Una ruta que transforma vidas

  • 15/04/2015 02:00
El primer grupo de estudiantes panameños se aventuró al legendario Camino de Santiago de Compostela, una experiencia enriquecedora

El 27 de marzo, un grupo de estudiantes de secundaria provenientes de Panamá despertó en el pueblo de Sarria en España. Se trataba del inicio de su peregrinaje a Santiago de Compostela.

El Camino de Santiago es una red de rutas a lo largo de España y Europa que culminan en la Catedral de Santiago de Compostela, al noroeste de España.

En la Edad Media se caminaba como peregrinaje a la tumba del apóstol Santiago, pero hoy en día es una travesía popular que miles de personas hacen por año.

El camino es considerado Patrimonio Histórico de la Humanidad por la UNESCO y también fue el primero que se incorporó a la lista de Itinerarios Culturales de Europa.

La idea de llevar la primera excursión de estudiantes de Panamá al Camino de Santiago, surgió por iniciativa de Silvio Sirias, profesor de Español de Balboa Academy.

Sirias por muchos años había escuchado y leído que el camino era una experiencia que cambiaba la vida, pero fue tras ver la película The Way que le comentó a Erinn Magee, la directora de secundaria en Balboa Academy, ‘no sería fabuloso llevar un grupo de estudiantes a hacer el camino?'

Magee le dijo que lo organizara y eso hizo, empezando por reclutar a los estudiantes que irían.

‘Yo ya había escuchado del Camino de Santiago, pero siempre había pensado que era una experiencia puramente religiosa, para los que andan en busca de Dios', dijo Emma Chiu, una de las estudiantes participantes. ‘Sin embargo, al oír del viaje a través de la escuela, me inspiré a aprender más sobre el tema y cambió mi opinión completamente'.

PREPARACIÓN

Cuando se definieron los 10 estudiantes que participarían en la excursión, Sirias y Magee empezaron a hacer caminatas con ellos todos los fines de semana en Clayton.

Esto era tanto ‘para acostumbrarnos a estar juntos, como para poner nuestros pies en forma', explicó Sirias.

World Strides, una organización que se especializa en organizar viajes educacionales, se ocupó de todo lo demás; es decir, la logística de la excursión, incluyendo un guía.

EL CAMINO

Escogieron comenzar en el pueblo de Sarria en Galicia por cuestiones de tiempo.

A 115km de Santiago, es el punto de inicio más popular, porque al caminar un mínimo de 100 kilómetros uno califica para recibir el Compostela, un certificado de la iglesia que te declara como peregrino.

El camino que les tocó fue muy variado, ya que en ocasiones podían estar al lado de una autopista en un pueblo y en pocos minutos estar en el medio de la nada atravesando el bosque.

‘Lo más bonito en mi opinión fueron las flores que empezaron a nacer con el principio de la primavera', contó la estudiante Milagro Sánchez

Por su parte, Emma Chiu expresó que ‘en cada subida y bajada había una imágen distinta y una vista estupenda, especialmente desde las alturas. Si tuviera que escoger un momento favorito, ‘sería la llegada a Santiago de Compostela. La vista a la catedral y de la ciudad entera, acompañado de las emociones mezcladas por haber llegado al destino fue inigualable', agregó.

Aunque parece un bello panorama de campiña en fotografías, el camino en realidad es difícil físicamente. El profesor Sirias no pudo hacerlo completo porque se le hinchó la rodilla al ir a un paso más rápido de lo que estaba acostumbrado.

Varios de los estudiantes también tenían ampollas o dolores musculares, pero ninguno se quejó ni se les ocurrió rendirse en momento alguno.

‘Estuvieron estupendos,' contó Magee. ‘Silvio me decía que el camino los había escogido. Nunca se desanimaron. Incluso los que terminaron cojeando, solo cojeaban más rápido'.

Además el guía trabajaba en equipo con Magee, acompañando a los estudiantes más rápidos mientras ella se mantenía atrás con los que iban más lento.

En las noches dormían en posadas u hoteles que World Strides había reservado con antelación, y una noche durmieron en la casa de una familia local. ‘Fue una experiencia única del viaje,' comentó Emma Chiu.

Los desayunos y cenas los comían donde pasaban la noche, y los almuerzos en cafés o albergues espontáneos a lo largo de la ruta. Necesitaban un promedio de tres almuerzos por día, explicó Milagro Sánchez, ‘caminar tanto daba hambre'.

También se quedaron con buenas memorias de la gastronomía española, recordando delicias como el filete de ternera con patatas, el pulpo a la gallega, los bocadillos de jamón serrano y las tortas de Santiago.

LLEGANDO A SANTIAGO

El último día del camino dejaron atrás los suaves caminos rurales y empezaron a caminar en aceras, por calles más transitadas. Les tardó una hora llegar a la Catedral de Santiago de Compostela una vez habían llegado a la ciudad de Santiago.

‘La experiencia más difícil fue cuando ya habíamos llegado a Santiago y mis piernas no daban para más, así que me empecé a relajar cuando en realidad aún había que caminar hasta la catedral', contó Milagro Sánchez

Supieron que habían llegado cuando estaban a media cuadra de la catedral, porque eran las 2:00 de la tarde y las campanas comenzaron a repicar.

‘Fue mágico entrar a la catedral en ese momento y saber que habíamos llegado a la meta, aunque también fue agridulce porque no queríamos que se terminara', explicó Magee.

APRENDIZAJE

El propósito de hacer el camino era brindarles una experiencia transformativa a los jóvenes, para que pudieran desconectarse del mundo digital en que muchos están atrapados y se reconectaran consigo mismos.

En la primera cena del viaje todos los estudiantes estaban más pendientes de sus celulares que de los compañeros a su alrededor, así que se instauró una regla de no utilizar los celulares a la hora de la cena y eso cambió la dinámica del grupo.

‘Al final del viaje, la hora de la cena se convirtió en la hora de contar historias, chistes, o las anécdotas del día. El camino ayudó a despejar nuestras mentes para que pudiéramos interactuar', señaló Magee.

En el camino conocieron peregrinos interesantes también. Por ejemplo, se toparon varias veces con una pareja de ingleses de avanzada edad, pero con mucha energía. ‘Se podía ver claramente el sentido de la perseverancia y la fuerza de la mente. Fue inspirador', dijo Emma Chiu.

También los convirtió en familia, acercándolos de una manera que no había ocurrido en excursiones estudiantiles pasadas. Magee, que ha realizado más de 20 viajes a Europa con la escuela, encontró que este había sido el más educacional para los estudiantes, y no dudaría en hacerlo una y otra vez con otros grupos.

Cada estudiante tuvo un aprendizaje distinto al hacer el camino y muchos dijeron que lo volverían a hacer si tuvieran la oportunidad, pero haciendo la ruta más larga y habiendo entrenado más.

‘Personalmente, el camino me liberó del estrés. Tuve tiempo de procesar los eventos en mi vida y creo que me ayudó a encontrar perspectiva', comentó Magee.

Los estudiantes recomendarían a futuros peregrinos llevar una maleta pequeña con solo lo indispensable, para evitar dolores de espalda. Algunas de las cosas más útiles para ellos fueron el bloqueador solar, la chaqueta impermeable, un palo para caminar, crema para el dolor muscular, y zapatillas adecuadas con medias de lana.

Aunque no logró completarlo en esta ocasión, el profesor Sirias reflexionó sobre la experiencia, diciendo que ‘la vida, lo mismo que hacer el camino, es una travesía. Tómate el tiempo de disfrutar la experiencia y apreciar la presencia de los otros peregrinos que te rodean.'

Por su parte, ha decidido entrenar mejor para regresar en septiembre, pero empezando desde Francia para hacer los 800km. ‘Esta vez caminaré a mi propio ritmo. ¡Todavía tengo que conseguir mi Compostela!', concluyó.

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Emma Chiu

‘ Aprendí que muchas veces los obstáculos los ponemos nosotros y que cada logro va a ser doloroso pero que vale la pena hacerlo porque lo que sacas de la experiencia no tiene precio'

ESTUDIANTE DE BALBOA ACADEMY Y PEREGRINA

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