Estados Unidos ha arrendado por un dólar y durante 99 años a Israel el terreno para su nueva embajada en Jerusalén Oeste, pero esa parcela perteneció hasta...
- 26/07/2026 00:19
Encuentra más de nuestra cobertura en los resultados de búsqueda.
Agrega La Estrella en Google ↗️Decía Anthony de Mello, sacerdote jesuita y autor de numerosos libros, que la iluminación es despertar. Estar despiertos significa ver con mayor claridad. Y esa claridad no tiene que ver con saber más, sino con ser más conscientes: salir de nuestra propia mente para observar la realidad con menos filtros, prejuicios y creencias automáticas.
En el Coaching, esta idea es central. De hecho, una de las ocho competencias clave de un coach, según la International Coaching Federation (ICF), es la capacidad de evocar conciencia en el coachee. No se trata de dar respuestas ni de aconsejar, sino de acompañar a la persona a ver lo que antes no veía, o a mirar lo conocido desde un ángulo distinto.
Evocar conciencia implica ayudar al coachee a salir de una narrativa que, muchas veces sin darse cuenta, lo mantiene atrapado en un punto muerto: en su desarrollo profesional, en sus relaciones o en su desempeño. Cuando una historia interna se repite sin cuestionarse —“siempre me pasa lo mismo”, “no tengo opciones”, “el problema está afuera”—, el potencial queda limitado y el objetivo parece inalcanzable.
La conciencia surge cuando se crea un espacio genuino de reflexión. Un espacio donde el coachee puede escucharse, cuestionarse y replantear aquello que le incomoda. Tiene que ver con mirarse a sí mismo o a la situación desde distintos ángulos, reconociendo sesgos inconscientes, creencias autolimitantes y patrones aprendidos. Muchas veces, el solo hecho de ponerles nombre ya produce movimiento.
Para que esto ocurra, el coach debe sostener el proceso con respeto y curiosidad, sin prisa ni juicio. Al “despertar”, el coachee puede definir con mayor claridad hacia dónde quiere ir, qué es realmente importante para él o ella, y cuáles son los próximos pasos que está dispuesto a dar. La conciencia no impone un camino; lo revela.
El coach se apoya en preguntas poderosas, silencios, metáforas y una escucha activa y profunda. Su rol no es dirigir ni imponer ideas, valores o interpretaciones, sino abrir posibilidades y acompañar al coachee a ampliar su mapa de la realidad.
Desde esta mirada, evocar conciencia no es un evento puntual ni un momento “ajá” forzado, sino un proceso continuo de descubrimiento. Puede surgir de manera sutil, durante la conversación o incluso después de la sesión, cuando el coachee conecta ideas, emociones y comportamientos que antes veía como separados. El coach facilita ese proceso devolviendo observaciones, reflejando patrones y formulando preguntas que ayuden al cliente a construir significado propio, sin interpretar ni dirigir conclusiones.
Este proceso también lleva al coachee a reconocer su grado de elección y responsabilidad. Cuando una persona amplía su mirada, comienza a ver no solo lo que ocurre, sino cómo participa en lo que ocurre. Esta toma de conciencia —lejos de generar culpa— suele abrir espacio para una mayor libertad: la posibilidad de elegir respuestas diferentes, ensayar nuevas formas de actuar y vivir con mayor coherencia entre lo que piensa, siente y hace. En ese sentido, la conciencia no es solo comprensión; es el primer paso hacia un cambio sostenible.
Por ejemplo, un coachee frustrado que solo ve la oposición de su jefe a sus ideas puede ampliar su mirada al observar la relación como un sistema que se retroalimenta, identificando cómo las conductas de ambos sostienen una dinámica adversa.
Una coachee que sueña con cambiar de trabajo “para ser feliz” puede descubrir que antes necesita definir qué significa realmente ser feliz para ella, y construir una visión que integre lo que desea con lo que hoy ya está presente.
O un ejecutivo convencido de que entregar resultados es más importante que cuidar a su equipo, puede experimentar un cambio de conducta y comprobar que el rendimiento mejora cuando disminuye el desgaste y aumenta la confianza.
El coach siempre será respetuoso y tentativo. No existe una verdad absoluta impuesta desde afuera: la verdad última es del cliente. Y el cliente, a su vez, necesita estar dispuesto a abrirse a otras perspectivas, probar respuestas distintas y, muchas veces, salir de su zona de confort.
La conciencia es el antídoto del estancamiento. Cuando el cliente despierta, lo demás comienza a fluir con mayor coherencia, intención y libertad.