El primer recorrido de prueba del monorriel, desde Patio y Talleres hasta Ciudad del Futuro, se registró la tarde del lunes 13 de abril, con esta prueba...
- 08/12/2010 01:00
PANAMÁ. No es nada nuevo, pero cada día es más frecuente ver recorrer a unas criaturas de larga cola peluda, cuerpo esbelto, dientes afilados y ojos brillantes en los predios de la Universidad Nacional de Panamá.
Es un grupo de ardillas grises que no van a estudiar para ampliar sus horizontes. Pero, los roedores son más disciplinados que los estudiantes. Son los primeros en llegar y los últimos en retirarse. ¡Claro! Ellas no tienen que enfrentarse a los tediosos tranques vehiculares ni a las incómodas protestas de Eladio Fernández. Ellas viven allí, en los árboles, así que, no tienen excusas para faltar.
Al cruzarse en las vías interfieren en el tráfico; sin embargo, no provocan las tradicionales revueltas de los grupos políticos universitarios en la vía Transístmica. Ellas nunca caen detenidas, porque no lanzan piedras ni palos a los agentes del orden público y mucho menos fabrican bombas molotov. Siempre hacen lo que les corresponde: comen semillas, las trasladan de un lado a otro y hasta se comen los huevos de los talingos. La travesura puede salirle cara. Los pájaros las corretean sin piedad para ‘pelarles’ la cola.
Aunque forman parte de la población universitaria, no votarán para elegir al próximo rector de la primera casa de Méndez Pereira. Lógico, no están inscritas en el padrón electoral. Pero, de seguro serán observadores discretas e imparciales.
Muchos de estos animalitos son testigos mudos de la llegada de los estudiantes eternos y su paso por diferentes carreras. Las hay de diversas clases sociales. En el campus se encuentran las de clase alta, ‘las yeyés’. Y en la parte de atrás de Comunicación Social, las de clase media. Las que desde la cerca deben haber disfrutado de las murgas y los tamboritos de los jubilados. Con la cantidad de marchas y protestas de las que han sido testigos hasta podrían llegar a ser experimentadas reporteras. Lástima que ellas no hablan como ‘Alvin y sus ardillas’ y como están las cosas, hasta sordas pueden quedar con el ruido de los buses de ruta.
Los roedores son parte de la belleza paisajística que ronda a la universidad según el ecólogo de la Fundación Natura, Elvin Britton. Los estudiantes y hasta los profesores disfrutan de sus travesuras y su presencia.
Han sobrevivido en la urbe pese a la pérdida de su hogar: los árboles, porque no tienen enemigos naturales en esta área. Pero, esto no quiere decir que no enfrentan necesidades y riesgos. Hay algunas que - literalmente - se comen un cable por la falta de alimentos, causándole grandes pérdidas a las empresas telefónicas, explicó el especialista, quien admite que las adorables criaturas pueden volverse exigentes y tra viesas.