Con un consumo per cápita de hasta 400 litros diarios —el más alto de la región—, Panamá enfrenta una crisis de eficiencia donde la mitad del agua procesada...
- 15/04/2023 00:00
Comenzaré con esta frase de Aristóteles: “La inteligencia consiste no solo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica con ética y responsabilidad”.
La adopción de la inteligencia artificial (IA) continúa creciendo a un ritmo sin precedentes a nivel mundial y algunos números dan cuenta de ello: globalmente, la adopción de IA ha aumentado en un 56% entre 2015 y 2021. La velocidad de entrenamiento de los modelos de IA aumentó en un 94,4% desde 2018 y, en comparación con 2015, hay 30 veces más patentes presentadas usando esta tecnología que aún está en desarrollo.
La revolución que ha traído la inteligencia artificial se extiende también a la esfera social, ya que esta puede ayudar en el proceso de toma de decisiones y así generar políticas más igualitarias y eficientes (si se usa responsablemente y con ética). No solo eso, un uso responsable podría mejorar nuestros empleos, servicios de salud, calidad educativa, seguridad, etc.
Desde que se empezó a hablar del potencial para mejorar el bienestar social que tiene la IA, muchos gobiernos y emprendedores han dirigido su atención hacia la solución de un sinnúmero de problemas sociales y creación de políticas públicas efectivas. Sin embargo, ¿es todo positivo? ¡No!
Le recuerdo, amigo lector, que con todo y los avances tecnológicos en el mundo, el principio de comunicación sigue siendo el mismo: hay un emisor que habla a través de un canal para un receptor, y así como el emisor debe ser responsable en el mensaje que transmite y verificar sus fuentes, el receptor también está en la responsabilidad y obligación de verificar que el mensaje que recibe sea legítimo, porque la inteligencia asertiva, humana y real fue concedida para dudar y no para tragar todo sin filtro ni análisis.
Al haber una significativa crisis de valores en el mundo, donde la ética, responsabilidad, integridad, verdad y comunicación transparente se están devaluando a pasos agigantados por muchos sectores, y aquellos que se atreven a defender dichos valores son crucificados en las redes, hay uno que otro programador que se aprovecha de ello y desarrolla esta tecnología o sus contenidos de forma controvertida y sólo para generar problemas.
¿Por qué? Porque las redes sociales son ahora el coliseo romano donde miles están sedientos de ver a otros perecer. La inquisición no acabó, solo se mudó a una plataforma donde esperan millones de verdugos que jamás construyeron nada.
Los riesgos de la inteligencia artificial se han vuelto un tema cada vez más recurrente y relevante dado que estas tecnologías llegaron para quedarse y están presentes de mil maneras en nuestra vida diaria. Desde la “vestimenta fashion” del papa, la “encarcelación de Trump”, los robos multimillonarios y estafas a empresas transnacionales hasta reconocimientos faciales errados en aeropuertos, ciudades e investigaciones judiciales o suplantación de rostros, son algunos de los peligros o riesgos que esta tecnología ha traído bajo la manga por el hecho de que aún está en desarrollo y se siguen cometiendo errores.
A continuación, deseo compartirle algunos consejos para que usted, sus contenidos digitales o negocios, no caigan en las trampas que la IA ha traído consigo.
1) Verifique la resolución de la imagen: las imágenes generadas por inteligencia artificial a menudo tienen una resolución más baja que las reales. Esto se debe a que se crean utilizando algoritmos matemáticos y es posible que los detalles no sean tan complejos como en la vida real. A su vez, aunque la calidad sea muy buena (como las que genera el programa Midjourney), observe con atención elementos como la piel, los ojos o el cabello de las personas, ya que se evidenciará que tienen una textura “plástica”.
2) Busque patrones repetitivos: los algoritmos de IA tienden a crear imágenes con patrones repetitivos o formas simétricas que pueden no existir en la vida real. Esto sucede porque en la malla que se usa para recrear imágenes como base, no existen curvas ni elementos flexibles, como de hecho sí los hay en los programas avanzados de animación.
3) Analice el contenido de la imagen: Los algoritmos de inteligencia artificial se entrenan en grandes conjuntos de datos de imágenes preexistentes y pueden incorporar elementos de varias para crear una nueva. Si una imagen contiene elementos que parecen desconectados o que no coinciden, es muy posible que haya sido generada por IA.
4) Verifique los metadatos: Algunos algoritmos de IA incorporan metadatos en el archivo de imagen que pueden indicar que se creó utilizando un algoritmo. Ahora bien, ¿qué es un metadato? Ellos son información que habla o explica cómo y cuándo se desarrolló el contenido, es decir, describen a detalle el origen del contenido de los archivos o la información de los mismos.
5) Use herramientas de detección de IA: Hay algunas herramientas en línea y software que se utilizan específicamente para detectar imágenes generadas por inteligencia artificial. Estas herramientas funcionan mediante la identificación de patrones específicos en la imagen.
¿Usted dirá que todo esto es exagerado y hasta paranoico? Si no hubiese en el mundo digital contenidos controvertidos ya probados, le diría que sí, si lo es, sin embargo, como ya existen un sinnúmero de casos que además de haber causado problemas, escándalos y malos entendidos, han abierto casos federales importantes por parte de la CIA y el FBI no, no es exagerado el darle estas recomendaciones.
Cierro con estos dos pensamientos para que los medite: La inteligencia es la función que adapta los medios a los fines, sin embargo, la primera obligación de la inteligencia es desconfiar de ella misma.