Desmantelando el temor a lo desconocido

  • 21/02/2026 11:57
Más allá del límite aprendido.

Crecimos bajo el refugio de un “no” constante. Una palabra que, aunque nació del deseo de protegernos, terminó por dibujar los bordes de nuestro mundo. Aprendimos a confundir seguridad con quietud e incertidumbre con peligro. Muchos de los muros que hoy nos impiden dar el gran salto no son de piedra, sino ecos de una educación que nos enseñó a temer a lo que no podemos controlar.

La paradoja del sistema

Al entrar en la etapa académica, enfrentamos la presión de estándares rígidos. El sistema determina quién es “buen estudiante” basándose en calificaciones que pretenden tipificar el valor humano. Lamentablemente, al etiquetado como “fracasado”, esta sentencia le trasciende el aula, convirtiéndose en baja autoestima y limitaciones sociales. Según la Teoría de la Indefensión Aprendida de Martin Seligman, cuando el entorno castiga el error sin ofrecer herramientas de resiliencia, el individuo deja de intentar cambiar su realidad. Al inhibir el autoaprendizaje, reducimos nuestra tolerancia a la incertidumbre. Evolutivamente, el cerebro prefiere la certeza —aunque sea desfavorable— antes que el vacío de lo desconocido.

El camino del bloqueo: De la duda al miedo

Lo que inició como protección parental y académica, suele decantar en una cadena de respuestas emocionales limitantes que paralizan el potencial:

El poder de sostener el vacío

El problema real no es la incertidumbre, sino nuestra resistencia a ella. Nada nuevo nace de lo predecible. Las decisiones más valientes surgen cuando alguien se atreve a resistir la tensión de “no saber”. El valor del crecimiento radica en sostener ese espacio de silencio, confiando en el potencial propio más que en las certezas externas.

Hoy, cabe hacernos una pregunta: ¿Qué proyecto o decisión estás postergando por esperar a que la incertidumbre desaparezca?

El Coaching: El puente hacia la autonomía

Reconocer estas dificultades es el primer paso, pero trascenderlas requiere compañía estratégica. El Coaching surge aquí como una alternativa poderosa para escenarios no patológicos. A diferencia de otros enfoques, el coaching no busca “reparar” al individuo, sino potenciar su capacidad de respuesta.

A través de metodologías como las preguntas poderosas, el coach acompaña al cliente a desmantelar las narrativas de insuficiencia heredadas. Este proceso permite que la persona identifique sus propios puntos ciegos, transformando la “baja tolerancia a la incertidumbre” en una gestión de posibilidades. El acompañamiento profesional brinda el sostén necesario para que el cliente transite el vacío de lo desconocido, no como una víctima del azar, sino como el arquitecto de sus propias soluciones.

Lo Nuevo