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- 21/08/2025 11:18
Maryorie Joudry ha convertido una preocupación ambiental en una plataforma de impacto social y educativo en Panamá. Como presidenta de la Fundación Botellas de Amor Panamá, lidera una iniciativa que transforma plásticos de un solo uso en madera plástica, material utilizado para construir parques infantiles, mobiliario urbano y otras infraestructuras en comunidades vulnerables.
Desde su llegada al país, el proyecto no solo ha promovido el reciclaje de plásticos flexibles, aquellos que rara vez ingresan a los sistemas tradicionales, sino que también ha impulsado un cambio de conciencia en torno al manejo de residuos, la economía circular y la sostenibilidad. Bajo su liderazgo, la fundación trajo la primera planta de procesamiento de este tipo a Panamá, apostando por educar, recolectar y transformar localmente.
En esta edición de Mía Voces Activas, Maryorie Joudry comparte los retos, aprendizajes y motivaciones detrás de un movimiento que demuestra que la transformación ambiental también puede generar transformación social.
Llega porque vimos la necesidad de no solo apuntar a enviar el material recolectado a recicladoras sino de sumar como marca país y asumir el reto de educar, recolectar y transformar en Panama, somos la primera ONG en Panama en traer una planta de reciclaje y a través de ella generar aporte sociales y ambientales en nivel País.
Hoy hemos desviado más de 60 toneladas de plástico que no terminaron contaminando nuestros mares ni vertederos, pero el impacto más profundo no está solo en esa cifra, sino en las vidas que hemos tocado: hemos construido parques, mobiliario y puentes en comunidades donde nunca había existido un espacio seguro para jugar o convivir, beneficiando a más de 20,000 personas; ver a los niños correr, reír y apropiarse de un parque que antes no tenían, en entornos marcados por el riesgo social, nos recuerda que transformar plástico es también transformar realidades, devolver dignidad a los espacios y sembrar esperanza donde antes había abandono.
A través de Botellas de Amor procesamos prácticamente todos los plásticos de un solo uso, especialmente plásticos flexibles como bolsas, empaques y envoltorios que normalmente no tienen un sistema de reciclaje tradicional, con excepción del foam (poliestireno expandido) y el PVC, que por sus características técnicas no forman parte de nuestro proceso.
No es necesario lavarlos con agua, pero sí deben estar vacíos y sin restos de producto para evitar contaminación, y aunque no se requiere una fuerza especial para compactarlos, es importante aprovechar bien el espacio dentro de la botella para que contenga la mayor cantidad posible. De esta forma garantizamos eficiencia en la transformación y aseguramos que cada botella realmente se convierta en materia prima para nuevos productos.
La respuesta de los panameños ha sido sumamente receptiva y esperanzadora; cada vez más personas, escuelas y comunidades quieren sumarse, al punto que hoy la demanda supera nuestra capacidad operativa y no contamos aún con la cobertura necesaria para llegar a todos los que nos buscan.
Esto nos confirma que existe una conciencia ambiental creciente y un deseo real de participar, por lo que nuestro llamado es a más empresas y aliados estratégicos a unirse para ampliar el alcance y poder educar a más escuelas y comunidades, así como a mujeres líderes que quieran formar parte de este movimiento y multiplicar el impacto en todo el país.
Uno de los mayores retos ha sido lograr que las personas y empresas no se desmotiven y sigan participando con constancia, porque este proyecto vive del compromiso de todos.
A veces el entusiasmo es muy alto al inicio, pero mantenerlo en el tiempo es lo más difícil. Para mí, el desafío ha sido precisamente ese: no rendirme, seguir tocando puertas y recordarles que cada botella sí hace la diferencia.
Aceptar realmente que en materia de sostenibilidad es una necesidad, no solo hacerlo a nivel de comunicación sino implementarlo como un estilo de vida, ya que en materia de recursos y residuos los niveles son muy altos y debemos como sociedad hacer un cambio en nuestros hábitos.
Inicié este camino en 2019, con 28 años, en una industria dominada por hombres y sin una estructura tradicional que nos respaldara, pero hoy lo que comenzó como una iniciativa es una operación con impacto ambiental y social cuantificable, que desvía residuos plásticos, recupera espacios y genera cambio real en comunidades; para mí, abrir camino ha significado romper paradigmas, cambiar mentalidades y demostrar que la sostenibilidad puede gestionarse con resultados concretos, y aunque somos un equipo joven, sin una junta directiva histórica, hemos logrado ser reconocidos por grandes organizaciones, con la meta clara de convertirnos en la planta de procesamiento más estructurada y tecnológicamente avanzada del país, y a otras mujeres les diría que no esperen validación para liderar, porque cuando el propósito es firme y el trabajo consistente, el impacto habla por sí solo.
Maryorie Joudry demuestra que la sostenibilidad no es solo un concepto, sino una práctica diaria capaz de generar cambios reales.