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02 de Ago de 2021

Cultura

Jason regresa, el viernes 13

E ra el viernes 13 de 1946, Pamela S. Voorhees una madre soltera sufría intensamente los dolores del parto de su primer y único hijo, la...

E ra el viernes 13 de 1946, Pamela S. Voorhees una madre soltera sufría intensamente los dolores del parto de su primer y único hijo, las condiciones no eran las más apropiadas para dar a luz, abandonada por Elias Voorhees, en medio de la noche y agredida físicamente, concibe a Jason, que lamentablemente, nace con un problema de retraso mental e hidrocefalia. Diez años después, en el verano de 1957 Jason es uno de los niños que vive en el Crystal Lake, un campamento de verano cerca de Massachusetts.

Debido a su deformidad Jason es atormentado por los demás niños quienes lo arrojan al lago, y por descuido y negligencia de quienes lo cuidaban Jason se ahoga, por lo que su madre, Pamela decide vengarse matando a todos los culpables de su muerte, hasta que ella, muere asesinada y Jason vuelve de entre los muertos para continuar la venganza.

Así nace uno de los personaje emblemáticos que inundó de sangre y pánico las salas de cine, su nombre; Jason Voorhees, un verdadero representante del sadismo y la crueldad en el cine de terror, carnicero por excelencia, acompañado de su adorado machete y su máscara de hockey, que con frialdad e instinto asesino dejó numerosas secuelas baratas, de peor o igual calidad que su predecesora, pero con la única consigna de dejar la mayor cantidad de cadáveres a su paso.

Dirigida por Sean S. Cunningham, “Friday the 13th” abría la década de los 80 con esta propuesta del subgénero slasher del cine de terror, influenciado por el éxito comercial de John Carpenter “Halloween” (1978) y la figura de Michael Myers, en la que el ingrediente característico del psicópata asesino enmascarado que se dedica a masacrar jóvenes llenaba las taquillas.

Con un presupuesto muy bajo y con un tratamiento técnico en la que la cámara subjetiva y algunas ralentizaciones eran bien trabajadas, esta película que no aporta absolutamente nada más al género, provocó en aquel entonces una aceptación, que trajo por consiguiente la infinita secuela que todos conocen, hasta el día de hoy, viernes 13, en que el realizador alemán Marcus Nispel, decide lanzar nuevamente bajo su dirección este filme de culto entre los seguidores masoquistas del cine gore.

Hollywood regresa nuevamente a escarbar entre el baúl de los recuerdos y a desempolvar piezas que alguna vez fueron ideas sub-valoradas en el momento, y sobresaturadas posterior al éxito, creadas por realizadores que intentaban proponer novedades en el cine explorando los géneros y que terminaban rodando con pocos dólares historias sencillas, vacías y hasta sin sentido donde sólo se concentraban en asesinatos, y su creatividad florecía al exponer los más originales, sangrientos y violentos planos secuencia donde no existían los efectos digitales y el ingenio técnico era la clave para hacer saltar de la silla al espectador.

Desde los inicios del cine de terror, influenciado por la literatura oscura y el expresionismo alemán, se han explorado los miedos, angustias y fobias del ser humano ofreciendo un panorama amplio de atmósferas en la que cualquier situación inusual y trágica se pueda presentar para generar el temor suficiente que aceleré el ritmo cardiaco del espectador.

Es por ello que siempre nos encontraremos con los escenarios nocturnos, los cementerios antiguos, el castillo abandonado o los bosques sombríos, y si a ello le sumamos un ser monstruoso, enorme, mutante y fuerte, con instintos salvajes, silencioso y letal, capaz de desollar al primero que le ponga en frente y por más que se quiera, siempre existirá la manera más absurda de convertirse en inmortal, volviendo de entre los muertos las veces que se necesario. Y si adicional a todo, lo vemos repetidamente una y otra vez hasta el cansancio, ¿que aporte al séptimo arte nos están ofreciendo en definitiva, cuando estamos realmente hartos de tanta violencia a nuestro alrededor?