Temas Especiales

31 de May de 2020

Café Estrella

‘Tengo un camino distinto’

PANAMÁ. Siete años, desde 2006 hasta hace unos días cuando recibió la obra impresa, le tomó a Gloria Young llevar a cabo todo el proceso...

PANAMÁ. Siete años, desde 2006 hasta hace unos días cuando recibió la obra impresa, le tomó a Gloria Young llevar a cabo todo el proceso de creación y edición de Nada que ocultar, su nuevo poemario. La literata considera todo este proceso fue algo ‘muy lúdico, muy sensorial’.

Y es que el libro, a través de sus cuatro capítulos, cuenta ‘lo más intimo de una relación de pareja: cómo inicia, cómo se desarrolla y cómo se desgasta’, explica la escritora.

Nada que ocultar es, en palabras de la también docente, ‘una obra de arte’ y es que, comenta, es un libro que se sale de lo común, no sólo en su edición; sino en su contenido y estilo: ‘Nada que ocultar es prosa poética, por lo que se lee como una novela; sin embargo tiene un estilo diferente en su redacción y en su gramática’. Además, añade la exdiputada, ‘El libro se diferencia del clásico poemario, porque se abre y se cierra una historia, algo que no se ve en la poesía panameña. Otros autores acumulan poemas y ya hacen un libro’.

La panameña deseaba que su libro contara con ilustraciones basadas en sus versos y para ello contactó a una serie de artistas de diversas nacionalidades, varias de las cuales ni siquiera conocía, pero cuya obra había visto en algún momento, y les propuso ser parte del proyecto. Al final fueron las pintoras Perla Bajder (Argentina), Silvia Costa (Panamá) y Soledad Velasco Hernández (México,) quienes recibieron cada una un capítulo del libro

Confiesa la defensora de los derechos de la mujer, que el libro tuvo sus grandes retos: ‘Cuando lo culminé, lo envié a una editorial en España por sugerencias de varias escritoras de aquel país que son mis amigas. Tras varios meses, recibí la respuesta de la editorial Doce Calles diciendo que estaban interesados en la publicación; pero que, por motivos de la crisis que se vive allá, sólo podían hacer 500 ejemplares’.

Al ver que imprimir más copias no iba ser posible sin pagarle a la editorial por los libros adicionales, la escritora decidió buscar quien financiara su proyecto: ‘con el presupuesto que me enviaron, fui al Instituto Nacional de la Mujer (INAMU) y al Instituto Nacional de Cultura (INAC). Ambos creyeron en el libro y me apoyaron’.