Cientos de familiares y amigos se congregaron en la explanada donde se celebró el Festival Nova, lugar de la mayor masacre dentro de la oleada de ataques...
- 29/09/2009 02:00
A menos de 70 días para la reunión global sobre el cambio climático en Copenhague, es bastante claro que el clima político y el global no coinciden.
Sería de esperar que un problema tan urgente subiera drásticamente la intensidad de la discusión internacional, para lograr respuestas conclusivas o medianamente esperanzadoras, como desea el mundo.
El problema del crecimiento económico y la contaminación es justamente contraintuitivo: los problemas más complejos, han sido resueltos con simpleza y obviedad.
En otras palabras, apuntar a crear una entidad o un reglamento internacional para forzar a los países a contaminar menos, algo como un protocolo de Kioto más serio y unánime, es una respuesta compleja e ineficaz a un problema complejo.
Dos ejemplos sencillos ilustran lo que está en la raíz: las economías funcionan a través de un ciclo constante de producción, consumo y descarte.
Estos tres elementos constituyen el centro de la contaminación que enferma al planeta.
¿Acaso los pueblos originarios o los aborígenes que han vivido en la tierra, (por mucho más tiempo que el capitalismo) no producen, consumen y descartan?
Sí lo hacen, pero la diferencia estriba en que buena parte de su producción no está enfocada en la creación de bienes tangibles, como automóviles o televisores, sino en bienes INTANGIBLES, como los servicios más complejos en nuestras economías de mercado.
Cuando logramos volver más eficientes los procesos de producción de los bienes tangibles, como la producción de alimentos, estamos creando riqueza y limpiando el planeta.
Pero el curso hacia un materialismo irreversible, en nuestras sociedades occidentales, no da muestras de que estemos buscando más énfasis en la producción y el consumo de bienes intangibles.
La razón del cambio indica que tenemos que preguntarnos (por ejemplo) “¿para qué necesito un auto, si puedo utilizar el transporte público?”.
Ese día llegará solamente si antes hay un cambio de conciencia; tener un auto significa prestigio y prestigio significa aceptación social, ergo la lógica se traga a la razón en un parpadeo.
El descarte es también una gran espiral de contradicciones. Todo el tiempo se crea desperdicio en nuestras ciudades y la mayoría de las veces, no se trata solamente de botellas de plástico y latas de refresco, claro que deberíamos encontrar la manera de que la diferenciación de los productos no sea por su “facilidad de descarte” o “empaque conveniente”, a menos que sean de papel.
Segundo ejemplo: La riqueza se crea por la participación de todos, y un individuo que no logra educarse apropiadamente representa una gigantesca pérdida para la sociedad.
Luego del ejemplo de los bienes tangibles, está el problema de la pérdida de eficiencia.
Una ciudad mal planeada, donde es difícil encontrar buenos locales para abrir comercios, o donde no hay usos mixtos, sino muchas áreas de usos concentrados como los residenciales, trae una suprema cantidad de contaminación.
¿Tiene Usted que viajar o atravesar la ciudad entera (en el auto, gastando combustible y dinero) para dar un paseo familiar en un área de esparcimiento? Preocúpese, porque no está solo.