• 13/03/2022 00:00

Papel rosado

Quiero señalar lo ridículamente absurdo que es que, en este país, que se precia de ser supermoderno y prity en tecnología, nos exijan llevar un papelito rosado

Todos sabemos que lanzarse a la carretera en este país y en este momento, con el ministro de morondanga que nos ha tocado en suerte a la cabeza del Ministerio de Obras Públicas desde hace más de dos años, es una temeridad.

Es una suerte de locura en la que decides que es ineludible la gestión, el trabajo o lo que sea que vas a hacer más allá de cualquiera de los dos puentes.

No pienso hablar aquí, ya que sería extenderme demasiado y no tengo espacio infinito, de los operativos de mierda que se inventan los de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre, que junto a los rescatadores de perezosos de Proteger y Servir, parece que se retan a sí mismos para que la salida o el regreso a la capital después de disfrutar de unos días de asueto en el interior del país cada vez sean más caóticos que la vez anterior.

Pero ya que estamos, digamos que la tarea a emprender más allá de Panamá Oeste es ineludible, respiras hondo y te lanzas a la odisea. Toma aire porque el periplo que te espera hacia el poniente es de temer, tanto así que las sirenas de Ulises son niñas de pecho comparadas con las Escilas y las Caribdis que nos esperan en la carretera de quinta categoría que se abre ante nosotros.

No pienso, ni por un momento, tocar aquí el tema del precio de la gasolina, doctores tiene la iglesia y el desgobierno que nos desgobierna que sabrán explicar por qué estamos pagando lo que pagamos por la gasolina... y por el resto de las cosas necesarias para sobrevivir. Que no tengo yo muy claro cómo lo pueden hacer los que tienen niños en edad escolar. ¡Son ustedes mis héroes!

No, no voy a hablar de eso, quiero señalar lo ridículamente absurdo que es que, en este país, que se precia de ser supermoderno y prity en tecnología, nos exijan llevar un papelito rosado.

Les cuento. El municipio, en manos de un cenutrio incoherente, hace lo que le sale de la punta de las gónadas con las placas, uno trata de no salir de la ciudad hasta no tener la bendita lata, pero a veces no es posible, así que, tras pagar religiosamente, y a tiempo revisión, e impuestos municipales, pues crees que estás cubierto, ¿no? Se supone que el bendito sistema que los agentes de tránsito tienen en sus aparatos electrónicos debería de tener registradas ese tipo de cosas. Vamos, información cruzada básica, ¿no? Pues no, claro está que no.

Una en su ingenuidad estúpida se lanza a la carretera, a esquivar huecos sin contar con que el agente la va a detener para preguntarle por la placa vencida. Y una que es así de tonta, le explica todo el rollo al señor. Que si la placa, que si el revisado, que si aún no había salido, bla, bla, bla, mientras pasan a mi vera autocares volando que hacen que mi carrito se estremezca, coches oficiales en horas desoficiales y a una velocidad que supera también la permitida y como trescientas pradushes.

Y el policía, con gesto compungido, me pregunta “¿Tiene usted el papelito rosado? Es que sin el papelito rosado no sabemos si usted pagó los impuestos”. Yo, que obviamente no tenía el papelito rosado porque los trámites me los hace un tramitador, me quedé con cara de plop. “Póngame usted la boleta. Con confianza”. Muy educado el agente, todo hay que decirlo; y continúo mi viaje, sin papelito rosado y con boleta. Cabreada y tratando de no caer en ningún cráter.

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