El calor y el insostenible modelo de desterrar la naturaleza de la ciudad

  • 06/06/2026 00:00
Un nuevo estudio revela cómo el modelo de desarrollo de la ciudad de Panamá —marcado por el concreto y la escasez de vegetación— está disparando el gasto eléctrico y convirtiendo las viviendas urbanas en “saunas nocturnas” debido al efecto de isla de calor

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No hay duda del impacto que las elevadas temperaturas pueden tener sobre el bienestar y la salud de la población en áreas urbanas. Se estima que en 2019 se registraron 356 mil muertes globalmente, debido a las altas temperaturas, siendo Medio Oriente, el sur y sureste de Asia y África las zonas más afectadas según reportaba la revista Nature en mayo de este año.

Otro impacto sentido debido a las altas temperaturas se refleja en la factura eléctrica y en la presión sobre el sistema eléctrico. Para hogares, oficinas y negocios las altas temperaturas significan un mayor uso del aire acondicionado (tanto por mayor tiempo de uso como por temperaturas más bajas del termostato), lo que se refleja en cuentas cada vez más elevadas.

Las áreas urbanas en especial registran temperaturas más altas que sus áreas naturales y rurales más próximas debido a un efecto conocido como las ‘islas urbanas de calor’, el cual se caracteriza porque las superficies con que se construyen las ciudades, -zinc, cemento, ladrillo, etc.-, retienen el calor de la radiación solar durante el día, y lo liberan durante la noche, haciendo que las noches sean más calurosas y las viviendas se conviertan en saunas.

Utilizando datos de los satélites de la constelación Copernicus se obtuvieron datos sobre la temperatura superficial del suelo (2019-2025) mientras que para la cobertura y altura de los árboles (2024) se utilizaron datos publicados por Meta. En base a este y otros indicadores adicionales, el Observatorio de Riesgo Urbano de Florida State University, Esri Panamá y Metromapas, construimos el ‘Índice de vulnerabilidad térmica urbana para la ciudad de Panamá’. Este índice permite validar lo evidente, que aquellas áreas con mayor superficie construida y menos árboles, son las que registran las temperaturas superficiales del suelo (°C) más altas.

Dentro del análisis para este índice pudimos identificar que los 20 barrios con mayor índice de vulnerabilidad térmica urbana conforman un grupo muy marcado por la combinación de alta superficie construida, baja cobertura arbórea y doseles muy reducidos. En estos barrios el índice registra valores entre 79.25 y 86.34, con un promedio de 81.15, muy por encima del promedio general de la ciudad, que es aproximadamente de 63.59. Entre los barrios que lideran este ranking de vulnerabilidad térmica se encuentran, Residencial Las Américas con un índice de 86.34, Parque de Alicante con 83.50, Rainforest Villas con 83.15, Brisas del Nuevo Hipódromo con 82.64 y Urbanización Don Bosco con 82.38.

Las Ocean Reef Island I y II presentan un índice de vulnerabilidad térmica urbana de 66 puntos de 100 posibles, y una superficie arborizada de casi 0%.

Los resultados de la generación de este índice también muestran con claridad la total exclusión de la naturaleza en el diseño urbano. De los 1,064 barrios en la ciudad de Panamá, 471 (44%) tienen menos de 20% de cobertura arbórea y de estos hay 81 barrios que tienen solo un 5% de cobertura arbórea. Dentro de este grupo de 81 barrios, en 60 de estos se registran temperaturas superficiales del suelo que oscilan entre 40 y 43° C, lo que evidencia la relación entre la falta de arborización y las altas temperaturas registradas en estos barrios.

Los barrios que conforman el área más antiguamente urbanizada, -el corredor que va de Casco Antiguo a Juan Díaz, Don Bosco y Pedregal, en conjunto con Betania y San Miguelito-, son las áreas que mantienen los índices de vulnerabilidad más altos. El análisis realizado muestra también que las dos variables que gobiernan el microclima urbano son la cobertura vegetal física (con 27.8%) y el porcentaje construido del suelo en cada barrio (con 26.7%). En la medida en que uno u otro indicador aumentan, aumenta o desciende la temperatura superficial del suelo, ‘la piel de la ciudad’.

Los datos también muestran otro dato alarmante, tener espacio público no es igual a tener reducción de las altas temperaturas. El espacio público solo aportó el 8.5% de la variación de las condiciones estudiadas dentro del modelo. La disponibilidad de espacio público en la ciudad no está asociada mecánicamente al confort térmico. Un parque infantil pavimentado, una plaza seca o una cancha de concreto computan como espacio público por habitante, pero térmicamente se comportan igual que la superficie construida convencional.

El modelo de urbanización panameño genera barriadas donde la cobertura arbórea es casi inexistente, y la impermeabilización del suelo se lleva al extremo, generando islas de calor urbano.

Diseño urbano, espacio público y arborización

La normativa panameña para el diseño de las urbanizaciones contiene escasas consideraciones respecto a la conservación de las áreas arborizadas. El Decreto Ejecutivo 23 que reglamenta la Ley 6 de 2006 de Ordenamiento Territorial, se limita a indicar que “los espacios libres y zonas verdes públicas mantendrán su carácter, prioritariamente con árboles, grama y jardines, si bien se admiten las instalaciones infantiles y las actividades deportivas de superficie no cubierta ni cerrada”.

A un nivel más específico, los ‘Códigos de zona y normas de desarrollo urbano para el Área del Canal’ (2002), incorporan algunos requerimientos de arborización según tipología de espacios: parques infantiles y vecinales (1 árbol por cada 100 m2); áreas recreativas y plazas (1 árbol por cada 300 m2); y finalmente los parques interbarriales y parques distritales (1 árbol por cada 200 m2). Son justamente barrios en las áreas revertidas, los que presentan un mayor grado de arborización y menores temperaturas superficiales del suelo, o la ‘piel urbana’.

Entre otras normativas que regulan o son indicativas sobre la arborización en Panamá se encuentra, la Resolución de 2003 del Ministerio de Obras Públicas (MOP), que establece los requisitos de aprobación de planos de construcción, es indicativa de reservar un espacio para la grama, en el que a veces se incluyen árboles. La ley forestal de 1994 que protege de la deforestación la servidumbre de ríos, quebradas, nacimientos de ríos y bordes lacustres. Esta, además, el Resuelto ARAP 1 de enero de 2008, que protege los manglares. El resultado de esto ha sido que solo bosques de galería y manglares son los pocos espacios donde la naturaleza logra sobrevivir el proceso de urbanización.

La reciente ocurrencia de días con temperaturas por encima del promedio, registrados en Panamá y otros países, ha puesto el foco en la necesidad de incorporar la naturaleza en general dentro de los espacios urbanos y su diseño. La respuesta mediática a las publicaciones relacionadas con este tema muestra la disconformidad sentida por la población con el modelo de urbanización panameño, que ofrece solo espacios áridos, sin vida ni el más mínimo confort que podría brindar incluir árboles en la urbanización. De alguna forma el calor extremo nos está mostrando las deficiencias del urbanismo panameño.

Ver infografías y resultados del estudio.

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