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- 12/07/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Entre Snow White and the Seven Dwarfs (1937) y Zootopia 2 (2025), Walt Disney Animation Studios ha producido 64 largometrajes animados (sin incluir los proyectos de DisneyToon Studios).
Desde entonces, en términos cuantitativos, es el líder indiscutible en ese renglón en Hollywood. Sus competidores más cercanos son DreamWorks (53 películas), Sony (31) y Pixar (31).
En los años 1940, su primera era dorada, plantó la bandera de la excelencia con Pinocchio (1940), Fantasia (1940), Dumbo (1941) y Bambi (1942). Durante la década posterior (edad de plata) mantuvo la supremacía con Cinderella (1950), Alice in Wonderland (1951), Peter Pan (1953), Lady and the Tramp (1955) y Sleeping Beauty (1959).
Su primer punto de quiebre vino tras la muerte de su creador, Walt Disney (1901-1966). Los últimos proyectos supervisados por este productor fueron 101 Dalmatians (1961), The Sword in the Stone (1963) y The Jungle Book (1967).
Durante los siguientes cuatro lustros la zozobra reinó en la empresa con filmes de trascendencia regular. Hasta se discutió en mesas de trabajo la posibilidad de ponerle candado al departamento de animación.
La empresa sale del fracaso durante su segundo periodo dorado integrado por The Little Mermaid (1989), Beauty and the Beast (1991), Aladdin (1992), The Lion King (1994), The Hunchback of Notre Dame (1996) y Tarzan (1999).
Después vino otra etapa de declive, que coincidió con la aparición paulatina de la CGI (imágenes creadas por computadora), salvo por el éxito de Lilo & Stitch (2002).
El esplendor regresó con The Princess and the Frog (2009), Tangled (2010), Frozen (2013 y su secuela de 2019), Zootopia (2016 y su continuación de 2025) y Moana (2016 y su secuela de 2024).
Como señaló The New York Times, una siguiente etapa comercial -lógica y audaz- de Disney fue abrir el baúl de sus películas animadas y estudiar cuáles podían convertirse en acción en vivo para llegar a nuevas generaciones de espectadores, y despertar la nostalgia de aquellos adultos que vieron las originales cuando eran chicos.
Entre remakes, híbridos, reinterpretaciones y precuelas, Disney ha trasladado 20 largometrajes animados al live-action a la pantalla grande.
Lo que comenzó de manera tímida con 101 Dalmatians (1996) se volvió una costumbre desde que Alice in Wonderland (2010), de Tim Burton, obtuvo más de mil millones de dólares en la taquilla mundial.
Eso impulsó la reinvención de Aladdin (2019), The Lion King (2019), Beauty and the Beast (2017), Cinderella (2015), The Jungle Book (2016), Dumbo (2019), The Little Mermaid (2023), Mulan (2020), Maleficent (2014, 2019) y Cruella (2021).
De acuerdo con el sitio web Box Office Mojo, los mayores éxitos han sido -junto a la citada Alicia- The Lion King (1.600 millones de dólares), Beauty and the Beast (1.260 millones de dólares) y Aladdin (1.050 millones de dólares).
El medio digital SlashFilm estima que desde el 2010, entre todas las live-action, Disney ha obtenido más de 7 mil millones de dólares en boletería. Incluso algunas fueron más lucrativas que las cintas de origen como The Lion King, Beauty and the Beast y Aladdin.
Un atractivo de este nuevo universo es que los personajes los interpretan estrellas como Donald Glover (Simba), Beyoncé (Nala) y James Earl Jones (Mufasa) en The Lion King; Emma Watson (Belle) en Beauty and the Beast y en The Jungle Book Idris Elba (Shere Khan) y Bill Murray (Baloo).
¿El respaldo de la crítica? Ese es otro cantar. Mientras que las animaciones de Disney han recibido notas perfectas, desde Bambi o Cinderella pasando por The Lion King (2 Oscar) o Beauty and the Beast (nominada a mejor película), Frozen y Zootopia (ambas con Oscar a mejor animación), las live-action entusiasman menos.
Salvo The Jungle Book (Oscar a efectos visuales), Cinderella (nominada a la estatuilla dorada a mejor vestuario) y Beauty and the Beast (nominada al Oscar a mejor diseño de producción y vestuario), el resto pasó con resultados discretos.
¿Por qué? Los expertos resaltan que pierden su espíritu orgánico por el exceso de CGI que da como resultado a un hiperrealismo equivocado. Estas propuestas son más aceptadas cuando evitan repetir escena por escena, a las películas que las anteceden y cuando se arriesgan a ir más allá en términos argumentales.
Un punto de inflexión lo puede representar Moana, cuyas versiones animadas fueron solventes en lo monetario: la primera entrega alcanzó los 690 millones de dólares y su continuación superó los mil millones de dólares.
El director de Moana (2026) es Thomas Kail, cuya filmografía está íntimamente vinculada con la música (anillo al dedo para el estilo Disney familiar): desde rodar obras de teatro para la televisión como Hamilton (2020) y Grease (2016) hasta tomar las riendas de dos series de televisión donde el ritmo colabora a la profundidad narrativa: Up Here (2023) y Gosse/Verdon (2019).
De los actores vocales de la versión animada solo repiten Dwayne Johnson y Jemaine Clement, quienes interpretan al vanidoso Maui (semidios polinesio) y al ambicioso cangrejo Tamatoa, respectivamente.
La trama de esta Moana es heredera directa de la animación madre, aunque se esfuerza en demostrar que es independiente a la hora de manejar esas líneas temáticas. Como en la primera versión, esta ronda por los mismos, valiosos y necesarios conflictos dramáticos que su antecesora.
En una y en otra vemos a esa joven aventurera (Catherine Laga’aia entra en su piel), que está obligada a ser el relevo generacional perfecto que todos esperan; tiene que sobrevivir a la sobreprotección de su padre y está llamada a ir más allá de las reglas irrefutables de los adultos.
En ocasiones cuesta ver en esta Moana un creíble equilibrio entre la acción tangible y cómo esta se fusiona con la realidad recreada ofrecida por la CGI, una debilidad muy presente en otros títulos de Hollywood.
Para sostener su verosimilitud, Moana recibe una gran ayuda de sus dos actores principales: Catherine Laga’aia y Dwayne Johnson.
De The Rock (54 años, Estados Unidos) se espera que se sienta a sus anchas tomando en cuenta que tiene 78 películas en su hoja de vida. La grata sorpresa viene de la cantante e intérprete Catherine Laga’aia, quien solo tiene dos largometrajes en su haber: la miniserie The Lost Flowers of Alice Hart (2023) y Moana.
La australiana Laga’aia sabe encarnar a una chica de la isla de Motunui que va construyendo su personalidad y su resiliencia emocional con cada revés, pérdida y miedo que encuentra en su trayecto hacia el servicio social a favor de su comunidad.
Porque mientras que el núcleo de las historias de Blancanieves, Cenicienta, Aurora, Ariel, Jasmine y Rapunzel es el romance salvador y la posterior felicidad en pareja, Moana tiene una personalidad más aunada a la de Mulán, Mérida, Anna, Elsa y Raya, ya que en su corazón anida el deseo permanente de salvar a los suyos sin importar los sacrificios que deba sortear en altamar.