El primer recorrido de prueba del monorriel, desde Patio y Talleres hasta Ciudad del Futuro, se registró la tarde del lunes 13 de abril, con esta prueba...
- 04/07/2010 02:00
Cuando el fotógrafo colombiano Sergio Ochoa arriba a un pueblo que no haya visitado anteriormente en sus frecuentes viajes a través de la geografía istmeña, lo primero que hace es pasearse por las calles con su cámara marca Nikon colgando del cuello. De esta forma busca que los moradores se acostumbren a la presencia del lente, se sientan menos cohibidos cuando el artista intente capturar sus rostros.
Al fotógrafo, que se encuentra radicado en Panamá hace unos ochos años, le gusta trabajar con infantes porque con ellos la comunicación se da de forma espontánea, a veces hasta sin palabras. Sólo basta ponerles la cámara en frente y hacer un gesto con ella, como solicitando permiso para tomar una foto. Por lo general la aprobación se da de forma igualmente tácita. A pesar de las diferencias de edad y de procedencia, entre los dos se establece una fugaz complicidad, unos segundos de intimidad que quedarán inmortalizados a través de la fotografía.
‘Hay gente que me ha dicho que yo soy capaz de captar el alma de la gente, de buscar ese momento entre dos. Con los niños es más fácil. Tienen esa curiosidad innata y les gusta la cámara’, comenta Ochoa, quien el próximo seis de julio estará presentando su más reciente exposición fotográfica en la Casa Góngora.
Bajo el título de ‘Las miradas del futuro’, la exhibición reúne 25 fotografías en formato de un metro por un metro y medio que Ochoa hizo imprimir en Colombia, su tierra natal. Las mismas fueron tomadas el mes de marzo pasado durante un visita que el fotógrafo publicitario realizar al Archipiélago de Las Perlas, específicamente a las islas de Saboga y San Miguel.
Ochoa fue invitado a estas comunidades por una amiga suya que promueve proyectos de turismo sostenible. Estuvo un día en cada una de las ínsulas, logrando tomar más de 400 imágenes con una Nikon D700 sin trípode. Esto le proporcionó la libertad requerida para seguir a los pequeños e intranquilos isleños durante sus juegos. ‘Los niños se mueven mucho. Al no usar trípode podía alcanzar mayor rapidez en la composición’, explica el artista.
Con el propósito de ganarse la confianza de los niños del lugar, y también para conocer parajes que no acostumbran visitar los turistas, Ochoa conversó con ellos y se ofreció a comprarles soda y algo de comer. Después de pagar retornó a la tienda para solicitar su vuelto. No obstante, tuvo que esperar tres horas porque el tendero se encontraba en sus horas de siesta vespertina. ‘Esta gente tiene un ritmo de vida más calmado. Es envidiable. Si van a construir algo aquí tienen que respetar un poco lo que está gente ha tenido a lo largo de sus vidas, hay que lograr un equilibrio entre este pueblo que lleva muchas generaciones viviendo acá y la gente que está llegando ahora’, comentó el fotógrafo acerca de los proyectos residenciales y turísticos que se realizan actualmente en la isla Saboga y en otros puntos del Archipiélago de Las Perlas.
EL PAÍS VERDE
Siempre que retorna al Pacífico Ochoa no puede dejar de asombrarse por las fuerza de las mareas, más pronunciadas que las que conoció en su natal Medellín. Otro elemento que encuentra fascinante es el color de la vegetación, la impresionante ‘gama de verdes’ cuyo recuerdo hace que refulja el tono esmeralda de sus ojos.
Su fascinación por la vegetación tropical quedó reflejada en la exposición ‘Clorofila’, presentada en la galería Arteconsult en el año 2006. Ochoa la describe como una colección de ‘primeros planos de una hoja, donde la hoja nunca se ve por completo, solamente sus líneas’. Estas fotos fueron capturadas a la luz del mediodía, para conseguir contrastes de ‘luz y sombra’.
Esta es una de las diversas exposiciones colectivas en las que el artista ha participado desde su llegada a Panamá hace ocho años por motivos laborales y artísticos. ‘En aquel tiempo la situación de seguridad en Colombia era mucho más compleja y no era del todo seguro sacar una cámara en la calle’, señala quien ha tenido la oportunidad de que sus trabajos se vendan en una subasta de arte latinoamericano realizada en la ciudad de Los Àngeles, Estados Unidos.
EN BUSCA DE CATARSIS
‘Las miradas del futuro’ es la tercera exhibición individual que Ochoa inaugura en suelo panameño. La idea para llevar a cabo esta serie de fotografías le vino hace cinco meses atrás, después del fallecimiento de su madre. ‘La muestra surgió como algo terapéutico. Estaba deprimido y pensé que otra exposición me iba a motivar, me iba a mantener activo con todos los detalles relacionados’, indicó quien ha capturado imágenes por más de veinte años.
No es la primera vez que encuentra inspiración en los rostros de los niños que forman parte de las diferentes etnias que habitan Panamá. Asimismo, ha fotografiado a las etnias emberá y ngöbe buglé, como parte de proyectos relacionados con asociaciones como Nutre Hogar, Aldeas SOS, Casa Esperanza, entre otras.
Su trabajo con infantes le hizo merecedor de una mención de honor en el Concurso Los Derechos de los Niños organizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF por sus siglas en inglés).
Ochoa confiesa que hay momentos en que debe interrumpir su apasionada búsqueda de rostros y colores, en los cuales no ‘saca la cámara no importa que la luz y el encuadre sean perfectos’. ‘Es imposible tomar fotografías las 24 horas al día. Pero he aprendido a vivir y a disfrutar de las fotos mentales’, apunta.
En un futuro cercano, al fotógrafo le gustaría visitar la Comarca de San Blas y adentrarse en el territorio selvático del Darién, para continuar con su proyecto de capturar a través del lente los rostros infantiles que conforman el crisol de razas que caracteriza al Istmo. No le preocupa mucho si en esta búsqueda consigue tomar una fotografía perfecta. Cree firmemente que mañana siempre habrá de tiempo de superar lo hecho hoy.