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Tessa Mars y Nadia Huggins transforman el océano en símbolo de vida y memoria en el MAC
- 01/05/2026 00:00
Más que el gran espacio acuático capaz de dividir continentes y albergar vida en el fondo del mar, el océano es concebido como un espacio común entre distintos horizontes que buscan sostener la vida en el planeta. En la primera planta del Museo de Arte Contemporáneo (MAC Panamá), la exposición ‘Otras montañas, las que andan sueltas bajo el agua’ busca ejemplificar la posibilidad de imaginar mundos posibles de forma colectiva, más allá de considerar al océano por su aspecto meramente biológico.
Tanto la artista haitiana Tessa Mars como la trinitense Nadia Huggins utilizan la improvisación como medio para reimaginar los sistemas que sostienen la vida y interrogar a las actuales estructuras de poder que organizan lo que se considera sensible. En cambio, la curaduría corrió a cargo de la curadora e investigadora dominicana
El océano – además de ser una vía de transporte bajo la cual se han sostenido históricamente los movimientos migratorios a través de los siglos – formó una parte esencial de los procesos emancipatorios contemporáneos de la especie humana. En la actualidad, tanto Mars como Huggins buscan que el espectador se cuestione la perspectiva actual que moldea las formas de adquirir conocimiento. En un abierto desafío al orden binario y estable, ambas artistas buscan proponer, desde la fuerza y la intensidad del océano, otro marco posible para entender la vida como algo que se forma y se transforma de forma constante.
La improvisación – ejercida de manera libre por Mars y Huggins – toma especial relevancia en lo que se refiere a la Placa Tectónica del Caribe, a partir de los procesos del cimarronaje y la reivindicación de la subjetividad por parte de las poblaciones originarias y africanas esclavizadas. Así mismo, el concepto de la exposición – el cual tomó un proceso de estudio y puesta en práctica de tres años – se muestra ante el público como una oportunidad de reexaminar la historia desde el punto de vista de los oprimidos.
En lo que se refiere a la documentación e investigación empleadas para investigar a fondo la temática que se encontraban tratando, las artistas y la curadora se reunieron con investigadores, científicos, antropólogos, vulcanólogos, filósofos y escritores en distintos lugares del Caribe. Todo este proceso culminó en esta exposición, que se presentó primero en el Ocean Space en Venecia, un centro de exposiciones e investigación ubicado en la iglesia desacralizada de San Lorenzo, y que ahora se encuentra en el MAC.
Por si no cabía alguna duda, las obras en sí mismas son una invitación para que el espectador se adentre en el concepto de Mars y Huggins, cuyas obras fueron comisionadas a las artistas en el contexto del programa ‘The Current IV’ ideado por la fundación de arte contemporáneo Thyssen-Bornemisza. Dicha iniciativa cultiva tanto las prácticas artísticas interdisciplinares como el intercambio de ideas en torno al Océano y su comprensión. De este modo, el MAC sostiene una alianza con dicha fundación, la cual ofrece la posibilidad de traer este tipo de exposiciones de alto calibre en lo que se refiere al arte contemporáneo.
Una de las piezas principales es la de la propia Mars, la cual se titula ‘A Call To The Ocean’ (Un llamado al océano, en inglés), y consta de una instalación pictórica que, a simple vista, impresiona los ojos de quien tiene la oportunidad de observarla fijamente.
Según confiesa el curador jefe del MAC Juan Canela a este diario fue todo un reto adaptar esta obra monumental en el espacio designado para la misma.
“Fue un reto, porque son instalaciones monumentales. En Venecia estaban en un espacio mucho más grande, una antigua iglesia. Aquí tuvimos que adaptarlas (...) La sede del MAC era un templo masónico. Nos reíamos durante el montaje porque la exposición pasó de un templo en Venecia a otro aquí”, manifestó.
En la obra de Mars, fácilmente se pueden ver grandes montañas que en sí no funcionan como un telón de fondo del escenario en donde se desarrolla la obra, sino en entidades activas que forman parte de una evolución geológica que ha formado la vida tanto humana como no humana. De este modo, la artista busca contraponer la perspectiva terrestre – la cual, de acuerdo al texto curatorial, concibe a las montañas como recursos explotables – a la oceánica, que las entiende como agentes capaces de provocar cambios de gran calado.
Mars además hace un paralelismo con los sucesos de la Revolución Haitiana – surgida entre los años 1791 y 1803 – la cual resultó, entre otras cosas, en la independencia de Haití el 1 de enero de 1804.
El trabajo visual de la artista también se ve acompañado de un componente sonoro brindado por un instrumento denominado fututu, una especie de caracola que se utilizaba para sostener la comunicación entre las montañas.
Esta pieza sostiene un diálogo con otra situada al otro extremo de la primera planta del edificio del MAC. Se trata de la pieza de videoarte ‘A shipwreck is not a wreck’ (Un naufragio no es un fracaso, en inglés) de Huggins, quien también busca indagar en la búsqueda de un futuro posible para la humanidad más allá de lo binario.
“Ambas muestras apuestan por la imaginación y por la posibilidad de pensar otras formas de estar en el mundo. Buscamos que el público pueda ver, sentir y experimentar desde distintos puntos de vista. También hay una apuesta por lo inmersivo: el visitante puede recorrer las obras, estar dentro de ellas. En la instalación de Nadia [Huggins] puedes sentarte y ver cómo las seis proyecciones sincronizadas generan una experiencia envolvente. Aquí, con Tesa, el recorrido entre las pinturas también involucra el cuerpo, no solo la vista”, destacó Canela.
La instalación de Huggins es una videoinstalación de seis canales, y su trabajo artístico tiene la apariencia de que transcurre bajo el agua y recrea la historia real de un barco de esclavos que naufraga.
“A partir de esa historia, ella construye una ficción: en lugar de morir, las personas crean nuevas formas de vida bajo el mar, generando una especie de nueva civilización. Por eso su obra plantea que un naufragio no necesariamente es un fracaso”, dice Canela sobre Huggins, cuya obra recrea el naufragio recordado por la población garífuna, cuyos antepasados fueron exiliados por los ingleses desde la isla de San Vicente y las Granadinas en una embarcación destinada a la deriva y a la muerte.
Sin embargo, el océano llevó al barco a la hoy conocida como la isla hondureña de Roatán. Desde esa isla, la población garífuna se estableció a través de países como Belice, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
Más allá de su espíritu crítico en la forma en cómo se concibe la naturaleza, también se puede entender por medio de esta obra que los fracasos no significan necesariamente el fin de algo sino la oportunidad para comenzar de nuevo.