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28 de Feb de 2020

Café Estrella

Ver en la Oscuridad: Vida y Esperanza

PANAMÁ. Una prueba de fe. Una obra de Dios para poner a Chile ante los ojos del mundo y reunir a millones de personas en oración.

PANAMÁ. Una prueba de fe. Una obra de Dios para poner a Chile ante los ojos del mundo y reunir a millones de personas en oración.

Así describe Mario Sepúlveda, el segundo minero en ser rescatado de la mina San José, de Chile, aquel accidente que lo encerró 700 metros bajo tierra junto con 32 de sus compañeros el 5 de agosto de 2010.

Fueron 70 días de agonías, tristezas e incertidumbres para las familias chilenas, quienes en todo momento creyeron en Dios que les traería de vuelta a sus seres queridos.

SU VIDA

Mario o ‘el periodista’ como lo llamaron sus compañeros dentro de la mina, siempre fue una persona humilde, proveniente de una de las comunidades más pobre de Chile, en donde como el dice ‘tuvo muy mala suerte’. Su madre murió en su parto y sus abuelos no pudieron cuidarlo mucho tiempo y tuvo que trabajar desde los 13 años.

Vivió en las calles y durmió debajo de los puentes, pero siempre con su frente en alto, para de salir adelante. ‘Siempre quise ser alguien importante, pero no de esta manera’, comentó Mario.

LOGROS

La perseverancia, carisma y sobre todo la fe en Dios, que siempre han caracterizado a Sepúlveda, fueron las herramientas clave para que pudiera lograr sus metas. Siempre luchó incansablemente por su familia y por ser alguien en la vida hasta que lo consiguió.

Trabajó en fincas, en la milicia y se convirtió el mejor de los barrenderos que una empresa podía tener y gracias a ello, logró convertirse en ingeniero en electricidad industrial.

‘Dormí todo el año 89 en la calle. Y hoy me siento orgulloso de ser un pobre más de mi país, pero un pobre digno’, dijo.

Pero las cosas no se hicieron más fáciles. La crisis económica llevó a Mario a trabajar en la mina, en donde jamás imaginó que aprendería la más grande lección de vida.

EL ACCIDENTE

Por ser un hombre trabajador por naturaleza, Mario jamás llegaba tarde a su trabajo y mucho menos se ausentaba. Pero en la tarde del 4 de agosto de 2010 no tenía el mismo entusiasmo. Un presentimiento que invadió su cuerpo le avisaba que algo sucedería.

Al día siguiente la mina se vino abajo y por ayudar a quienes se quedaron encerrados desde el principio, fue sepultado junto a los demás por una explosión.

Pasaron 16 días sin comer, sin saber nada de su familia. Las esperanzas de ser rescatados, aunque no desaparecían, estaban disminuyendo.

‘Fue allí cuando Dios me demostró que él existe. En un sueño Dios me hizo ver a mis dos abuelitos y a mi madre, dandome una esperanza para sobrevivir’, narró.

Justo en ese momento la ayuda venía en camino. Una de las 8 sondas que los rescatistas habían enviado para encontrarlos, rompió la barrera del refugio y los encontró.

Cada uno de ellos salió con vida gracias al trabajo en equipo, a la democracia para tomar decisiones y la determinación de cada uno pa ra utilizar sus conocimientos en beneficio de todos. Pero lo más importante, la fe en Dios.

Mario Sepúlveda, quien fue denominado líder sindical y jefe combativo junto a Luis Urzúa, salió a la superficie el 13 de octubre, a las 01:12 horas, (horario de Chile) lleno de alegría y con un par de piedras para el recuerdo con el pensamiento hacia Dios que lo mantuvo vivo.

‘En tu mano nací y en tu mano me quedaré’, dijo en ese momento.

Esta historia, que ha sido contada en muchos países y fue escuchada por los panameños, dejó grabado en muchas mentes su mensaje.

‘Hay que aprovechar, amar al prójimo porque el mundo pasa y hay que disfrutar al máximo el cada día. Hay disfrutar a nuestros hijos y a nuestras hermanos. Aquellos que tienen a sus padres, ámenlos y difrútenlos lo más que puedan’, concluyó.