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23 de Sep de 2020

Cultura

Separaciones tras vacación

MADRID. El fenómeno se repite año tras año. Después de las vacaciones de verano, centenares de parejas españolas deciden romper y a pa...

MADRID. El fenómeno se repite año tras año. Después de las vacaciones de verano, centenares de parejas españolas deciden romper y a partir de octubre llega una avalancha de demandas de divorcio a los juzgados. Pero la tendencia, por primera vez desde que existe divorcio en España, ya no es a más rupturas. Tras años de rápido crecimiento, y reformas legales como la del divorcio express, en el año 2007 y los primeros meses de 2008 el ritmo se ha frenado. Un cambio en el que, según los expertos, está influyendo la recesión económica. Las dificultades monetarias puede estar retrasando, incluso congelando, decisiones de separación.

El 27% de las separaciones se decide después del verano. Este mes es decisivo. El psicólogo clínico Antonio Bolinches ha realizado un estudio sobre las 503 parejas heterosexuales que ha tratado en los últimos diez años y concluye que septiembre es, sin duda, el mes en el que se acuerdan más rupturas. En concreto, en el 27% de los casos.

"En verano se pasa muchas horas juntos y la pareja se da cuenta de que la relación está agotada, que existe una gran incomunicación y que él o ella se ha convertido en un extraño al que no se le encuentra ninguna compensación para seguir juntos", explica Aguilar. Es lo que Bolinches define como "saturación convivencial intensiva", que sólo se produce de vacaciones "porque durante el resto del año cada uno está inmerso en su proyecto personal sin pensar demasiado en proyecto común de pareja o de familia".

Solamente existe otro periodo del año en el que se da ese repunte de las rupturas. Es en enero, después de la Navidad, y por motivos parecidos a los del verano. "Las comidas o las cenas navideñas acentúan la discordia entre la pareja, porque llega un momento en que uno u otro está harto de ver cada año a esa suegra o ese cuñado al que no soporta y que provoca una riña y después la ruptura", reflexiona la abogada Checa, en cuyo despacho también se acumula el trabajo a partir de enero. "Si funciona la relación, el verano sirve para recuperar la sintonía con la pareja y la familia, pero si no, también sirve para que uno se plantee si vale la pena seguir", apostilla el abogado valenciano Isidro Niñerola, presidente de la Sociedad Española de Abogados de Familia.

El verano o la Navidad como final de trayecto es una idea en la que coinciden otros profesionales que intervienen en estos procesos, como jueces y abogados. Para la magistrada de Barcelona Isabel Tomás, especializada en derecho de familia, no es casualidad que muchas rupturas coincidan con el mes de septiembre, cuando se inicia un nuevo ciclo. "El curso escolar supone el inicio y el cierre de muchas cosas, también de una relación de pareja", asegura. Su compañero José Luis Utrera Gutiérrez, que lleva 12 años al frente de otro juzgado de familia de Málaga, comparte esa opinión. "El verano puede ser la gota que colma el vaso, pero lo que está claro es que la pareja no se pelea el 15 de agosto y el 1 de septiembre vienen al juzgado".

Otra característica que tienen en común las rupturas de septiembre y de enero es que casi siempre son pactadas. "No son motivo de un calentón o del descubrimiento de una infidelidad, que eso no se perdona casi nunca, ni en invierno ni en verano", explica Aguilar. "Se llega a la ruptura por agotamiento, porque no hay nada de qué hablar y en es e caso lo mejor es llegar a un acuerdo y acabar".