El primer recorrido de prueba del monorriel, desde Patio y Talleres hasta Ciudad del Futuro, se registró la tarde del lunes 13 de abril, con esta prueba...
- 23/06/2014 02:00
Al nacer, el pequeño cuerpo humano, paradójicamente, se convierte en un inmenso misterio lleno de vida que irá creciendo y evolucionando con el pasar de los años, sin descartar ninguna de sus partes.
Hay órganos o glándulas, como por ejemplo la próstata, que tiene un tamaño diminuto, similar a una canica, a los primeros días de nacido. Pero ella no se quedará así, necesita crecer, al igual que otros órganos, para realizar óptimamente su función.
La próstata es una glándula ubicada justo debajo de la vejiga, por delante del recto, y se encarga de segregar el líquido blanquecino en el que se transportan los espermatozoides al momento de eyacular.
Por ello, su evolución inicia simultáneamente con la pubertad y se extiende hasta los veinte años, aproximadamente. Para ese tiempo, su tamaño será parecido al de una nuez.
En las siguientes dos décadas, la glándula permanece estática, no crecerá. Pero concentrará todos sus esfuerzos en realizar su función vital, transportar espermatozoides.
Al cumplirse ese tiempo, que se estima sea entre los 40 y 45 años de edad, la próstata retomará su proceso de crecimiento, y es allí donde podría aparecer la hiperplasia prostática benigna.
Según los médicos, es normal que dicho evento se registre en todos los hombres; de hecho, se cree que 80 de cada cien varones la padecen; sin embargo, la situación se agrava cuando se registran las primeras molestias.
‘La hiperplasia prostática no siempre produce síntomas, pero cuando estos se registran afectan la calidad de vida de la gente, y es necesario que reciban ayuda médica’, indica el urólogo colombiano, Manuel Mata.
Los síntomas más usuales que se pueden alertar de la hiperplasia son las llamadas afecciones de vaciamiento de la orina, que se caracteriza por un chorro urinario débil, esfuerzo al orinar, escasez de la orina o irritación.
Hasta el momento, no existe un tratamiento especializado para la detención de esta enfermedad y mucho menos un examen que la detecte de forma precoz. Esta circunstancia la convierte en un potencial problema para los varones.
La ciencia no confirma si en hombre menores de 40 años puede registrase fácilmente; sin embargo, advierten que el historial genético es un gran disparador de vulnerabilidad, al igual que los hábitos alimenticios.