- 31/01/2026 11:30
El consumo de vino ha disminuido, es una realidad difícil de ocultar. Mientras el público de mayor edad va reduciendo su consumo ya sea por salud, o porque sencillamente su estilo de vida ha dejado de ser tan activo, las nuevas generaciones no han resultado tan entusiastas con el vino, así como con otras bebidas alcohólicas. Se tiende a beber menos, pero eso sí, a beber mejor.
Eso significa que cada decisión de consumo será mejor pensada y estudiada. La encuesta anual del Wine Market Council, según El Cronista, de Argentina en su página web, revela que “el 24% de la Generación Z y el 21% de los millennials están cambiando sus hábitos de consumo de alcohol para mejorar su estado de ánimo, su sueño o sus niveles de energía”.
Como respuesta, de acuerdo a un nuevo estudio de Kingsland Drinks están los vinos enlatados, las bebidas NoLo (No alcohol-Low alcohol) y los productos premium, entre otros. Estos serán los impulsores que darán forma al sector del vino -y las bebidas espirituosas- en 2026.
Cuidado a la persona y al medioambiente
Estas generaciones son, además, más conscientes de los efectos que las industrias, incluyendo la vinícola, ejercen sobre el medioambiente y abogan por operaciones sostenibles. Son cada vez más los viñedos y bodegas que han adoptado procesos que tienden a proteger al medioambiente con productos con leyendas como sostenible, ecológico, amigable con el medioambiente, biodinámico y/u orgánico. A la hora de elegir un producto, este tipo de identificaciones se han convertido en grandes aliadas.
En cuanto a las etiquetas, el consumidor lee las etiquetas como nunca antes. Los ganadores serán los vinos que muestren “listas cortas”: uvas y poco más. La ausencia de aditivos innecesarios no es solo una cuestión de salud; es una cuestión de confianza. Si es natural, que se vea claramente.
Y no se trata solo de una moda. La industria vitivinícola se ha visto afectada por el alza de las temperaturas que ha generado el cambio climático. Proteger el planeta deja de ser una tendencia para convertirse en una prioridad. El cuidado del ambiente no está solo para lucirse en etiquetas En muchas regiones tradicionales e históricas, ya se han dado cambios de legislación, se experimenta con nuevos cultivos y el uso de cepas autóctonas, algunas que estuvieron al borde de la extinción.
El vino en lata, tendencia que apenas arranca en Panamá, ha ido ganando en diversos países muchos adeptos entre el público joven por la comodidad y versatilidad que ofrece. Es más sencillo controlar el consumo y son muy seguros en piscinas y playas y otros encuentros al aire libre. Además, estos envases, 100% reciclables son percibidos por los jóvenes como más amigables con el planeta. Así como ha cambiado completamente la percepción de los vinos con tapa de rosca, los vinos en latas de aluminio tendrán un público que los favorecerá.
Habrá que trabajar un poco más en la percepción que se tiene sobre el vino en cajas. Pero lo cierto es que ya es de dominio público que los vinos jóvenes muy poco son afectados por las características de sus envases. Volvemos a mencionar la tapa de rosca. La tecnología facilita que envases como los tetra brik mantengan en muy buen estado el vino que guardan, que de paso, será por poco tiempo ya que no se trata de vinos de guarda.
Variedad
Tanto los vinos enlatados como aquellos embotellados en el tradicional vidrio transparente, verde o ámbar, vienen en cada vez más variedades. A medida que los mercados han ido especializándose, aparecen algunos varietales de los que conocíamos poco. También aparecen algunos que habían dejado de consumirse en sus regiones de origen.
Cepas anteriormente utilizadas de manera complementaria están adquiriendo un mayor protagonismo: semillón, petit verdot, chenin, graciano, bonarda... Y se está experimentando con variedades híbridas y algunas que habían quedado en el olvido.
La revista Elle, en una nota periodística sobre este tema, señala que los consumidores valoran elementos como la identidad y el terruño. Se da una alta valoración de variedades de uva ancestrales y autóctonas que “expresan el equilibrio del terreno”. El Confidencial completa esta idea estableciendo que las variedades autóctonas celebran la autenticidad del vino y de la región. “El vino es testimonio de un territorio, un paisaje, una geografía y unas personas que son parte de ese lugar que da vida y traza el perfil del vino. Son los vinos testimoniales de los territorios los que atraen a los consumidores, esos que cuentan una historia única”.
Para la página web Vinitor las variedades autóctonas recuperadas triunfan no por tecnicismos, sino porque ofrecen algo único. Es más fácil vender una historia de “una uva que casi desapareció y fue rescatada” que explicar las diferencias técnicas del envejecimiento.
Más blancos, más ligeros
La preferencia de los consumidores está actualmente en los vinos blancos, rosados, naranjas y espumosos. Esta tendencia favorece a Panamá por sus altas temperaturas, sobre todo en estación seca. Otro elemento que ha jugado un rol en este cambio es que se buscan vinos más ligeros y frescos porque ha habido cambios en la alimentación que también se ha vuelto más ligera.
En cuanto a los espumosos, estos se han convertido en una alternativa transversal muy conveniente: funcionan como aperitivo, comida completa o en servicio por copa. No es una sorpresa que los vinos tintos han tenido un descenso en sus ventas y la preferencia está en aquellos más livianos como el pinot noir, la garnacha, la criolla y la gamay con la que se elabora el beaujoulais. De acuerdo con Vinitor, el consumidor moderno busca frescura, no taninos pesados. Los tintos elaborados con variedades como garnacha, mencía o el redescubierto sumoll, u otros tintos producidos con una extracción más suave y diseñados para servirse ligeramente fríos, están ganando terreno. “Ofrecen fruta pura, textura fluida y disfrute inmediato, bajando la barrera de entrada para una nueva generación de bebedores de vino”.
El consumidor busca hoy menos madera y más fruta. “Hay una clara preferencia por vinos que acompañen sin invadir, con fruta limpia y crianza integrada (foudres, concreto). Vinos que permiten comer, conversar y rellenar la copa sin fatiga”, asegura Vinitor.
Por último, el comensal busca reglas mucho más relajadas. Quiere libertad y abogará por vinos versátiles que funcionen con sushi, pizza o tacos. La tendencia es promover los vinos “todoterreno” que eliminan el miedo a equivocarse al elegir una botella para la cena. Olvídese de un maridaje estricto. Lo importante es pasarla bien.
Aunque la industria vinícola esté pasando por un momento complejo, no contempla rendirse. En Panamá, aunque el mercado es dominado por grandes distribuidoras, son cada vez más los interesados en ofrecer las novedades que nos aportan los diferentes terruños. Aumenta la cantidad de pequeños distribuidores concentrados en países específicos y además en productos muy específicos como vinos ecológicos, vinos de la tierra, terruños únicos, regiones específicas. Y esto ocurre porque se mantiene un público conocedor, algunos, hasta estudiosos. Ellos además de optar por los viejos conocidos están dispuestos a buscar nuevas opciones que enriquezcan las sensaciones en su paladar.