¿Empieza la función en Panamá?

El teatro es tan viejo como el hombre. El ser humano finge e imita por la necesidad de recrear algo que va más allá de su entendimiento,...

El teatro es tan viejo como el hombre. El ser humano finge e imita por la necesidad de recrear algo que va más allá de su entendimiento, para aprender aquello que aún no sabe, a veces, en una especie de magia simpática para alcanzar lo que está lejos. Las liturgias religiosas son representaciones dramáticas: nos disfrazamos de novios en una boda y representamos una obra en la que nos comprometemos, las niñas se visten de mujeres en sus quince años, a los muertos los disfrazamos con sus mejores galas para su última función. El afán de remedar, gestos, ademanes, voces y actitudes, es connatural al ser humano. Los primeros juegos son teatro. Los niños actúan como papás, como mamás, como policías y ladrones, o como superhéroes.

En Panamá el teatro ha tenido su propio desarrollo, desde los tiempos en los que los diablicos sucios y los bailes congos teatralizaban las luchas entre conquistadores y conquistados y explicaban la pelea eterna entre el bien y el mal, hasta el día de hoy, la dramaturgia y el teatro panameño han corrido diferente suerte.

El gusto por el formal queda claro cuando vemos el Teatro Nacional, joya arquitectónica que demuestra el interés del público en los primeros albores de la República. Ha habido en nuestro país destacados dramaturgos, como Rogelio Sinán, Renato Ozores, Ernesto Endara, Dora Pérez de Zárate, Carlos García Moreno, José de Jesús Martínez, José Ávila, Agustín del Rosario, Eustorgio Chong Ruiz, José Franco, Raúl Alberto Leis, Alfredo Arango, Edgar Soberón Torchía y actores de renombre como Anita Villalaz, José B. Sarsaneda, Delia Cucalón y Miguel Moreno, entre otros muchos.

Hoy el teatro parece estar más vivo que nunca: hay producciones nuevas casi cada semana, las salas están completas y reservadas ya hasta mediados del año que viene.

DE TRANSICIÓN EN TRANSICIÓN

Edwin Cedeño, actor, director y uno de los dueños del teatro La Quadra, piensa que el teatro en Panamá tiene un antes y un después de la invasión: ‘Antes había un teatro muy nacionalista, en búsqueda de la propia identidad. Cuando el Canal revierte, se produce un divorcio entre la dramaturgia y la producción, por un lado cambió la dramaturgia y, por el otro, aparecen nuevos grupos’ y la gente que antes ‘hacía teatro subvencionado por el gobierno militar, ahora empieza a hacer otro tipo de montajes‘, hay un reordenamiento de las salas’.

Y hay, también, ‘un enorme auge de comedias de todo nivel, esa transición hace unos veinte años es importante para entender el teatro actual’.

Edwin ve una nueva transición, que es la de hoy: ‘Las cosas en Panamá todavía se están cociendo. La cosa es ver cuánto tarda un país en tener una colectividad artística con visión de empresa teatral colectiva, que es lo que puede marcar una gran diferencia en el teatro panameño del futuro. Creo que se necesita un poco más de conciencia de la profesión teatral, con todo lo que eso involucra. Están surgiendo iniciativas, como la Asociación de Teatristas de Panamá, que es un logro. Pero faltan cosas por conseguir. Por ejemplo los artistas si no hacen alguna otra cosa adicional al ejercicio de la profesión teatral están en problemas económicos y, paralelo a eso, es muy triste que el Estado panameño no ponga sus ojos en el desarrollo cultural’.

Mientras que no se vea que la gente tiene cada vez menos valores, mientras que no caigan en cuenta de que quizás la solución es ponerle más atención al arte y a la cultura, el país no va a avanzar en esas áreas que son tan necesarias para el desarrollo completo de una sociedad, sugiere Edwin, que agrega: ‘Los artistas estamos haciendo lo que tenemos que hacer con los recursos que tenemos y el Estado no hace absolutamente nada’.

AQUÍ SE ESTÁ MEJOR

Pero los panameños suelen ser muy críticos consigo mismos, de vez en cuando es bueno saber que lo que hay fuera no es mejor que lo que tenemos aquí. Para eso hablamos con Carlos Caballero, uno de los primeros actores en la escena actual panameña y con una carrera que incluye comedia, drama, musicales y obras infantiles, a pesar de eso tiene que tener un trabajo ‘de día’.

‘Yo daría cualquier cosa por poder vivir del teatro, pero aquí eso es imposible, uno tiene que trabajar durante el día para poder hacer lo que realmente le gusta por la noche’. Carlos Caballero trató de irse a Colombia buscando una oportunidad de hacer teatro en la capital colombiana, se asombró cuando se dio cuenta de lo difícil que es montar una producción allí: ‘Acá se hace mucho más teatro que en Bogotá. Yo tuve varias entrevistas para buscar trabajo, cuando mostraba mi currículum la gente se asombraba. Cuando les dije que las salas en Panamá estaban reservadas hasta el año que viene, no se lo creían’.

Allí los actores que quieren actuar tienen que hacer mucho teatro de calle y luego pasar el sombrero. Para producir teatro en Bogotá, cuenta Carlos, tienes que invertir muchísimo dinero y, además, asegurarte ‘una estrella de las telenovelas en la producción para lograr que la gente vaya a ver la obra’. Por eso Carlos elogia la situación de Panamá: ‘estamos mucho mejor, pero creo que el gobierno debería dar más apoyo, subvenciones o quizás que se construyeran salas de teatro patrocinadas’.

FACTOR DE CAMBIO SOCIAL

El teatro no es solamente diversión, sino que, en las manos adecuadas, es un instrumento valiosísimo para construir cambios sociales. A través del teatro se puede trabajar con personas en riesgo social que aprenden estrategias para mejorar su calidad de vida. Esto es lo que está haciendo Jaime Newball, actor, productor, promotor cultural y director que lleva más de quince años en el medio teatral y actualmente trabaja como facilitador en el proyecto CAPTA, que adelanta la Fundación Calicanto.

‘La mayoría de residentes del Casco Antiguo viven en una situación de pobreza, apenas tienen acceso a la educación básica y no hablemos ya de otras oportunidades que podrían mejorar su calidad de vida. Pero además, existe una epidemia de pobreza emocional que ya no puede ser ignorada. La gente del área, especialmente las mujeres, sufren de baja autoestima y carecen de una identidad propia debido a su situación. Se ven a sí mismas como personas que no tienen opciones para manejar sus vidas’. En el Programa Capta la fundación capacita a mujeres del barrio durante siete semanas intensivas para prepararlas para enfrentar el mercado laboral en la industria hotelera y de servicio. A través de clases de teatro se logra hacer que el proceso de formación sea más divertido, autoanalítico y generador de cambios. Se proporcionan herramientas para enfrentar el día a día.

Expresarse a través del teatro no sólo ayuda a reforzar la autoestima sino que también crea una mayor conciencia ciudadana y posturas de tolerancia y responsabilidad social. Este trabajo se extiende también a los niños en otros dos programas que Jaime está desarrollando en San Felipe, para que los niños logren encontrar un espacio que promueva la autoestima, el respeto, la confianza y la solidaridad.

DE LAS TABLAS A LA PANTALLA

Otra opción que tienen hoy en día algunos actores es la de representar un personaje en algún programa de televisión o en radio, como los que se escuchan los viernes por la tarde en Sobre Ruedas. Uno de estos personajes se cuela también en nuestros hogares a través de la pequeña pantalla. Nos acercamos a Ingrid Villa-Real, la actriz que da vida a uno de los más queridos de la televisión, Generosa, la de La Última Hora.

¿Qué diferencias existen entre teatro y televisión? ‘La producción de televisión permite que la vida del actor sea más cómoda, por la organización, presupuesto, etc. Por otra parte, un personaje que haces todos los días se vuelve parte de ti, ya no tienes que ensayar. Yo sé quien es Generosa, qué hace, de dónde viene, cómo reacciona, sin siquiera pensarlo me sale, no me cuesta. No tengo que ensayar. Es casi un alter ego’.

Claro que la cosa cambia cuando Ingrid o cualquier actor se enfrentan a una obra: ‘Allí tengo que estudiar mi papel, revisar reacciones, y, según el estilo del director, aportar o seguir sus indicaciones de lo que quiere percibir del personaje. Son meses de ensayo y luego las funciones, ese proceso demanda mucho de uno, como actriz y como persona’. Un esfuerzo recompensado por la ‘deliciosa experiencia de actuar directamente frente al público, el temor a equivocarte, el trabajo en equipo que se da en las tablas’, que ‘solo se vive parcialmente en televisión’.

¿La televisión tiene ventajas en relación al teatro? Ingrid dice que ofrece otros beneficios y bondades: ‘Te permite darte cuenta de cuánta gente disfruta tu papel. Te acercas mucho a ellos’.

Cuando un personaje se hace con el público de esta manera y la gente se encariña con él, como actriz ¿no te da miedo que te encasillen en él? ‘Sí, me da mucho miedo. Pero igual me da miedo en teatro. Cuando he hecho obras infantiles pienso: ‘¿Y si solo me contratan para hacer esto? ¿Y si soy muy buena en un drama, ya no me llamarán para comedias?’ Creo que es un miedo propio de actores y actrices. En este sentido sólo cabe apelar al buen juicio de productores y directores, que vean más allá de una sola representación’.

Se cierra el telón. Ahí quedan los teatristas, peleando por su pasión, tratando de hacer su arte donde les den espacio, en radio, en televisión en una sala (llena o vacía), en la calle… Antes de irse, Edwin Cedeño se voltea y me dice con gesto dramático: ‘Los gobiernos se están volcando en el deporte, se están construyendo estadios, canchas y facilidades deportivas que se usan de modo gratuito, Panamá destaca en el deporte y eso está muy bien... pero ¡¿y el teatro qué?!’.

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