Malvinas: el sueño de recuperarlas

  • 26/04/2026 00:00
El escritor Eduardo Sacheri retoma el sueño argentino por recuperar las Islas Malvinas en Demasiado lejos, novela que presentará en mayo en Panamá

Para Eduardo Sacheri (Argentina, 1967), en Argentina durante el siglo XX y lo que va de esta centuria, “las Islas Malvinas son un territorio largamente reclamado, un deseo casi mítico de reparación”.

El escritor quiso hablar de la Guerra de las Malvinas desde la ficción en Demasiado lejos, novela que presentará en Panamá en el mes de mayo.

Es complicado narrar sobre un conflicto bélico, en particular cuando esta contienda la perdió su país y el Reino Unido consolidó su presencia en este territorio, que está a 500 kilómetros de las costas argentinas.

Complejo el asunto, porque este hecho, ocurrido en 1982, en el medio había a una dictadura militar argentina “que fue muy sangrienta y muy conocida en el mundo precisamente por su salvajismo”.

“Una guerra que, sin embargo, contó con un enorme apoyo popular. Y aunque la población argentina no sentía ninguna simpatía por esa dictadura, esta cuestión nacional de recuperar las islas sobrevoló por encima de cualquier obstáculo y el apoyo fue casi completo”, explica durante un conversatorio digital organizado por Centroamérica Cuenta, festival que retorna al istmo del 18 al 23 de mayo de la mano del Ministerio de Cultura.

Por eso, le resultaba interesante regresar a ese momento “a una sociedad dispuesta a perdonarlo todo por perseguir un sueño”.

La guerra ocurrió muchos años antes de la internet. “Hoy los soldados subirían fotografías a Instagram o historias a TikTok. La Argentina de aquella época estaba distante de comprender lo que pasaba. La guerra fue un relato que nos llegaba a través de pocos medios de comunicación. Era 1982, había unos pocos canales de televisión y emisoras de radio, todo controlado por el gobierno militar, y unos pocos diarios, periódicos y revistas. En la Argentina se construyó una mirada sobre la guerra que nada tenía que ver con la realidad”.

Esa mirada, durante los 74 días que duró la contienda, fue triunfalista. “La sociedad argentina estaba convencida de que la guerra se estaba ganando, de que estábamos derrotando a los británicos, y se construyó la idea que era una suerte de guerras sin muertos”.

Fue una confrontación distante porque Argentina no sufrió bombardeos, ni privaciones alimentarias o sanitarias. “Nada de lo que implicaba la guerra impactó nuestros cuerpos. Y eso contribuyó que nos formáramos una visión completamente equivocada de la guerra hasta el final. Fue una guerra cuyos alcances y cuyo dramatismo no comprendimos hasta que fue demasiado tarde”.

Las voces más representadas en Demasiado lejos son la de aquellos hombres y mujeres que no tienen la última palabra. “A mí me interesa más la gente común. Esta novela en particular, por su temática y su ambientación, podía prestarse a poner en primer plano a figuras históricas como el teniente general Leopoldo Galtieri, el dictador argentino que ordenó el desembarco militar en las Malvinas, o Margaret Thatcher, la primera ministra británica que está en el poder en el momento del desembarco y que reacciona con la guerra”.

“Para asomarnos, yo como escritor y ustedes como lectores, en lo que sucede en la Casa de Gobierno elijo un mozo, un cocinero, una secretaria y cuatro parroquianos de un bar”, comentó el autor de guiones basados en sus propias novelas como El secreto de sus ojos y La odisea de los giles.

Fútbol

Desde hace más de 40 años, Argentina opera más o menos igual, salvo dos cosas que en su país tienen capacidad identitaria: las Islas Malvinas y la selección de fútbol. “Con el agregado de que a nuestra selección le va bien; es decir, esta profunda entrega sentimental es retribuida por el triunfo, a diferencia de lo sucedió en Malvinas”.

La hinchada argentina de fútbol es famosa porque canta dentro y fuera de los estadios. Pasó algo durante el Mundial de Qatar 2022, que Argentina terminó ganando: “se puso muy de moda un canto de fútbol que tenía que ver con Diego Maradona y Lionel Messi, naturalmente, nuestros ídolos absolutos, míticos, maravillosos. Y había una sola referencia por fuera del fútbol: hablaba de los pibes de Malvinas, que jamás olvidaré. Yo cuando lo escuchaba -que ya estaba planificando esta novela- no podía dejar de notar esto: cómo esos dos temas, aparentemente no vinculados entre sí, constituyen las señas de identidad colectiva más rotundas de la sociedad argentina”.

Tres meses

Demasiado lejos ocurre de abril a junio de 1982. “Me interesaba señalar los cambios sentimentales colectivos que se producían a lo largo de esos tres meses. Y elijo, para cada una de las tres partes, una palabra definitoria: para abril, euforia; para mayo, inquietud, y para junio, desolación. Porque relata lo que viven los personajes y lo que vivimos en general los argentinos durante esos meses”.

Para abril no hay preocupaciones. “No hay, en la sociedad, ni en el gobierno, conciencia de que Argentina se encamina a una guerra contra Gran Bretaña. Hay una idea de que teníamos derecho a recuperar las islas y las recuperamos sin matar a ningún británico; por lo tanto, el mundo comprendería nuestro reclamo y esto terminaba acá. Visto desde el presente, no hay modo de que termine así: los argentinos acaban de desafiar al imperio británico y no hay modo de que esto termine con un simple acuerdo en Naciones Unidas”.

Luego, la sociedad argentina transforma su euforia en inquietud. “Muy rápidamente nos decimos: ‘bueno, habrá que pelear la guerra’. Y mirarlo desde la actualidad suena como un razonamiento un poco frívolo, porque no éramos nosotros, los que estábamos en Buenos Aires, los que íbamos a pelear la guerra. Los que iban a arriesgar la vida eran los soldados que estaban en las islas”.

El 14 de junio se produce la derrota final. “Y elijo ‘desolación’ para esta tercera parte, porque la Argentina quedó en una súbita desolación. Pasamos de la confianza, la seguridad y el triunfalismo a la más incrédula de las reacciones”.

Y después vino el silencio. “Yo tenía 14 años cuando se produjo la guerra de Malvinas y una de mis nociones más fuertes fue, de repente, de un día para otro, no volvimos a hablar más de esto”.

Escribió Demasiado lejos para hablar del tema. “Sí, está bueno conversar sobre lo que no solemos conversar. Me parece que los seres humanos a veces nos defendemos con el silencio de los temas que nos resultan incómodos, porque la guerra de las Malvinas nos deja en mal lugar a nosotros”.

¿Es posible algún acuerdo entre Inglaterra y Argentina sobre las Malvinas? “Tengo que dividir muy claramente lo que deseo con lo que creo y con lo que pienso que va a pasar. Mi deseo sí es que las Islas Malvinas formen parte de nuevo del territorio argentino, por un montón de motivos, pero, sobre todo, por esos 649 soldados muertos en 1982. Pero si tengo que moverme como una persona adulta y racional, debo decir que veo muy, muy difícil que eso ocurra, no sólo por la posición de los británicos, sino también por la posición de los isleños”.

Las Malvinas no es un espacio colonial tradicional, indica. “Sus habitantes reclaman y desean ser parte de la metrópoli británica. De hecho, son ciudadanos británicos. Eso le da un estatus muy particular y complejo a las Malvinas. Argentina reclama este territorio, pero los habitantes de las islas no desean formar parte del Estado argentino. Y eso lo vuelve extremadamente difícil”.

Lo Nuevo