Panamá: ciudad comercial a finales del siglo XIX

  • 17/01/2026 00:00
El directorio muestra la importancia que tenía las representaciones comerciales de marcas (negocios de importación- exportación), negocios a los que aparecen vinculadas familias como, Boyd, Lewis, Arias, Perigault y Müller, entre otras

La vocación mercantil de la ciudad de Panamá determinó profundamente su arquitectura y urbanismo desde tiempos de la colonia. La tipología de la vivienda de la élite se adaptó a esta necesidad funcional: las plantas bajas se destinaban a tiendas, talleres y almacenes (bodegas) para mercancías, mientras que los pisos superiores servían de residencia. El alquiler de estos espacios era un negocio altamente lucrativo.

El descubrimiento de oro en California en 1848, -y la posterior construcción del ferrocarril transístmico en 1855-, actuaron como catalizadores para la economía de servicios de la ciudad a partir de mediados del siglo XIX. Esta coyuntura transformó a Panamá en un ‘boom town’ cosmopolita donde “corría el dinero y se especulaba con la tierra”, atrayendo una masa migratoria diversa de europeos, norteamericanos y asiáticos.

El ‘Directorio general de la ciudad de Panamá’ (1898, segunda edición), preparado por Francisco Posada, e impreso en los talleres del Star and Herald era una guía comercial con el detalle de negocios, servicios y profesionales liberales existentes. El directorio incluía también datos y reseñas sobre, “historia, geografía, estadísticas, descripciones, biografías y retratos de los hombres prominentes del Estado; itinerarios, guías de toda clase y, hasta enseñanza objetiva, si se quiere, por medio de maps, planos é ilustraciones”.

Este ‘Directorio general’ permite tener una imagen detallada de la situación comercial y urbana de la ciudad justo antes de que se iniciara la ‘Guerra de los mil días’ (1899), de las transformaciones urbanas que se darían con la Separación de Colombia (1903) y el inicio de la construcción del Canal por los norteamericanos (1904). De ahí el valor de esta publicación como fuente documental para entender la ciudad a finales del siglo XIX.

Según se cuenta en este directorio, la ciudad se organizaba en tres grandes barrios: San Felipe (central al Sudeste), Santa Ana (al Oeste) y Calidonia (al Norte y Nordeste). La ciudad tenía 31 carreras, 28 calles y 1,180 casas, además de dos plazas -la de Armas y la de Herrera-, y tres parques, el de la Catedral, el de Bolívar y el de Santa Ana. A esa fecha la ciudad contabilizaba una población 18,378 habitantes.

En lo que se refiere a infraestructura de comunicaciones, la ciudad de Panamá contaba con empresas de tranvías, de energía eléctrica, teléfono, cable submarino, además del ferrocarril y los servicios de vapores. En el caso del tranvía, por ejemplo, este era administrado por la United Electric Tranways Co. Limited, (...). Sus oficinas y talleres se ubicaban en la calle de las Carretas (actual calle 16 este), y este funcionaba entre la estación del ferrocarril y la plaza de Chiriquí.

La Compañía de Luz Eléctrica operaba desde la carrera de Córdoba (actual 3ª este), mientras que Ernesto J. Lefebre dirigía el servicio telefónico desde la calle de Mosquera. El cable submarino era operado por la Central and South American Telegraph Co., ubicada en la carrera de Caldas (actual Ave. A), y la West Indian & Panama Telegraph Company, establecida en el Consulado Británico, (carrera de Santander). Este servicio de cable tenía entre sus usuarios principales en aquella época, a La Estrella de Panamá.

Los comercios de la ciudad de Panamá: tipología, distribución y propietarios

Tomando como base el mencionado ‘Directorio general de la ciudad de Panamá’ (1898), se extrajeron datos que permiten dar una descripción bastante detallada de la tipología y distribución de los negocios a finales del siglo XIX. A continuación, una breve reseña de los hallazgos de este análisis.

Según este directorio, existían unos 525 negocios en la ciudad de Panamá, los cuales se concentraban principalmente en: la carrera de Girardot (actual calle 8ª) con 45 negocios (8.3%), seguida por la carrera de Páez (actual 3ª este) con 43 (7.9%) y la carrera de Bolívar (actual Ave. Central) con 39 (7.2%). Detrás se ubican la carrera del Istmo con 27 (5.0%) y la carrera de la Constitución (actual parte de la Ave. Central), con 24 (4.4%), configurando un ‘esqueleto’ principal del comercio urbano.

En otras palabras, las denominadas en ese entonces, carreras de Bolívar, Istmo y Constitución, -actual Ave. Central-, articulaban un corredor comercial que iba de la actual Salsipuedes hasta la plaza Catedral. Mientras que la carrera de Giradort, -hoy calla 8ª este-, servía de eje transversal que unía el sector del mercado y la Presidencia al norte, con la Iglesia de San José al sur del Casco Antiguo.

Existían también en aquella época calles en las que se concentraban cierto tipo de negocios. Así, por ejemplo, en la carrera Páez dominaba con claridad las agencias de publicación, con 18 negocios (41.9%), en carrera del Istmo se concentraban las zapaterías con 8 (29.6%), en la carrera de Coclé (calle 19 oeste) las lavanderías sumaban 6 (27.3%), y en la carrera de Chiriquí destacan las sederías chinas con 7 (36.8%).

Entre los datos curiosos encontrados en este directorio general, destaca la presencia de negocios de familias de la comunidad china, quienes aparecen como propietarios de sederías chinas (7), lavanderías (4), fondas (3) y una botica. Su localización se concentra de manera muy marcada en la Carrera de Chiriquí, -actual calle 13 este o Salsipuedes-, que reunía 13 negocios, sugiriendo un corredor específico donde se aglomeraba una parte importante del comercio bajo control de esta comunidad en 1898.

El directorio muestra también la importancia que tenía las representaciones comerciales de marcas (negocios de importación- exportación), negocios a los que aparecen vinculadas familias como, Boyd, Lewis, Arias, Perigault y Müller, entre otras. La vocación de ciudad puerto se ve reflejada también en la diversidad y número de negocios relacionados con la banca, cambio de moneda, seguros en general y seguros marítimos en específico.

En lo que se refiere al consumo local es curioso encontrar que existía para aquellas fechas una diversidad de negocios relacionados con el vestir y arreglo personal como lo eran, las sastrerías (45), zapaterías (37), peluquerías (16), lavanderías (9), y relojerías (7). La ciudad de Panamá destacaba también por tener agencias de representación de publicaciones como diarios y revistas de otros países (25), una gran parte estas bajo el control de Mora Hermanos & Co., empresa importadora localizada en la carrera de Páez.

Este ‘Directorio general’ sintetiza de forma bastante clara el grado en que la ciudad de Panamá se encontraba inmersa en el tejido de ‘la primera globalización (1870-1914)’, época en la que predominaba en el mundo el avance de la industrialización a través de los nuevos medios de transporte (ferrocarril, tranvía, vapores), comunicaciones (telégrafo, teléfono) y nuevas formas comercio y consumo. Es también un testimonio sobre quiénes podían usufructuar de la ciudad y su privilegiada posición en el globo.

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