Para Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), “una de las mayores restricciones que hoy hay para cumplir los acuerdos...
- 08/02/2026 00:00
La Academia Colombiana de la Lengua se fundó en 1871. La primera mujer en incorporarse a esta institución en el hermano país fue la escritora Dora Castellanos en 1978.
En diciembre de 2024, este organismo lingüístico incorporó por primera vez en sus 154 años de historia a mujeres pertenecientes a pueblos étnicos: la docente, poeta y cuentista Mary Grueso y a la profesora y traductora misak Bárbara Muelas. Se convirtieron, respectivamente, en la primera afrocolombiana y la primera indígena en acceder como miembros.
Previo al Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026 “¿Cómo posicionar a la región en el escenario global?” (28 y 29 de enero), se llevó a cabo el Festival de Ideas CAF “Voces por nuestra región – Cultura que mueve el mundo” (27 de enero).
En la Sala Azul se registró el conversatorio “La lengua se renueva”, en la que Mary Grueso (Cauca, 1947) conversó con Daniel Domínguez Z., director de la Editorial La Antigua de la Universidad Católica Santa María La Antigua, sobre el alcance de este nombramiento.
Fue muy importante que mis estudiantes se pudieran mirar en los textos escolares que leían. El Ministerio de Educación de Colombia no nos tenía en cuenta para estar en el pensum educativo. Estábamos aprendiendo las culturas de otros, pero la nuestra no aparecía. En un aula con un 90% de niños negros resulta que éramos como esos invitados que llegan a una fiesta sin que nadie los haya convidado. “Esto hay que cambiarlo”, me dije y empecé a escribir cuentos donde mis alumnos eran los protagonistas. Y eso hizo que fueran los mejores estudiantes en el colegio. Porque solo los mejores aparecían en esos textos. Y la Secretaría de Cultura del Departamento del Valle del Cauca me reconoció en el 2010 como la mejor maestra por estas estrategias pedagógicas.
Para que los niños negros se pudieran mirar en los textos que leían y los no negros también nos pudieran ver.
Primero escribo el poema La muñeca negra (una niña le pidió a su mamá una muñeca negra para Navidad). Luego escribí el cuento del mismo título y después hicimos las muñecas. Casi siempre ando con una muñeca, jugando con ella, porque a las personas mayores nadie nos dijo que no podíamos seguir jugando. Estas muñecas son un ícono donde la niña negra se identifica con un juguete que se parece a ella.
Nos toca demostrar con palabras y hechos que lo que estamos haciendo es bueno. Porque las cosas no se nos dan así por así. Es a fuerza de tesón, lucha y fe en lo que hacemos. Yo soy con relación a los otros. Y si los demás no confían, ni les gusta lo que hago, entonces no tiene sentido. Hay que buscar la manera de llegar al otro para que pueda mirar y valorar que lo que uno hace sí tiene peso y sentido.
Otra cosa tremenda, y esto para nosotros los negros no es fácil, porque las editoriales, las librerías, no confían en lo que nosotros escribimos. Dicen que la literatura afrocolombiana es algo folclórico. No sé por qué al folclor lo tienen relegado, y no debería ser así, porque es una rama de la literatura. Me ha tocado pararme en los escenarios, no solo en Colombia, y mostrar que lo nuestro sí es literatura. Parto del Pacífico, con el mar, la brisa y los tambores, elementos que forman parte de mi entorno social y cultural, porque nosotros también formamos parte de la literatura colombiana.
Estaba con mi nieto. A él le gusta tomar mucho jugo de naranja. Yo le dije: “hermano, páseme una copa y coja la suya, que nosotros tenemos que brindar”. Brindar por uno de los logros más grandes para mí como escritora, maestra y mujer negra del Pacífico: alcanzar esos espacios que para nosotros antes han sido negados. Esto no es regalado, ni ha sido al azar. Es un proceso metodológico por el cual se han dado cuenta que vale la pena que otras voces formen parte de la Academia.
Me han escuchado con mucha atención. Cuando uno ya conoce lo que antes había dicho que era malo, entonces cambia de forma de pensar, ya la narrativa es otra. Bárbara Muelas y yo abrimos la puerta. Tengo la absoluta seguridad que con el trabajo que estamos haciendo, dejaremos el espacio despejado para que se den cuenta de lo que se estaban perdiendo.
Sí, eso ya me ha tocado escuchar. Una cantidad de niñas que se visten y dicen mis poemas y dicen: “yo soy Mary Grueso”. Ya me puedo dormir tranquila hasta siempre porque yo estaré presente en el corazón y en los sentimientos de toda esa gente que me lee no solo en mi país, porque han hecho tesis de grado sobre mí en varios países y mis libros están traducidos a varios idiomas.
Fue espectacular. Estuve muy acompañada. Mucho negro, mestizo, blanco, gente de todos los colores, porque, afortunadamente, a mí me quieren personas de todas las etnias. Fue todo chistoso porque tengo un nieto de 12 años que se llama Juan Camilo y le dije que estaba nerviosa y me dijo: “ah, no, no acepto errores”. ¡Póngale cuidado, los pájaros tirándole a las escopetas! (sonríe).
La gente está valorando nuestro trabajo. Estos son espacios que estamos alcanzando y que antes no teníamos. Nos ha tocado muy duro porque tenemos que hacer el doble o el triple para demostrar que somos tan capaces como cualquiera. Estoy muy agradecida con los organizadores de este evento.
Yo ni sé (ríe a carcajadas). Ese es otro de los logros para mí importantísimos, como el de la Academia. Las nuevas generaciones, después de que yo me muera, seguirán estudiándome. Ese es uno de los milagros que Dios me ha dado y me dio la oportunidad en vida de poderlo disfrutar.