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14 de Aug de 2020

Café Estrella

La doble vida de los héroes de los cómics

PANAMÁ. Todos aquellos que todavía no se dieron cuenta de que el cine de cómics está en su momento de gloria es porque nunca se interesa...

PANAMÁ. Todos aquellos que todavía no se dieron cuenta de que el cine de cómics está en su momento de gloria es porque nunca se interesaron ni por el cine ni por el cómic. No pasan muchos meses seguidos sin que alguna película de superhéroes o adaptación de cómic se estrene en las salas —y no parece que algo vaya a cambiar a corto plazo—; están por llegar The Amazing Spiderman 2, La Liga de la Justicia, las secuelas de The Avengers, Ironman, Thor y Kick-Ass.

A tal punto, estamos ante un aluvión del cine de viñetas que muchos ya comenzaron a hablar de un nuevo género consolidado. No sólo debido al éxito que por lo general tienen este tipo de películas, sino también a las estéticas más maduras y trabajadas con las que llegan los cómics a la pantalla grande.

Las adaptaciones de cómics comenzaron con los superhéroes más famosos; primero Superman (Richard Donner, 1978), después Batman (Tim Burton, 1989) y un más tarde X-Men (Bryan Singer, 2000), quien demostró que era posible hacer una película adulta, madura y taquillera a partir de un cómic y, al mismo tiempo, satisfacer a la crítica sin defraudar a los fans más puristas.

Sin duda, fue X-Men la que dio el puntapié que hizo levantar el nivel de los filmes de cómics. El éxito se afianzó, además, con la llegada de la trilogía de Spiderman de Sam Raimi, en 2002; y desde entonces se vio un cambio muy notorio.

Raimi ya había incursionado en el género, aunque de forma tangencial. En la década de 1980, cuando las películas de superhéroes todavía no eran un boom, había intentado conseguir los derechos de distintos superhéroes (entre ellos, Batman y La Sombra). Pero no tuvo éxito con ninguno de ellos. Por eso, decidió crear uno propio, Darkman (1990); y logró con creces su objetivo, ya que el personaje pasó del cine al cómic de la mano de Marvel el mismo año del estreno de la película.

Un hecho que cambió gracias a esta nueva etapa del cine de cómic es que hasta no hace mucho tiempo lo más común era encontrar adaptaciones de grandes editoriales, como Marvel (Hulk, Spiderman, X-Men, Thor, Capitán América) o DC (Superman, Batman, Linterna Verde, Flash). Últimamente, en cambio, las historias de pequeñas editoriales también tienen un lugar en la lista.

Gracias a ello, cómics menos c onocidos como El cuervo (Alex Proyas, 1994), Spawn (Mark Z. Dippé, 1997), Ghost World (Terry Zwigoff, 2001) o American Splendor (S. Springer y R. Pulcini, 2003) comenzaron a llegar a la pantalla. Y varios otros superhéroes desembarcaron directamente en el cine, sin cómic previo, como El Protegido (M. Night Shyamalan, 2000), Hancock (Peter Berg, 2008) o el divertidísimo y triste a la vez Súper (James Gunn, 2010).

Tres de las películas más interesantes del género se realizaron a partir de cómics de Alan Moore, el autor británico que renovó el llamado noveno arte en las décadas de los ochenta y noventa: La Liga de los Hombres Extraordinarios (Stephen Norrington, 2003), V de Vendetta (James McTeigue, 2005) y Watchmen (Zack Snyder, 2009). Sería una falta de cualquier videoteca del género no contar con ellas.

La renovación del cómic de 1980 trajo, además, a toda una nueva camada de superhéroes, muchos de ellos sin poderes —o con ellos pero sin mucha experiencia para usarlos—. De allí salieron joyas como Hellboy (Guillermo del Toro, 2004), la cínica e irónica Kick-Ass (Matthew Vaughn, 2010), Scott Pilgrim contra el mundo (Edgar Wright, 2010) y El Avispón Verde (Michel Gondry, 2011).

El cine y el cómic estableci eron un lazo tan estrecho a lo largo de los últimos quince años que resulta difícil entender cómo las productoras no intentaron aprovechar antes de forma rigurosa y sistemáticamente, como lo hacen actualmente, un negocio tan grande y casi seguro. Hoy sabem os que los cómics en el cine prometen y seguirán prometiendo. De eso no hay duda.