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28 de Feb de 2020

Cultura

Alcohol y adolescencia

R esulta difícil tratar de resumir en unas cuantas líneas una investigación que ha dejado la sensación en quien escribe, que la cotidian...

R esulta difícil tratar de resumir en unas cuantas líneas una investigación que ha dejado la sensación en quien escribe, que la cotidianidad le está ganando la batalla a los valores primarios del ser humano y a la necesidad de cultivar cosas tan simples y elementales como el amor, la comunicación y una buena relación de familia.

Después de tantas cifras, consultas y testimonios, la conclusión es que la mezcla alcohol y adolescencia es fatídica y que la solución a todos los problemas de la sociedad está en la familia. Una donde la relación entre padres e hijos sea sólida, basada en el respeto y sobre todo en los valores.

Para Walter Silvera, especialista en farmacodependecia, hay una distorsión extrema de los valores cívicos y morales, que parte de los padres y es transmitida a los hijos. “Es más, ni los padres son capaces de percibir el daño infringido”.

El alcoholismo ocasiona gastritis, indigestión, úlcera estomacal, trastornos hormonales, impotencia sexual, lesiones fatales, depresión, engorda y daña órganos como el hígado, el corazón o el cerebro. En las dos últimas décadas, estos cambios en los patrones de consumo de alcohol evidencian las transformaciones sufridas por la sociedad y la cultura juvenil que ve en éste un factor de entretenimiento. Lo que cobra fuerza frente a la de tolerancia social y escasa percepción del riesgo asociado a la ingesta de bebidas alcohólicas, sin contar que nuestros gobiernos son ignorantes o no dan la importancia al daño tan terrible que está ocasionando entre los adolescentes.

En Panamá no hay campañas contra el consumo de alcohol en adolescentes, ni una estadística que precise este problema, que de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud es responsable de 2,3 millones de muertes cada año. Salvo la de algunas compañías como Global Brand y Cervecería Nacional para fin de año y carnavales.

Esto sin contar los vínculos entre el consumo de alcohol con la violencia, comportamientos sexuales incorrectos, accidentes de tráfico e incapacidades permanentes y muertes. Hay muy poca atención por parte de los padres de familia y la sociedad en general hacia este problema, que piensa les es ajeno, cuando en los quinceaños, clubes sociales y en las propias casas se permite a los menores tener acceso al licor. Así pues no es una cuestión de clase social, sino de una permisividad extrema en todos los frentes.

Nuestro país tiene hoy alcohólicos menores de 12 años, lo que es preocupante para la piscóloga Lina Rivas, quien lo atribuye a que Panamá es un país controlado por la mercadotecnia y somos víctima de ella. “Las compañías de licor controlan el deporte y allí comienza una relación en el subconsciente de la persona, donde el licor suele aparecer asociado al éxito social y a la celebración de momentos memorables”.

Cristóbal Nieto, de la Cruz Blanca, comenta que el alcohol abre paso a otras drogas como la marihuana y la cocaína, y subraya que como segmento de población el número es alarmante y la edad promedio de iniciación es a los 12 años.

Lina, lo respalda, “este es un problema muy serio que nos está golpeando en la consulta y se traduce en última instancia en que se ha elevado la incidencia de la adicción en todos los niveles so ciales”. El consumo de alcohol en adolescentes surge como consecuencia de una lejanía emocional entre padres e hijos, es decir, una crisis que abarca al “sistema familiar en su conjunto”, asevera.

Cuando los padres no establecen límites y buenos lazos de comunicación caen en la permisividad. Aun cuando sus hijos no estén consumiendo alcohol todavía, puede que estén siendo presionados para hacerlo. Actúe ahora, explica l Enereida González, pediatra.

“Mi hijo mayor tiene 13 años. Entre sus compañeros de grado ha habido varios casos de niños embriagados. ¡Demasiado inmaduros para manejar este tipo de situaciones! Yo simplemente le explico las consecuencias a las que se somete, le doy consejos y, sobre todo la seguridad de llamarme ante cualquier cosa. También lo ocupo en otras actividades recreativas”, dice Alina, madre de 4 niños. A esto añade, “tengo amigas que piensan como yo, pero lastimosamente conozco un par de familias que ya desde los 10 y 11 años permiten a sus hijos tomar. No tengo idea a qué se debe esta permisividad?”.