Silvia Quezada: 'Es triste que una mujer que haya vivido de las palabras muera en el más absoluto silencio'

Para la escritora mexicana Silvia Quezada, escribir sobre hechos verdaderos ha sido su herramienta más poderosa en la literatura. Tal es el caso de Rebeca Uribe, la historia que dibuja en 'Habitaciones Furtivas'
La escritora Silvia Quezada publicó su primera novela 'Habitaciones furtivas'

Silvia Quezada es una escritora mexicana que se define a sí misma como una apasionada por la lectura. Visitó Panamá a propósito de la Feria Internacional del Libro, en la que presentó su primera novela, Habitaciones furtivas. Contó que ha venido al país en 11 ocasiones, interesada en los poetas y narradores panameños, además, según sus palabras, a “establecer un contacto directo con la cultura universitaria”.

Nació en la ciudad de Guadalajara, es licenciada en letras, tiene una maestría en literatura mexicana y un doctorado en humanidades y artes. Es catedrática de la Universidad de Guadalajara, directora de la revista Ahuehuete y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. También, es especialista en literatura hispanoamericana, basando su investigación en la narrativa panameña y las letras mexicanas.

Desde los ocho años de edad se ha dedicado a la escritura. En una conversación con La Estrella de Panamá, relató que en su infancia escribía cuentos fantasiosos; recordó que el primero se llamó 'El gorro volador del brujo', lo repartía entre sus amigos con dibujos personales y una caligrafía muy cuidada. Ya de adulta se ocupó del periodismo cultural en algunos diarios y revistas especializadas en México, pero la vida la llevó luego a la televisión, la radio y más tarde a la escritura de ficción.

Pasó de escribir cuentos infantiles a su primera novela sobre hechos reales. Habitaciones furtivas es el resultado de más de 20 años de investigación sobre la vida de la poetisa Rebeca Uribe, cuyos libros llegaron a la vida de Quezada por casualidad y la motivaron a investigar sobre la misteriosa muerte de la artista.

Pasó de escribir cuentos infantiles a novelas, ¿por qué?

Comencé a escribir cuentos infantiles porque tenía dos hijas pequeñas con quienes había que conversar, había que acercarse de alguna manera para entenderlas y armonizar el escaso tiempo que teníamos, yo con mi trabajo y ellas con sus estudios, pero el cuento, la crónica, la leyenda, fueron siempre un vehículo importante para establecer un vínculo.

Comencé a ver cuáles eran sus preocupaciones y entonces empecé a escribir cuentos infantiles. Con el crecimiento de ellas mismas, llegó la necesidad de abordar otros temas, y entonces me fui al ensayo literario; mis estudios también fueron creciendo a la par de mi vida como mamá.

Entonces, me dediqué al ensayo literario; publiqué 19 libros de corte universitario y de pronto me di cuenta de que los trabajos científicos tenían un público muy selecto, especializado y a mí me interesaba llegar a la gente como yo, más común, que pudiera enterarse de un nuevo tópico a través de lo que yo escribía.

Me fui hacia el cuento en torno a la condición de la mujer latinoamericana, lo que a todas nosotras se nos cruza en nuestra vida, la opresión, la sumisión, pero también el orgullo y el éxito de cuando uno ingresa a la universidad y comienza a tener otros conocimientos, otros saberes, hasta que me di cuenta de que por medio de la novela podía acercarme a ese público que no había tocado.

'Habitaciones furtivas' es el resultado de una investigación de más de 20 años, cuéntenos sobre ese proceso.

La vida me llevó a encontrarme con la poeta Rebeca Uribe, quien había trabajado durante cinco años con la actriz María Félix. Cuando me divorcié, alquilé una vivienda y ahí encontré libros viejos y roídos por ratas; al leerlos sentí empatía, me identifiqué con los versos, recuerdo perfectamente uno que decía: “mi tristeza es ceniza que cae gris de lluvia, que opaca la acuarela de mi cara, máscaras sin fortuna”, así de triste me sentía.

Cuando me reintegré a mi trabajo empecé a preguntarle a los compañeros si sabían quién era Rebeca Uribe y nadie la conocía. Ella murió en 1949 y algo sucedió con su obra; los seis libros que publicó habían desaparecido, no estaban más en las bibliotecas ni en librerías, se hizo un archivo cerrado de toda su documentación porque había muerto misteriosamente.

Luego, gracias a los periódicos, descubrí lo que había ocurrido con la muerte de ella y cómo las muchas versiones hacían que aquello se convirtiera en interesante, porque un diario podía señalar que había muerto por una sobredosis, otro insistía en que había llegado a ese motel acompañada de otra mujer. Me interesé por la biografía, pero sobre todo por la obra, ¿dónde estaban esos libros? Visité muchos países buscando información.

En otra entrevista usted dijo: “Qué tristeza que una mujer que vivía de las palabras, no tuviera unas pocas para decir qué le pasó”. ¿Nos puede adelantar algo, sin 'spoiler', sobre qué le pasó a Rebeca Uribe?

Claro que sí, la novela aborda un feminicidio, nos hace ver que han pasado ya más de 70 años y las condiciones no han cambiado; seguimos teniendo tristes noticias cada mañana al abrir el diario de lo que sucede con otras mujeres. Es muy triste que una mujer que haya vivido de las palabras, muera en el más absoluto silencio. Esta novela de 140 páginas narra dos realidades, la de una profesora e investigadora, y la realidad de la poeta fallecida en circunstancias misteriosas.

A su criterio, ¿la literatura podría usarse como voz para denunciar hechos reales? Como la desaparición de las mujeres en los países, por ejemplo.

La literatura es una herramienta social importante para hacer reflexionar al ser humano; cuando tú tomas un feminicidio, empiezas a investigar como periodista, y luego un escritor toma el caso y habla de los resortes psicológicos, de los motivos que hicieron salir a esa chica a trabajar y del dolor de la familia. Obviamente la palabra es un vehículo para hacer reflexionar y cambiar a los individuos.

¿Cómo ve el futuro de la literatura?

Se ha hablado mucho de la muerte del libro de papel, cosa en la que no creo, porque veo el placer con que los jóvenes abren un libro, le quitan el celofán, huelen las hojas, se maravillan con este olor del libro nuevo. Además, al ser humano siempre le ha gustado escuchar historias, y mientras estemos en el planeta, vamos a seguir queriendo anécdotas y enseñanzas a través de la literatura.

Los jóvenes que usan su móvil están leyendo todo el tiempo, incluso, pienso que se lee más hoy, claro que no todo es literatura, pero a través de algunos 'tiktoks' o las historias de Instagram la gente se engancha con la información y quiere saber más, por lo que estamos obligados –los escritores– a ingresar a estos nuevos formatos y ofrecer literatura con una brevedad insólita.

¿Qué piensa de los nuevos escritores que surgen de las redes sociales?

Conozco varias personas, muy jovencitas, que comienzan a usar el blog o empiezan a subir notas, y de pronto las editoriales se percatan de que tienen un gran número de seguidores, les acercan a un escritor profesional y publican un primer libro, dos o tres libros y luego hay un silencio absoluto porque la creatividad se fue a dormir a otro sitio o le llegó a otro bloguero. Sin embargo, mientras la palabra se difunda está bien, si ellos creen que son escritores porque publican todos los días en su Facebook, maravilloso, lo importante es que la gente se comunique; la literatura es eso, es un puente de un ser humano a otro.

Para finalizar, nos puede dejar con 5 libros que Silvia Quezada recomienda leer.

Para empezar a leer, uno se debe acercar a Los de abajo de Mariano Azuela, que habla sobre la revolución mexicana y los motivos que llevaron a mis connacionales a buscar un mundo mejor. En esta misma línea pongo a Juan Pérez Jolote de Ricardo Pozas, quien nos acerca al mundo indígena para valorarlo, conocer nuestras raíces y encontrar en ellas todo aquello que desconocemos de nuestra forma de actuar de nuestra propia cultura.

Siempre recomiendo leer una crónica, en el caso mexicano, La relación de Michoacán de Jerónimo de Alcalá, que nos dice cuál es el origen de un plato que se llama pozole o de qué manera se pedía a la novia cuando se estaba enamorado.

También me encanta un libro que se llama Faragual de Carlos Changmarín, porque me habla del espíritu interiorano, me acerco a mis amigos de la zona de Coclé o Chiriquí. He leído este tipo de autores como Justo Arroyo, Rosita Quirós con Florecillas de montaña, por ejemplo, que puede acercar a las niñas a la lectura. Me gusta mucho el trabajo que ha hecho Enrique Jaramillo Levi. Mi autor favorito de Panamá se llama Pedro Rivera, él hace historia, hace crónicas de cine.

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