El violín y la memoria musical de Panamá

  • 22/05/2026 02:28
Un grupo de investigadores analizó cómo se practica y transmite el repertorio tradicional y técnica del violín en Panamá, un estudio pionero que también reconstruyó la historia, esplendor e influencia de este instrumento en el país

Hubo un tiempo en el que la melodía del violín reinaba en la vida social panameña, tanto en las altas esferas como en los entornos más populares. Sonaba en bailes, fiestas de pueblo, celebraciones familiares y espacios comunitarios, acompañando repertorios que viajaban entre generaciones. No obstante, con el paso del tiempo y el auge de nuevas tecnologías y géneros musicales, el instrumento fue perdiendo protagonismo público hasta refugiarse principalmente en comunidades de las provincias centrales del país.

Un nuevo proyecto de investigación no solo reconstruye esta historia, también detalla cómo sobrevivió esa tradición y de qué manera continúa transmitiéndose entre niños y jóvenes.

Se trata del estudio “Danza y memoria: repertorio y pedagogía del violín tradicional en Panamá central”, liderado por el Dr. Samuel Robles, investigador del Centro de Investigaciones Históricas, Antropológicas y Culturales (Cihac AIP), que analizó por primera vez en Panamá las prácticas de transmisión de repertorios tradicionales y técnica del violín desde perspectivas históricas, pedagógicas, sociales y neuropsicológicas.

La investigación fue financiada mediante la Convocatoria Pública de Fomento a Investigación y Desarrollo (FID) 2024 de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt) y se desarrolló en comunidades de Coclé, Herrera, Los Santos y Veraguas, en donde mayormente se practica y enseña el instrumento.

Apogeo del violín

El proyecto nació de una inquietud personal y cultural de Robles. “El violín siempre estuvo presente en mi formación musical, aunque yo no lo toco. Crecí rodeado del instrumento y siempre me llamó la atención el respeto que existe en las provincias centrales hacia este repertorio”, explica el investigador.

Aunque hoy el violín tradicional suele asociarse principalmente con la región de Azuero, Robles sostiene que el instrumento tuvo una presencia mucho más amplia y relevante en el Panamá del siglo XIX.

De acuerdo con el investigador, Panamá era entonces un territorio intensamente conectado con el mundo por el tránsito de viajeros, comerciantes y migrantes. Esa circulación permitió que tendencias musicales provenientes de Europa, el Caribe y América del Sur llegaran rápidamente al istmo.

“Panamá estaba mucho más conectado de lo que solemos imaginar. La música para danza era un elemento central de la vida social y cultural, y el violín se convirtió en una plataforma de comunicación social entre distintas capas de la sociedad”, señala.

En esa época, prosigue el investigador, el instrumento sonaba tanto en espacios de élite como en iglesias, fiestas populares y celebraciones comunitarias y una de las figuras musicales más importantes del siglo XIX panameño fue un violinista, Miguel Iturrado, conocido con el apodo de “Paganini”.

Según los hallazgos del estudio, músicos panameños adaptaron influencias internacionales y las transformaron en un repertorio propio, concebido específicamente para las dinámicas culturales del país. “Lo que ocurre es una adopción y adaptación de tradiciones musicales globales por parte de músicos panameños. Ese repertorio termina convirtiéndose en algo profundamente local”, explica Robles, miembro del Sistema Nacional de Investigación (SNI) e investigador asociado al Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales.

En tanto, el repertorio que hoy se considera “tradicional” en Azuero comenzó a consolidarse en las primeras décadas del siglo XX y entre las figuras fundacionales mencionadas destacan violinistas como Clímaco Batista y Francisco “Chico Purio” Ramírez, quienes ayudaron a consolidar piezas que aún hoy forman parte del repertorio tradicional.

El declive

La popularidad del violín comenzó a disminuir a partir de la década de 1940, cuando tecnologías como la radio y las grabaciones transformaron el panorama musical.

También, el auge del acordeón en Panamá y otras regiones del Caribe desplazó progresivamente al violín de los espacios de música popular masiva. “Ese mismo repertorio concebido originalmente para violín empezó a tocarse en acordeón y pasó a difundirse por la radio y luego por la televisión”, enuncia Robles.

A pesar de los cambios, el instrumento no desapareció. Por el contrario, comenzó a preservarse paralelamente dentro de círculos familiares y comunitarios que asumieron la responsabilidad de proteger esa tradición musical.

“El repertorio del violín continúa enseñándose privadamente, entre familias de una generación a la siguiente. La instrucción no es formal; no se prioriza la lectura musical ni la técnica instrumental, sino la continuidad del repertorio tradicional”, destaca Robles.

Con el tiempo surgieron festivales, concursos y programas comunitarios enfocados en preservar el violín tradicional, especialmente en las provincias centrales.

Actualmente, muchas de estas iniciativas siguen funcionando con apoyo de fundaciones, aportes comunitarios y el uso de instalaciones facilitadas por el Estado.

Aprender de memoria

Este proyecto pionero también incluyó un análisis sobre cómo aprenden los niños y adolescentes que forman parte de programas de enseñanza del violín tradicional.

“Queríamos entender cómo es el proceso de aprendizaje y cuáles son los mecanismos que utilizan los estudiantes para almacenar, recuperar y repetir las piezas del repertorio tradicional”, señala Gabriela Noriega Martínez, neuropsicóloga, coinvestigadora del proyecto e investigadora asociada a la Universidad Católica Santa María La Antigua.

La investigación evaluó estudiantes de entre 9 y 17 años utilizando pruebas estandarizadas de memoria y aprendizaje. Los resultados mostraron que los estudiantes presentaban desempeños acordes con su edad, aunque destacaban particularmente en procesos relacionados con la memoria a largo plazo y el aprendizaje sucesivo.

Según Noriega Martínez, muchos estudiantes aprenden nuevas piezas asociándolas con melodías y canciones que ya conocen, utilizando la repetición constante para consolidar el aprendizaje.

La investigadora considera que estos hallazgos ayudan a comprender mejor las metodologías tradicionales de enseñanza musical y podrían servir para fortalecer estrategias pedagógicas orientadas a preservar el repertorio.

El estudio también encontró diferencias interesantes entre estudiantes masculinos y femeninos en ciertos tipos de memoria, aunque se requieren muestras más amplias para determinar conclusiones definitivas.

Jóvenes guardianes

El proyecto también analizó el impacto social y comunitario de estos programas de enseñanza.

Para Robles, los niños y jóvenes que participan en estas iniciativas están asumiendo un papel fundamental como “guardianes” de una tradición cultural. “Esta música se ha convertido muy rápidamente en algo que las comunidades sienten que debe protegerse para que la identidad no se pierda”, afirma.

El estudio incluyó entrevistas y grupos focales con familias, instructores y miembros de comunidades con el objetivo de comprender cómo estos espacios culturales fortalecen la cohesión social.

Según los investigadores, la preservación del violín tradicional no solo tiene implicaciones artísticas y patrimoniales, sino también sociales y económicas, relacionadas con el turismo cultural, las actividades comunitarias y la generación de oportunidades para quienes practican esta música.

Como parte de la difusión de los resultados del estudio, los investigadores preparan la publicación de tres artículos científicos enfocados en la historia del repertorio tradicional, en los hallazgos neuropsicológicos y en el impacto comunitario de estos programas de enseñanza.

Además, los investigadores participarán en julio próximo en la 37th ISME World Conference en Canadá, organizada por la International Society for Music Education, en donde compartirán los hallazgos.

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