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21 de Sep de 2020

Cultura

El legado de Vásquez

PANAMÁ. Un ser extraordinario, un pintor profundo, investigativo y dedicado que supo plasmar un acento ancestral en una obra que se ent...

PANAMÁ. Un ser extraordinario, un pintor profundo, investigativo y dedicado que supo plasmar un acento ancestral en una obra que se entronca con la pintura de Rufino Tamayo y Francisco Toledo, pero imprimiéndole una personalidad única y de profundas raíces telúricas y panameñas.

Así, describe con melancolía al pintor Raúl Vásquez Sáez uno de sus mejores amigos, el acuarelista chiricano, Manuel Montilla.

Vásquez falleció el pasado lunes 20 de octubre. Sus amistades le califican como un amigo sin par. “Fue un buen amigo, uno de los artistas más comprometidos con su trabajo y su vida iba ligada con su obra, él era su obra”, dice Cesáreo Young, otro de sus fraternales compañero.

Como pintor desarrolló una serie de recursos técnicos a los cuales les confirió, con su arte, un grado de excelencia pocas veces alcanzado en nuestro medio. Como anotara el poeta Pedro Correa Vásquez: "Los ojos de la niñez han grabado para siempre en la conciencia una forma de ver el mundo y el pintor conserva dicha imagen de manera intacta".

Vásquez, siendo gestor y Maestro de la Escuela de Azuero sintió profundamente su lar nativo y lo transfirió a su pintura, magnificándolo y transformándole de suerte tal, que le hizo propio y a la vez universal. Centraba su pintura en amuletos, bichos, animales. Incluso, le llamaban “El hacedor de Amuletos”.

Este pintor autodidacta que nació en La Villa de Los Santos, el 6 de febrero de 1954, llevó el nombre de Panamá por el mundo. Sus exposiciones recorrieron Estados Unidos, Panamá, México, Francia y Japón.

Vásquez hacía suya las palabras de Marcel Duchamp: "Un lienzo que no sorprende, no merece la pena", decía.

El pintor francés Eugéne Delacroix afirmaba que "no debe pintarse el objeto, sino su apariencia ya que el objeto hay que suscitarlo en el espíritu, no en la mirada". Esa magia sensorial trascendía en el discurso introspectivo del mundo interior de Vásquez.

Le atraían los tormentos, los misterios, la lujuria y el erotismo.

“El primer legado de Raúl es su obra, pero su mayor huella es haber esparcido la simiente de la amistad y la sabiduría de una vida plena entre todos los que tuvimos la fortuna de conocerle y compartir con el sueños y avatares”, agrega Montilla.