El último trazo de Julio Zachrisson

  • 29/11/2025 01:12
Reproducida en serigrafía por el maestro Julián Velásquez a partir del grabado original, la pieza forma parte del Legado Zachrisson y es valorada como un documento humano de profundo significado simbólico, espiritual y emocional

En 2018, Julio Zachrisson, ya sin vista, aceptó el reto de grabar al aguafuerte una plancha de zinc para una escena de la película ‘El Brujo: Julio Zachrisson’. Aquella demostración se convertiría en su último trazo sobre el metal.

Para inmortalizar ese momento, el equipo de Cine Animal solicitó a Dennis Long, amigo y estampador de confianza del artista, una única estampa del grabado. Así nació ‘El último garabato’.

Desde entonces, la pieza forma parte del Legado Zachrisson, un proyecto de Cine Animal dedicado a la preservación de los fondos documentales, archivísticos y digitales del artista.

Durante casi siete años, la existencia de ‘El último garabato’ permaneció en secreto. Pero en 2025, para conmemorar el estreno de la película, Tomás Cortés y Félix “Trillo” Guardia comisionaron al maestro serígrafo Julián Velásquez la reproducción del original en el Laboratorio Gráfico del MAC Panamá.

Julián Velásquez, quien conoció a Julio Zachrisson en vida, tomó el desafío junto a su equipo y lo consiguió. El proceso demoró alrededor de cinco días. Para lograr la reproducción, mezcló la técnica de fotoserigrafía y la serigrafía artística. Algunas de las copias, de las 150 reproducciones del original, que fueron numeradas y firmadas por Velásquez, hoy se encuentran disponibles a la venta a través del colectivo Cine Animal.

En una entrevista exclusiva, Gladys Turner Bosso, curadora de arte, arquitecta y fanática de Julio Zachrisson, comparte sus reflexiones sobre ‘El último garabato’.

Una radiografía de su espíritu

“Yo no clasificaría esta pieza dentro del cuerpo de trabajo del artista. Zachrisson acometió esta labor de dibujar en un momento en el que no contaba con todas sus facultades; tenía una discapacidad visual fuerte. Pero, incluso así, lo llevó a cabo con la mayor alegría y valentía.

Yo diría que es, más que nada, un documento humano que lo retrata de pies a cabeza. Una vez, Mirie de la Guardia hizo una exposición de Julio Zachrisson a la que llamó ‘Radiografía vital’; yo diría que esta pieza es una radiografía vital del espíritu de Zachrisson.

Es un experimento que fue abordado con la mayor alegría y júbilo, con esa travesura que lo caracterizaba. Él era un hombre con un espíritu inquebrantable, con un ánimo festivo y lúdico que lo acompañó hasta el final.”

Un imaginario reconocible

“Al ver la pieza, es obvio que Zachrisson ya tenía en mente lo que quería dibujar. Prácticamente proyectó sobre la plancha, con el buril, diversos elementos y temáticas de sus obras.

Reconozco elementos que son constantes en su producción, como estas cabezas fungiformes. Hay un intento de un cuerpo descarnado donde se aprecian unos costillares. Su imaginario es palpable, estaba fresco, y eso se siente.

Obviamente es muy informe todo lo que vemos, pero hay elementos reconocibles, esbozos y escorzos de tal y cual cosa. Hay un intento, incluso, de crear textura a base de puntos. Pero, por supuesto, era imposible lograr un dibujo completo en las condiciones en las que se encontraba.”

La memoria del oficio

“Julio Zachrisson tenía el oficio vivo. Sus manos se movían con una seguridad impresionante. Lamentablemente, su cuerpo no lo acompañaba. Pero, en definitiva, había una memoria; una memoria que se conectaba con sus nervios, con sus manos, con cómo iba moviendo el brazo. Es como montar bicicleta: eso nunca se olvida. Y, en su caso, es muy obvio que Zachrisson mantenía esa conexión y recordaba totalmente la técnica del grabado. La seguridad con la que se sentó frente a la plancha es prueba de ello.”

La reproducción de Julián Velásquez: una pieza de alto valor simbólico, espiritual y sentimental

“En primer lugar, es pertinente mencionar que reproducir un grabado en serigrafía es un trabajo complejo. La serigrafía en sí misma es una técnica muy interesante, pero es una técnica que está más relacionada con lo pictórico. Y aquí lo que encontramos es una pieza monocromática.

Pienso que fue muy valiente por parte de Julián Velásquez, porque se enfrentó a este reto y lo logró con mucha solvencia; su trabajo fue muy fino. Realmente captó el espíritu de la obra.

El último garabato de Julio Zachrisson, que reprodujo Julián Velásquez, es una pieza de alto valor simbólico, espiritual y sentimental. Tengo la impresión de que, para quien lo adquiera, es como llevarse un pedacito de Zachrisson a la casa.”

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