‘La Novia’ no es lo que esperabas: la inquietante visión de Maggie Gyllenhaal

  • 05/03/2026 14:26
Con un estilo oscuro y extravagante, Jessie Buckley encarna a la novia de Frankenstein en una historia de amor, violencia y humor negro desde el lente de la monstruosidad humana

A través de los años, ‘Frankenstein’ ha sido el mito temido, la visualización de lo que la crueldad humana puede lograr y destruir, una historia de precaución y, en ocasiones, de soledad y tristeza.

El famoso monstruo del Dr. Frankenstein sacado de la imaginación de la escritora inglesa Mary Shelley a raíz de un reto, ha sido un referente en la literatura y el cine por décadas. Ahora, a través del lente de la directora y actriz Maggie Gyllenhaal (‘The Lost Daughter’), llega la otra parte de la historia, ‘La Novia’, un retelling emotivo, oscuro y bizarro sobre la otra mitad de Frankenstein y su búsqueda por una identidad propia.

La cinta nos adentra rápidamente en la mente de Gyllenhaal, con una introducción digna de los años dorados del cine hollywoodense de blanco y negro, con elegancia y un toque de locura ingobernable, llena de monologos con palabras que suenan rebuscadas, pero que terminan siendo el hilo conductor de una mente que se ha quedado sin espacio para plasmar todos sus pensamientos y ahora grita incansable por un lugar para habitar.

La inclusión de una posesión tanto espiritual como emocional es la metáfora principal de la cinta. Nos fijamos en una joven llamada Ida (Jessie Buckley), quien es aguerrida, franca y está cansada de las risas de los hombres borrachos a su alrededor, de aquellos que piensan que pueden reclamarla como una propiedad y, dentro de ella, una grieta se abre para dar inicio a su historia.

Sus colores oscuros, góticos y vibrantes dan diferentes ambientes tanto de tensión, como de pasión y terror.

Gyllenhaal le da espacio a Ida para sentar las bases de lo que veremos: la revolución interna de una mujer que ha visto suficiente, pero ha sido detenida en el tiempo por hombres corruptos que buscan salirse con la suya en todo momento hasta el momento en que ella les haga recordar el pago por sus crímenes.

Buckley toma las riendas tanto de Ida como de La Novia con un deje de quien sabe como moverse para impactar, para vulnerabilizar y para ser memorable, con escenas rápidas y algunas veces violentas, pero que son el vehículo para expresar la rabia interna de sus personajes, incluyendo la voz de aquella autora gótica que fue retada y salió victoriosa ante una sociedad que la consideraba “difícil”.

La trama también se enfoca en un segundo plano en Frankenstein (interpretrado por Christian Bale), el monstruo que ha vagado por más de un siglo por todo el mundo en busca de una compañera. La soledad se ha vuelto insoportable para Frank y es cuando llega a Nueva York. Con una frente cuadrada y atornillada, mirada reticente y bondadosa, Frank le ruega a la Dra. Euphronious (Annette Bening) que le dé una compañera eterna. Juntos, desentierran la tumba de Ida y, sin darnos cuenta, La Novia nace de las cenizas de la muerte.

No hay necesidad del grito cliché de “¡Está viva!”, ya que La Novia les muestra desde el primer momento de nueva “vida” que su consciencia está intacta, solo sus recuerdos se encuentran empañados tras el gran shock de electricidad. Buckley y Bale se encuentran entonces en una danza exótica de control, jale y empuje que los lleva en un camino de excesos y de sentirse por fin “vivos” realmente, aunque sea un espejismo.

Gyllenhaal logra capturar su mensaje en los abruptos monólogos de Buckley con movimientos bruscos y violentos.

Cabe recalcar que Bale hace un Frankenstein hilarante, dulce, pensativo, a veces un poco tímido y modesto, pero con emociones casi tan fuertes como la de su compañera. Sus deseos de una vida plena, amor y expresión abierta son un diferenciador interesante en la interpretación de Bale. El arte del cine mismo es su pasión, y La Novia su detonante, encontramos en este Frankenstein a un monstruo que ríe, disfruta, protege y clama por más de lo que acaba de encontrar: el amor de La Novia (no “su”).

Sí, La Novia es fuerte, ruidosa, intimidante y dice mil palabras a la vez en sus rápidos monólogos empujados por las decenas de voces de mujeres que la “poseen”, rogando por la libertad de sus últimas palabras, las que no pudieron decir antes de sufrir violencia por parte de algún hombre o varios. “Las siento aquí”, grita La Novia, con una mancha negra en la boca y un vestido que asemeja las brasas de un fuego vivo, “y las muertas tienen algo que decir”.

Si amas los monólogos o los discursos que te dejan la piel de gallina, Gyllenhaal se ha encargado de que hayan suficientes para hacernos encender la misma llama que La Novia lleva dentro de sí: de lucha, justicia, libertad, y hasta un toque de sensualidad. Frank y La Novia corren tomados de las manos por las calles de Nueva York, ignorando las sirenas policiales que los persiguen y, con arma en mano, distribuyen balazos que no logran rozarlos.

La Novia se sostiene por sí misma, como un monumento a las mujeres silenciadas y a las que busca vengar.

En sus mejores momentos, ‘La Novia’ es un retrato de una mujer que no pretender estar a la sombra de un “de tal”, sino que rasga sus vestidos con tal de ser únicamente ella quien decida su futuro, dejando atrás su pasado (pese a no tener idea de quién realmente es). El amor entre ambos deja pequeños fuegos por donde pisan a lo largo de Estados Unidos, despertando el interés de los detectives Myrna Mallow (Penélope Cruz) y Jake Wiles (Peter Sarsgaard), quienes inyectan su propio sabor a Sherlock Holmes en medio de los momentos más desenfrenados de La Novia y Frank.

Con un diseño y una coreografía meticulosos, ‘La Novia’ no aborda con cortesía la violencia que retrata. Es gráfica, incómoda, excéntrica y a veces repetitiva para dejar su punto bien marcado. Si bien esa actitud crea un temperamento constantemente inquieto, estridente y a menudo descaradamente sexy, se buscan momentos de tranquilidad a lo largo de la cinta. Pero, Gyllenhaal ha imaginado un mundo donde todo es exaltado y maximalista, empezando por La Novia y su vestido naranja estridente, cabello explosivo y rubio, labios eternamente negros por su regreso al plano terrenal.

Gyllenhaal nos arrastra a un mundo que no pide perdón, no le interesa el bienestar y está contento con su propia supervivencia. La revolución femenina en pro del mensaje de La Novia es un paralelo directo con nuestra realidad, haciendo de Buckley un ícono más de la narrativa que da lugar a las mujeres ruidosas y “molestas” para decir lo que tengan que decir, sin que el gato les coma la lengua. Así, ‘La Novia’ se posiciona como una cinta sobre sí misma, sin necesidad de apoyarse enteramente en Frankenstein, sino como quien sabe exactamente lo que busca y hará arder el mundo para obtenerlo.

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