Guillermina De Gracia: 'Hay que aprender a apropiarse del patrimonio, difundirlo y protegerlo'

La antropóloga e investigadora habla, entre otras cosas, de la importancia de conocer y entender nuestro patrimonio como una clave para poder conservarlo
Guillermina De Gracia, durante la entrevista con 'La Estrella de Panamá'

Guillermina-Itzel De Gracia ( Penonomé . 1978) es una mujer que habla de cosas que conoce muy bien, pero que pocas veces ha expresado en voz alta. Ese pudor la hace más admirable.

En un viernes lluvioso, a golpe de 11:00 de la mañana, nos recibe en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero R, un espacio que se ha convertido en su lugar predilecto. Allí hurga, sin cansancio, para luego transmitir y registrar eso que nos ha hecho patria, vida, humanos...

En su hoja de vida se desborda la academia y la experiencia, estudios que obtuvo gracias a las becas obtenidas de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación y el Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos.

“Soy una persona del interior que no tenía recursos para llegar a ser doctora, y gracias a mi familia, mis docentes y a las becas, aquí estoy”, dice. Guillermina es antropóloga egresada de la Universidad de Panamá, museóloga por la Universidad de Valladolid, España, e investigadora. Fundadora de la Asociación de Antropología e Historia de Panamá. Ha sido subdirectora de la Dirección Nacional del Patrimonio del Instituto Nacional de Cultura de Panamá; egresada del doctorado de Sociedad y Cultura de la Universidad de Barcelona (España); profesora de historia de la Quality Leadership University Panamá. Ha trabajado como consultora para el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales de Panamá y el Banco Interamericano de Desarrollo.

Esto y más es Guillermina. Pero también es autenticidad, sensatez y jovialidad. Es sencillísima. Su sonrisa, que rápidamente se convierte en carcajada, hace que cualquier conversación sea divertida, interesante... Es de esas personas con quien puedes salir a tomar un café para que se gesten buenas ideas...

Parece que la historia, bien contada, es el antídoto para acercarnos a lo nuestro, para defenderlo y contarlo. ¿Qué hacer para que nuestro patrimonio sea contante y sonante? Guillermina conoce la respuesta: solo hay que conocer bien lo que hemos heredado. En un mundo de miopía cultural e histórica hay gente dispuesta a regalar los anteojos para entender, observar, difundir y conservar nuestra ascendencia.

¿De dónde viene Guillermina?

Soy cédula 2, de Río Grande, un pueblo cerca de Penonomé. Tengo muy buenos recuerdos de mi infancia, pero quizás el más vívido es los veranos que pasé en el río, sembrando cebolla y cosechando tomate. Era lo normal que se hacía en el campo, no hace tanto tiempo. Aprendí a trabajar desde pequeña.

¿Qué me dice de su madre? ¿Cuánto ha influido en su andar?

(Suspira) Mi madre era una convencida de que la educación era buena, aunque solo llegó hasta sexto grado. Siendo madre soltera, con siete hijos, logró educarnos hasta donde pudo. Recuerdo muchas cosas de ella, pero si hay una frase que siempre me ha llamado la atención es que nos decía que “estudiáramos y no metiéramos la pata”. ¡Grandes enseñanzas!

Cuénteme sobre el quehacer antropológico en un mundo acelerado...

Gracias a la antropología tenemos las herramientas necesarias para entender y explicar que somos seres humanos diversos y que la cultura no es estática, por ejemplo.

Los antropólogos somos los científicos que nos dedicamos al estudio de la diversidad cultural, desde todos sus aspectos. Es una especialidad que nos gusta decir mucho. Somos holísticos. El quehacer antropológico tiene más vigencia. En Panamá estamos experimentando nuevos territorios más allá de lo académico. Hay proyectos de difusión cultural. Estamos avanzando.

La antropología es la ciencia que estudia al ser humano y su relación con el entorno. Sirve para aprender a conocernos y explicar cómo interactuamos con nuestro entorno cultural.

¿Cuán importante es la educación patrimonial?

La educación para mí es lo más importante, y dar a conocer el patrimonio de forma amena es vital para alcanzar una población diversa. Ese es el reto y la importancia de la educación patrimonial, que llegue a todos.

Hablando de patrimonio, hace unos días el alcalde de Colón, Alex Lee, y el diputado Jairo Salazar demolieron un caserón en el Casco Antiguo de esa ciudad. La semana pasada sucedió lo mismo con la histórica casa Maal. Argumentaron deterioro y peligro para los residentes, ¿qué opinión le merece esta decisión?

¿Por qué queremos tumbarlo? Esa es la pregunta que me hago. Por qué esa persona dice: 'Tengo que tumbarlo', porque no me representa. ¿Quiénes son los que están defendiendo ese patrimonio? Es muy complejo el análisis cuando el tema es la protección y difusión. Porque restauramos, rescatamos, pero cuando difundimos, ¿cómo lo hacemos?.

Lo que debemos tener en cuenta es cómo yo protejo ese patrimonio, y también lo tengo que enseñar. A veces nos quedamos en protegerlo, pero no lo enseñamos, entonces nadie lo conoce. Y de repente nos llega alguien y nos dice: 'Bueno, esto hay que tumbarlo' y vas a encontrar gente que lo apoye porque está feo, porque es viejo, pero no sabe qué historia tuvo y por qué está ahí o por qué se declaró patrimonio.

El patrimonio te tiene que permitir una vinculación, sentirlo cerca, no lejos. Lo primero es entender qué heredaste tú en familia. Entender qué te puedo dejar yo como patrimonio. Hay que entender que te lo dejo a ti, pero tú lo tienes que dejar para tus hijos.

Me decía la escritora Consuelo Tomás que 'en Panamá la cultura ha sido siempre la última de la fila'. ¿Apoya esta premisa?

Es culpa de nosotros, estamos hablando siempre entre nosotros. Me alegra esta oportunidad de llegar a otros públicos. Llegar a otros públicos no es fácil. Nosotros siempre nos quedamos entre nosotros, en los congresos, en la academia. Tenemos que salir. Nosotros debemos comenzar a salir y acercar el patrimonio a todos, y aquí entro yo con el trabajo que hago en educación patrimonial. Tienes que aprender a apropiarte de ese patrimonio, esa es la finalidad: que conozcas, te apropies, lo difundas y lo protejas.

En su faceta como museóloga, ¿cómo están los museos estatales en estos tiempos? ¿Cuántos museos hacen falta en Panamá?

Los museos estatales se encuentran en una etapa de transformación originada por la nueva Ley de Cultura. Me gustaría que volviera a existir un museo nacional de Panamá y que se crease un museo regional en Colón. Creo que ambos podrían ayudar a proteger y difundir más nuestro patrimonio cultural.

¿Cómo acercamos a los museos al público más joven?

Saliendo de los museos, llegando a la calle, a los centros comerciales, a las escuelas y a internet. Debemos tener claro que existen diferentes públicos, diferentes lenguajes y formas de dar a conocer el patrimonio.

¿Qué tan importante es el rigor en las investigaciones?

Más importante es la ética y ahí es donde estriba la dificultad, debemos ser consecuentes y coherentes con todo lo que hacemos y cómo lo hacemos en cualquier aspecto de la vida. Si tenemos ética podremos ser rigurosos en nuestra labor diaria.

¿Cuánto conocimiento se necesita para disfrutar de la historia?

Creo que contar con el conocimiento es importante, pero más lo es tener emoción y curiosidad cuando uno aprende o enseña historia. Sin emoción no hay aprendizaje.

Si tuviéramos que rescatar un episodio histórico para afianzar nuestra identidad, ¿cuál sería?

Existe evidencia de poblamiento continuo en este territorio. Desde hace más de 11 mil años hay gente viviendo aquí. Debemos estudiar más la arqueología panameña y conocer lo que había antes de que llegaran los españoles.

¿Nos puede contar algo de su investigación actual en Panamá y sobre la vinculación que tiene su trabajo en la cultura panameña?

Desde siempre me han interesado la historia, el patrimonio cultural y los museos. Con el paso de los años me he ido especializando en la difusión del patrimonio cultural. Me gustaría utilizar la educación patrimonial para que en Panamá conozcamos mejor lo que tenemos, porque está demostrado que solamente se protege lo que se conoce.

Una de sus últimas investigaciones es sobre Natá de los Caballeros, ¿por qué poner el foco allí?

Porque estudié parte de mi educación secundaria en el colegio Mariano Prados de Natá. Recuerdo que mi familia y mis profesores siempre decían que allí había mucha historia. Y es cierto que la hay. Debemos mirar más hacia el pasado de las provincias.

Vivimos tiempos raros y duros, la historia de la humanidad está atravesada por pestes, plagas y pandemias. ¿En qué se diferencia nuestra realidad a las anteriores?

En la inmediatez. Hay mucho más acceso a la información. Lo que pasó antes no lo sabemos, o lo conocemos solo por lo que nos llegó a través de los libros. Tengo curiosidad sobre cómo se recordará todo esto en unos cuantos años.

Hablando de equidad, ¿qué piensa sobre la ebullición del movimiento feminista?

Hay que seguir trabajando mucho y propiciar la creación de más espacios donde se dé a conocer el trabajo que realizan las científicas en nuestro país, por ejemplo.

Por último tres preguntas para saber más de Guillermina que al fin y al cabo es nuestra intención en este espacio: mujeres que aportan a nuestra sociedad...

(Sonríe)

Un lugar que nunca abandonará.

Dice Rubén Blades que “todos vuelven a la tierra en que nacieron”. Me gusta pensar en que algún día volveré a Río Grande.

Una música que reivindique lo que somos.

El regué dance hall, el reguetón (que nació en Panamá), el haitiano, el merengue y sobre todo, la salsa.

Una imagen que defina lo que piensa de Panamá.

El amanecer, el despertar de sus calles, la gente madrugando desde temprano para acudir a su trabajo o buscarse la vida. Panamá es un pueblo de gente trabajadora.

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