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02 de Apr de 2020

Cultura

Un rebelde con causa

L a rebeldía la lleva en la sangre. Para que no resultara víctima de ella, como lo había sido su hermano —líder estudiantil en los años ...

L a rebeldía la lleva en la sangre. Para que no resultara víctima de ella, como lo había sido su hermano —líder estudiantil en los años 70—, su padre lo mandó a estudiar a España. Pero él, siempre rebelde, quería ir a Francia. Y estando allí llegó a la Université Montesquieu, en Burdeos, donde obtuvo una licenciatura en Derecho, otra en Ciencias Políticas y años más tarde un doctorado. Es antiestablishment por naturaleza. Sin embargo, lleva ya dos campañas empeñado en llegar a la alcaldía para tener la oportunidad de manejar los destinos de la ciudad de Panamá.

Jovial, con cara de bonachón, pero con una firmeza en sus convicciones que le ha valido ya dos exilios, Bernal se ve a sí mismo, ante todo, como un ser humano sencillo, optimista, lleno de sueños y esperanzas, pero que trata “de estar despierto para poder realizarlos”.

Su mayor virtud: la sinceridad, es a los ojos de sus enemigos su principal defecto. “Decir la verdad en una sociedad como ésta es comprarse cualquier cantidad de problemas”, dice en tono de decepción. “A mí me han dicho de todo en este país. Pero la peor etiqueta que me han puesto es la de calumniador. Y no lo soy”.

Sus años en Francia le dejaron una huella indeleble e hicieron de él un libre pensador y humanista a carta cabal. Sus batallas, aunque parecen muchas, en el fondo es una sola: la defensa de los derechos humanos y el estado de derecho. A la hora de librarlas, sin embargo, el escenario puede ser cualquiera. En 1986, cuando le cerraron el programa de radio que manejaba, se fue a la calle y durante semanas lo emitió con un megáfono, parado en una esquina frente a la escuela República de Venezuela.

En 1974, cuando regresó a Panamá después de terminar sus estudios, Bernal se convirtió pronto en un agudo crítico de la dictadura de Omar Torrijos, y en líder de las protestas por las negociaciones secretas de los Tratados Torrijos-Carter, lo cual le valió su primer exilio en México, durante dos años y medio.

A su regreso, en 1978, Bernal se convirtió en profesor de Ciencias Políticas, Derecho Constitucional y Derecho Internacional Público en la Universidad de Panamá, su alma mater por 30 años y la misma que está empeñada en expulsarlo, a raíz de las declaraciones que dio en un programa de televisión contra el rector, Gustavo García de Paredes.