Filosofía, computación y pensamiento algorítmico

Desde esta perspectiva, se ponen entre paréntesis las construcciones filosóficas grandilocuentes, monumentales y rimbombantes que, con frecuencia, elaboran los filósofos. Así, las cuestiones filosóficas devienen en cuestiones genuinamente tratables, y los conceptos filosóficos se operacionalizan

La histórica relación entre ciencia y tecnología ha sido – si se me permite una metáfora biológica – simbiótica (mutualista): el (sub) sistema ciencia se beneficia del (sub) sistema tecnología, y viceversa.

Tampoco la filosofía escapa al influjo de la tecnología. En investigaciones sobre neuroética, por ejemplo, es habitual el recurso a resonancia magnética funcional (fMRI) para investigar la actividad cerebral durante tareas relacionadas con la moralidad y decisiones éticas, o modelos matemáticos para su mejor estudio.

Igualmente, en la metafísica y la epistemología, el recurso a procedimientos computacionales por parte de especialistas es fundamental para el tratamiento de problemas de estas disciplinas, generando enfoque novedosos conceptualmente prometedores, como lo son la metafísica computacional (véase, Kirchner, D., Benzmüller, C. & Zalta, E.: Computer Science and Metaphysics: A Cross-Fertilization, 2019; Fitelson, B. & Zalta, E.: Steps Towards a Computational Metaphysics, 2007) y la epistemología computacional (Sloman, A.: Computational epistemology, 1982), ámbitos en los que la dinámica filosófica no depende de la especulación sino de la computación.

Filosofía computacional

La filosofía computacional “es el uso de técnicas computacionales mecanizadas para instanciar, extender y ampliar la investigación filosófica”, es -en otras palabras- “filosofía usando computadoras y técnicas computacionales” (Grim, P & Singer, D.: Computational Philosophy, 2024).

Vista de este modo, la filosofía computacional supone un caminar en la ruta avizorada por el gran filósofo racionalista Leibniz quien señalaba que “la única manera de rectificar nuestros razonamientos es hacerlos tan tangibles como los de los matemáticos, de modo que podamos encontrar nuestro error de un vistazo, y cuando haya disputas entre personas, podamos decir simplemente: calculemos, sin más, para ver quién tiene razón” (The Art of Discovery, 1666/1951, p. 51).

La historia de la filosofía, sin embargo, ha dejado en evidencia que los razonamientos filosóficos distan de ser “tangibles como los de los matemáticos”, y que el cálculo no ha sido precisamente el punto fuerte de los filósofos. Más bien, la filosofía ha dado muestras de ser una suerte de Torre de Babel en la que estos, aunque usen las mismas palabras, las usan en sentidos tan disímiles entre sí, de modo que, en el mejor de los escenarios, hablan de cosas distintas, y -en el peor- ni se entienden ni se ponen de acuerdo.

Las escuelas de pensamiento filosófico pueden considerarse como grupos de diseñadores de teorías o doctrinas que operan como bases de datos y de conocimientos con sus propios términos y conceptos. Aunque esto es un indicador de pluralidad o diversidad, es también problemático. En ese sentido, para superar la Torre de Babel y realizar el ideal leibniziano sería necesario construir una ontología (en sentido informático), “para resolver las incompatibilidades terminológicas y conceptuales que inevitablemente surgen” (Smith. B: Ontología, 2007, p. 54).

Lamentablemente, construir una ontología filosófica común es poco probable que ocurra. Por ello, se torna necesario manejarse pragmáticamente: ¿qué cosas podemos hacer realmente sin esa pretensión omnicomprensiva que ha históricamente inspirado la especulación filosófica?

Tres condiciones básicas

En otro texto (Filosofía asistida por computadora, en Web:

https://philarchive.org/archive/DIAFAP-2 ), he indicado que para aplicar metodología computacional en la práctica filosófica se requiere de -al menos- las tres siguientes cosas:

conceptualización/argumentación, rechazo a la concepción grandilocuente de “pensar” y precisión lingüística.
La primera condición apunta a fijar claramente los dominios en los que trabaja el filósofo y el tratamiento automático de las cadenas de argumentos; la segunda, concibe el “pensar” desde una perspectiva operativa y adaptativa; y la tercera, apunta a un lenguaje extensionalizable, en el cual la sintaxis y la semántica estén claramente definidas.

Luego, se implementa la estructura así desarrollada en el lenguaje de programación adecuado o, incluso, mediante alguno de los más versátiles sistemas de inteligencia artificial. Bajo esas condiciones, es posible construir modelos sólidos en los que la especulación desmedida se controla y el argumento de autoridad, tan común entre estudiosos de la filosofía, se torna irrelevante.

Pensar algorítmicamente

Tal vez estamos tentados a decir que el esquema general de las preguntas filosóficas es “¿Qué es X?” (Moulines, U.: ¿Es la filosofía una ciencia?, 2009, p, 21). Sin embargo, hay que ser cautos: no por tener esa forma, la pregunta es filosófica. Cuando alguien pregunta, por ejemplo, ¿qué es la sífilis?, más que a una cuestión filosófica, se apunta a la obtención de información sobre una patología que se desconoce. Además, que con frecuencia los filósofos pregunten de ese modo, no significa que sea la manera más adecuada de hacerlo: pues ese tipo de preguntas son frecuentemente oscuras y, al no acotarse, tal vez no puedan ser respondidas de modo adecuado.

No tendría mayor sentido preguntarse, por ejemplo, “¿qué es la justicia?” sin referencia a algo concreto y tratable. Supongamos que respondemos diciendo: “la justicia es una función que relaciona elementos del conjunto de los actos (A) con valores del intervalo [0, 1]”. De este modo, queda claramente especificado el conjunto de cosas a los que se aplica la función; y, dado el espacio semántico del que estamos partiendo, se infiere que el que algo sea absolutamente justo o injusto es más bien excepcional o ideal.

Conclusión

¿Qué requiere un abordaje computacional de la filosofía? Básicamente, un lenguaje formalizado, de modo que se puedan aplicar a dicho lenguaje las técnicas de cómputo apropiadas y traducirse a un programa. Desde esta perspectiva, se ponen entre paréntesis las construcciones filosóficas grandilocuentes, monumentales y rimbombantes que, con frecuencia, elaboran los filósofos. Así, las cuestiones filosóficas devienen en cuestiones genuinamente tratables, los conceptos filosóficos se operacionalizan, de modo que la actividad filosófica deja de ser la expresión de un esfuerzo argumentativo especulativo e inconducente.

Docente de Lógica, Universidad de Panamá

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