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03 de Dec de 2020

Cultura

Aprenda a decir adiós

D espedir un amor, un trabajo y hasta entender que los hijos se van, ayuda a madurar y a cerrar relaciones que, de mantenerse, son pelig...

D espedir un amor, un trabajo y hasta entender que los hijos se van, ayuda a madurar y a cerrar relaciones que, de mantenerse, son peligrosas. Hay momentos en los que la ambigüedad es la madre de todos los males.

Como si la vida se pudiera suspender por temor a dar pasos difíciles pero necesarios, nos negamos a tomar decisiones trascendentales para continuar nuestro camino personal y dejar que otros hagan lo propio con sus vidas.

Situaciones afectivas agotadas, trabajos que no producen alegría, relaciones que agonizan y en la que ya es un imposible recuperar la fuerza que en algún momento tuvieron, son hechos que exigen respuestas de fondo.

De nada sirve esperar a que la vida pase si su trasegar sólo traerá mayor desconcierto y la sensación de frustración e impotencia.

Tomar las decisiones a tiempo, con más racionalidad que emotividad y evaluando cada hecho en su justa medida, son recomendaciones saludables cuando se vive con el deseo de aprender y disfrutar.

Amores que enredan

En culturas como la nuestra, en la que prima la idea de poseer objetos, relaciones y hasta personas, decir adiós cuesta mucho más. A esto se suma que esos modelos ideales que nos señalan cómo debemos vivir, también están cargados de cosas que debemos tener, así que cuando llega el momento de dejarlas, esa ruptura es más compleja y traumática.

Una de las mayores críticas que hoy se le hace al pensamiento occidental es que enseñó a ser muy dependientes de las personas, contrario a lo que ocurre de Oriente donde se predica una visión de la vida en la que prima más ser que tener.

En este sentido es más valioso vivir feliz que tener –porque es lo que está bien visto- una relación afectiva que ya no permite crecer ni encontrar sentido a la vida compartida.

Desprenderse de una idea posesiva del amor, es entender que la vida tienen su propio curso y que si bien hay una promesa y un compromiso cuando se afirma querer a alguien este acuerdo o deseo tiene su propio límite marcado por la posibilidad de encontrar la felicidad y la realización de ambos en esta decisión.

Por eso, una nueva visión del amor está enfocada a recibir las cosas y sentir a las personas que nos acompañan en momentos clave de la vida, como donaciones, es decir, como regalos y oportunidades, por esto mismo, es más valioso la calidad y la intensidad de la relación que la durabilidad de ésta.

En otras palabras, el amor no es una promesa de obligatorio cumplimiento hasta el infinito, sino que es una oportunidad de vivir intensamente el aquí y el ahora, dure lo que dure. Así, desde una concepción distinta de este sentimiento, razones como “no puedo vivir sin ti”, o “qué sería de mi vida si te vas”, o “si no me quieres tu, quién más me va a querer”, son salidas en falso cuando la dependencia es la razón más poderosa para amar. ©PUBLICACIONES SEMANA