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- 20/06/2010 02:00
La caótica escena que encontramos en el interior de la morada contrasta con el silencio reinante. Al lado de una silla de metal que está tumbada sobre los mosaicos del piso yace una figura humana vestida con suéter celeste y pantalón azul. A unos cuantos metros de distancia, un segundo cuerpo se encuentra tendido en dirección a la puerta principal.
Después de describir la escena del crimen y de compartir con los presentes lo que le dicta su olfato de investigadora (de que nos encontramos en la escena de un atentado terrorista) Susan Clotter, instructora del Servicio de Seguridad Diplomática (DSS) del gobierno de los Estados Unidos entra en la vivienda, su larga y rubia cabellera recogida por unas gafas de sol.
Adentro, el escenario parece extraído de un capítulo de una de las versiones de la popular serie norteamericana ‘SCI’, sólo que no se escucha el rock de ‘The Who’ (banda que interpreta los temas del programa televisivo) ni se presentan simulaciones gráficas de las trayectorias de una bala. Tampoco hay cadáveres cargados de enigmáticas pistas. Sólo dos muñecos inflables que son utilizados por cuatro instructores estadounidenses para adiestrar a 19 miembros de entidades como la Policía Nacional de Panamá (PNP), la Dirección de Investigación Judicial (DIJ), el Servicio de Protección Institucional (SPI). el Instituto de Medicina Legal (IMEL) y la seguridad aeroportuario acerca de las últimas técnicas de investigación forense.
‘La vida no es como la televisión. Usualmente capturamos al criminal, pero no lo hacemos en 47 minutos’, puntualiza Clotter. Hasta el viernes pasado, la investigadora impartió, junto a un grupo de instructores de la DSS, un curso de entrenamiento en ‘escena del crimen’ (CSI, por sus siglas en inglés) que fue diseñado para investigadores forenses, técnicos de laboratorio y oficiales de la policía responsables de la recolección de evidencia en investigaciones de este tipo.
EL EFECTO ‘CSI’
Clotter, quien posee una maestría en ciencias forenses, asegura que en los últimos años los integrantes de los jurados que participan en los procesos judiciales se han vuelto más exigentes al momento de escuchar la declaración de un testigo. ‘Los jurados han estado aprendiendo a través de ‘shows’ como ‘SCI’ acerca de lo que se debería encontrar en una escena del crimen, como huellas dactilares y rastros de ADN’.
A pesar de que afirma que ‘los criminales se están volviendo más inteligentes’ y que están aplicando técnicas para confundir a los investigadores, tales como limpiar sus huellas digitales o alterar la escena del crimen, la especialista en ‘CSI’ asegura que la tasa de éxito ‘con evidencia forense presente en la escena es muy alta’. En un esfuerzo para contrarrestar esta situación, que según Clotter se ha venido dando no sólo en Panamá y en los Estados Unidos, sino en todo el mundo, las agencias del orden público han venido desarrollando procedimientos que les permitan seguir otra clase de ‘pistas además de las huellas dactilares’. ‘Empleando tecnologías como fuentes de luz alterna (‘alternate light source’ en inglés) podemos ubicar rastros de evidencia, como cabellos o fluidos, para analizar el ADN’, indica.
Empleando este tipo de técnicas, Clotter fue capaz de recolectar, junto al grupo ‘CSI’ del condado de Montgomery, en el estado de Maryland, suficiente evidencia para capturar a los involucrados en el célebre caso del francotirador de Washington. En el año 2002, John Allen Muhammad y Lee Boyd Malvo sembraron el terror durante aproximadamente tres semanas en la cuidad de Washington y en los estados de Alabama, Luisiana, Maryland y Virginia, incurriendo en varios asesinatos. ‘Empezaron a disparar a principios de octubre. Lo capturamos aproximadamente veinticuatro días después. El juicio tomó varios años’, rememora con orgullo Clotter, quien declaró en el segundo juicio de este caso, que tuvo lugar en el condado de Montgomery.