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23 de Jan de 2021

Cultura

Amor sin frontera

Ya que el tema de moda por estos días en nuestro país es la reforma migratoria, que bueno tener una pequeña referencia, a través del fam...

Ya que el tema de moda por estos días en nuestro país es la reforma migratoria, que bueno tener una pequeña referencia, a través del famoso cruce de la frontera del Río Bravo, en una historia que recoge el drama de los inmigrantes mexicanos hacia los Estados Unidos, bajo el retrato de un niño llamado Carlitos interpretado por el joven Adrián Alonso ("La leyenda del zorro", 2005), quien abandona un pequeño pueblo mexicano tras la muerte de su abuela y emprende el camino hacia Los Angeles para encontrarse con su madre (Kate del Castillo), a quien no ve desde hace cuatro años. Con ciertos matices de denuncia social, esta película explora los sentimientos entre un hijo y su madre, interpretada por del Castillo, en el rol de una inmigrante mexicana que trabaja ilegalmente limpiando casas en Los Angeles y que desea enormemente volver a ver a su pequeño que dejó en su tierra natal, y al que llama todos los domingos desde la misma cabina telefónica. Abordado desde el punto de vista del desmembramiento que sufren las familias cuando la madre abandona a sus hijos para irse a trabajar a Estados Unidos, este drama reúne a sencillos y humanos personajes que se desenvuelven en escena, con gran convicción, como el caso del pequeño Adrián que se roba todo el show por su picardía y audacia, y que en esta ocasión comparte su odisea con el polifacético Eugenio Derbez, más conocido en la pantalla chica, por sus dotes humorísticas, y la más reciente personificación en el doblaje al español del Burro de Shrek.

En esta ocasión Derbez deja ver su lado dramático y serio, con su interpretación hosca y cascarrabias, convirtiéndose en el compañero de Adrián, quien lo ayuda en su propósito, sorteando todo tipo de obstáculos, y aunque su carácter parezca odioso, no deja de ser divertido y nos roba un par de risas gracias a su auténtica personificación. Aunque la película tiende a ser críticamente mordaz, como el caso de las construcción del muro fronterizo y la propia situación actual de los inmigrantes, no deja de ser humana, para ser fácilmente identificable con el drama que viven actualmente los indocumentados. El relato está enfocado desde la visión del pequeño, que deja atrás a sus amigos, a su familia y a su país para reunirse con esa Rosario que lucha cotidianamente para trabajar en un país cuyas costumbres e idioma son tan dispares a los suyos, mientras el chico recorre cientos de kilómetros para estar al lado de su madre. Lleno de estereotipos y totalmente predecible, la cinta tiene su encanto, que con ciertas fallas en el guión, y con una interesante banda sonora por parte de Los Tigres del Norte, nos permite tener una visión más cercana del drama que viven los millones de indocumentados que cruzan fronteras buscando un mejor futuro, pero que en este caso en particular y desgraciadamente, deben sufrir las consecuencias de encontrarse con choques culturales, políticos e idiomáticos, al intentar conseguir el mal llamado “sueño americano”.