No es para toda ocasión, pero está fenomenal para comer con pasta y con mariscos.

Se destaca por ser dulzón, pero con sabor a flores y frutas maduras. También es maravilloso el precio y especialmente delicioso para las damas.

Pero además de probar vinos, he cocinado muchas corvinas a la espalda con bastante éxito entre los que las han probado.

Cocinar a la espalda no es más que cocinar un pescado con la carne hacia arriba y la piel tocando la bandeja. Se espolvorea de sal y se pone aceite de oliva y al horno.

Cuando está a media cocción, se le agrega vino blanco y al final se le pone por encima un refrito de ajo con ligero picantito y queda listo para servir.

Se termina de limpiar delante del cliente y les aseguro que todo el mundo queda satisfecho porque está de muerte lenta.

Es impresionante el perfecto sabor que tiene el pescado entero cuando se asa, queda jugoso, tierno y hasta meloso.

La verdad es que es la mejor manera de comer pescado, lo difícil es limpiarlo bien para que no tenga espinas, pero casi hemos logrado la perfección y nos quedan muy pocas a la hora de servirlo.

Regresando al paté de hígado de pato de la semana pasada, les explico que el secreto está en no sobrecocinarlo y en nuestro caso, ponemos los hígados a marinar en Oporto por doce horas antes de moler y preparar el paté.

Es un plato de sencilla elaboración y de resultados maravillosos, pero lo que lo hace un ganador es la cebolla caramelizada que servimos de guarnición; mezclada con el paté y una tostadita de pan lo hacen maravilloso.

Si prefiere el paté de hígado más salado, los pepinillos encurtidos en vinagre le hacen una compañía maravillosa y el vino que les he recomendado al principio le ayuda a ensamblar sabores dentro de su boca, provocando satisfacción con cada bocado y sorbo.

Si a eso le añadimos una buena compañía con los seres queridos, es apoteósico. Una buena entrada, el paté, un buen pescado y un buen vino no tienen mejor final que feliz.

Para rematar, un cafecito delicioso junto con un buen bizcocho de chocolate o un buen brownie y el cielo estará más cerca que nunca.

Y lo importante es tener momentos como el descrito anteriormente, cuanto más cerca del cielo nos sentimos, más felices estamos.

Debemos buscar momentos de felicidad para pasar los ratos amargos y que no queden grabados los malos momentos, sólo los buenos.

El camino a la felicidad pasa por tener la barriga contenta y si está feliz más cerca estamos de la felicidad, la comida es lo que nos hace felices a casi todos y lo que nos pone de mal humor a todos.

No hay nada mejor que haber comido bien, se ve la vida de otra manera.

¡Buen provecho!

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