La industria del concreto en Panamá se prepara para un año de recuperación en 2026, con expectativas de crecimiento moderado y un renovado impulso gracias...
- 11/04/2026 00:01
En estos días la Canciller alemana sostuvo que su gobierno tenía que enfrentar dos grandes problemas: el energético y el cambio climático. Es, por lo visto, la agenda responsable de nuestros tiempos. Bajo el peso de la misma preocupación se acaban de reunir en Davos, Suiza, decenas de científicos para discurrir sobre el calentamiento de la tierra. Los pronósticos son de extrema gravedad: más huracanes, nuevos maremotos, peligrosos deshielos, sorpresivas inundaciones y tempestades y la temperatura podría aumentar sensiblemente con el correr de los años. Lo terrible de todo lo que viene ocurriendo es que la causa del trastorno global se encuentra en los abusos de los seres humanos.
Aparentemente es poco lo que pueden hacer las pequeñas naciones, sobre todo las que carecen de grandes industrias contaminadoras del ambiente. Sin embargo, sumadas todas las aportaciones negativas de los pueblos pobres al envenenamiento del medio éstas ofrecen resultados considerables que deben ser evitados.
Así como el gobierno alemán ha elevado a categoría de problema crítico el cambio climático, en la proporción debida el gobierno panameño debe adoptar soluciones previsoras que conjuren posibles desastres ecológicos. No llego a pensar, por razones obvias, que tales soluciones internas están dirigidas a detener efectivamente el cambio climático. Su propósito sería garantizar un ambiente sano al panameño.
En primer lugar, resalta, por ejemplo, el saneamiento de la bahía lo que debe concertar el más serio esfuerzo gubernamental y social. No recuerdo con precisión la cantidad de alcantarillas que desembocan en la bahía portando toda clase de inmundicias. Lo que recuerdo es que son muchísimas y que hoy han sido aumentadas debido a la construcción de tantos rascacielos. Necesariamente el aire que se respira en la capital guarda relación con el insalubre estado de la bahía. Es necesario determinar si aún los desperdicios de los barcos y pasajeros que transitan por el canal se arrojan a cierta distancia de las costas panameñas, provocando mayores males al entorno.
Se podría adoptar otra política en bien de la salud del pueblo. En este país existen alrededor de 600 mil automóviles. Sabido es el efecto nocivo al ambiente las sustancias tóxicas que despiden los automóviles. En otros países para proteger a los asociados y para cuidar el equilibrio de la naturaleza han creado lo que se denomina la Policía Verde que tiene por objetivo sacar de circulación a todo automóvil que transite despidiendo un “chorro” de humo negro. En todas las calles de la ciudad y en las carreteras del interior se observa ese espectáculo de automóviles cubriendo de densas cortinas oscuras, de gases incluso, el ambiente.
En la época de la patria vieja, debemos recordarlo, el Ministerio de Educación dedicaba varios días al año a sembrar árboles. Eran miles los niños que plantaban árboles en las campiñas y en la capital. Para tal fin previsoramente Méndez Pereira creó el Día del Árbol. ¡Bellísima iniciativa! Ante los actuales peligros de sequedad y sequía producidos por los “arboricidas”, se torna urgente volver a las faenas del niño sembrador. Yo recuerdo los árboles que en compañía de mi padre sembramos cuando niños. Luego fueron árboles amados, sus ramajes protegían como si fueran extensos brazos de la madre naturaleza y se creaba un vínculo fraterno entre el niño y el árbol.
Uno de los efectos del calentamiento global es la ampliación de los desiertos. Por tanto, resulta de urgencia especial impedir de alguna manera el desarrollo de ciertas áreas desérticas, como Sarigua. Debe evitarse su ampliación porque naturalmente sería foco de inevitable calentamiento. Así como los cambios climáticos, específicamente el calentamiento, aumentara el nivel de los mares y podría inundar y hasta sepultar zonas costeras, las áreas desérticas con el correr de los años podrían invadir nuevos sectores. Si los grandes témpanos y glaciares de los polos tienden a descongelarse, evitemos en lo que esté a nuestro alcance la ampliación del único desierto de varios cientos de hectáreas que poseemos y que afectan directamente la región de Azuero.
Recuerdo que cuando ejercía la Rectoría de la Universidad de Panamá conversé con el Embajador de Israel acerca de las medidas que podían tomarse para evitar el crecimiento del Sarigua. Me respondió que él tenía la impresión de que algún estudio se había hecho al respecto. Se comprometió ocuparse del asunto. Pero el tiempo dio fin a su misión y a la mía. Esos países enclavados en desiertos luego convertidos por la acción humana en zonas florecidas algo pueden hacer en el Sarigua.
Me ocupo de estos temas porque inquietan en otras sociedades con señales más escalofriantes que alarmantes. Se que en la agenda de nuestros políticos no aparece con la prioridad debida el problema energético y el cambio climático. Otras son sus actuales preocupaciones.
Los científicos reunidos para analizar el fenómeno climático auguran para el año 2007 diversas catástrofes producidas por una naturaleza herida casi de muerte por la irresponsabilidad humana.
En nuestro país, parte del mundo en peligro, son muchos los esfuerzos que las entidades conservacionistas ejecutan sin pausa. Pero sin una sociedad consciente de la gravedad del problema climático todo programa de prevención resulta frustrante y de limitados resultados. De allí que es altamente positivo que los entendidos ejerzan la docencia sobre el tema como lo hizo recientemente con brillo el economista panameño Eduardo L. Lamphrey R. en la edición del sábado 27 de enero pasado, en el diario La Prensa.
Es urgente, dada la gravedad del problema, que cada habitante del Istmo incorpore en su agenda de servicios cívicos la promesa de contribuir con su granito de arena al mantenimiento de la salud de la tierra.
Un vencedor en el campo de los ideales de libertad:
Nombre completo: Carlos Iván Zúñiga Guardia
Nacimiento: 1 de enero de 1926 Penonomé, Coclé
Fallecimiento: 14 de noviembre de 2008, Ciudad de Panamá
Ocupación: Abogado, periodista, docente y político
Creencias religiosas: Católico
Viuda: Sydia Candanedo de Zúñiga
Resumen de su carrera: En 1947 inició su vida política como un líder estudiantil que rechazó el Acuerdo de bases Filós-Hines. Ocupó los cargos de ministro, diputado, presidente del Partido Acción Popular en 1981 y dirigente de la Cruzada Civilista Nacional. Fue reconocido por sus múltiples defensas penales y por su excelente oratoria. De 1991 a 1994 fue rector de la Universidad de Panamá. Ha recibido la Orden de Manuel Amador Guerrero, la Justo Arosemena y la Orden del Sol de Perú.