El terremoto fragmentó un glaciar en Christchurch

NUEVA ZELANDA. Un grupo de turistas que navega por el lago Tasman, ubicado en Christchurch, vivieron la aventura de su vida luego de que...

NUEVA ZELANDA. Un grupo de turistas que navega por el lago Tasman, ubicado en Christchurch, vivieron la aventura de su vida luego de que un trozo de hielo de 30 millones de toneladas se desplomo en el agua, tras la sacudida de un terremoto de 6.3° registrado el martes en esta ciudad neozelandesa, según una publicación del sitio electrónico de la BBC Mundo.com.

Sonó como un disparo de un fusil y luego se produjo un intenso oleaje, contó uno de los testigos, que al momento del seísmo se encontraba cerca del glaciar de Tasman, que queda a 200 kilómetros de Christchurch.

El fragmento de iceberg que se rompió mide 1.2 kilómetros de largo, 75 m de ancho y 335 m de altura, del Tasman ubicado en el Parque Nacional Aoraki Mount Cook es el tercer desprendimiento más grande ocurrido en los últimos cuarenta años en este glaciar.

Denis Callesen, director de un centro turístico ubicado en este patrimonio de Nueva Zelanda, dijo a la BBC Mundo que las lluvias habían hecho vulnerable la masa de hielo; sin embargo, aunque se sabía que un día se desprendería, lo ocurrido

sorprendió a todos.

Los testigos del incidente cuentan que experimentaron un movimiento de un lado a otro durante aproximadamente un minuto. Segundos más tarde, lo volvieron a sentir, seguido a este escucharon el estrepitoso ruido de la caída del trozo de hielo. Para ellos no hay duda que fue el terremoto el detonante que provocó el desprendimiento; sin embargo, el departamento de Conservación de Nueva Zelanda fue más cauteloso para emitir comentarios. Según ellos, hay que buscar datos que confirmen que el seísmo produjo el desplome.

Hasta el momento se desconoce si la caída del hielo al lago puede tener incidencia en el clima o puede provocar aumento en los niveles del mar por su enorme tamaño.

EMERGENCIA

El movimiento, que probablemente provocó la caída del iceberg, ha dejado hasta el momento 75 víctimas fatales. Otras cien se dan por muertas atrapadas bajo ruinas de un edificio derrumbado en Christchurch. Mientras que cientos de personas aún se encuentran bajo los escombros de los edificios y casas destruidas. Se habla de trescientas personas reportadas como desaparecidas.

Los equipos de socorro trabajan a contrarreloj para localizar personas atrapadas entre los cascotes de los edificios derruidos y en más de una ocasión los médicos se vieron obligados a realizar amputaciones para liberar a los aprisionados.

El jefe policial para la coordinación de los rescates, Rusell Gibson, explicó que se recibían mensajes de texto vía teléfonos móviles de víctimas que bajo los escombros pedían auxilio. El primer ministro, John Key, expresó al canal estatal de la televisión neozelandesa que ‘es una situación muy trágica y pasamos por unos momentos de gran agonía’. Las imágenes de la televisión local mostraron cómo un equipo de socorristas rescataba a una mujer herida de las ruinas del edificio de oficinas llamado PGG, después de que hubiera alertado de su situación mediante un mensaje enviado desde su teléfono celular. El toque de queda anunciado por la Policía entró en vigor al anochecer en la zona central de la ciudad, la más afectada por la sacudida del seísmo.

El director de la Policía, Dave Cliff, dijo a la prensa local que con el toque de queda se perseguía, además de proteger la propiedad, crear un perímetro de seguridad ciudadana dado que había el riesgo algunos de los edificios dañados se derrumbaran de producirse otro terremoto, entre estos el Hotel Grand Chancellor, de 26 plantas.

APOYO INTERNACIONAL

Cientos de trabajadores de rescate extranjeros se unirán el jueves a los exhaustos equipos neozelandeses en una búsqueda cada vez más desesperada de supervivientes del sismo en los devastados edificios del centro de Christchurch en una carrera contra el tiempo.

El devastador terremoto al sur de Nueva Zelanda costará a las aseguradoras unos $12 mil millones en indemnizaciones a las víctimas y gastos por reparaciones, según un informe divulgado ayer por la consultora J.P. Morgan.

De confirmarse el dato, será el segundo desastre natural más costoso de la historia después del seísmo de Northridge (California, EEUU), que en 1994 obligó a las compañías de seguros a desembolsar $20 mil 300 millones.

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