Temas Especiales

05 de Apr de 2020

Cultura

Una buena impresión

L a primera impresión es la que cuenta? Por desgracia y según todos los expertos, sí, y mucho. Tanto, que aseguran que en la mayoría de ...

L a primera impresión es la que cuenta? Por desgracia y según todos los expertos, sí, y mucho. Tanto, que aseguran que en la mayoría de los casos resulta casi imposible modificar esa primera sensación que se forja en apenas 30 segundos. La buena noticia es que puedes conseguir que los demás vean en ti sólo aquello que quieres que vean. ¿Cómo? Incidiendo en los aspectos que te favorecen y reduciendo los que te perjudican.

“El 50% del juicio que se realiza nada más ver a una persona es sobre su apariencia física (el color del pelo, la ropa, su estilo y forma de moverse): el 40%, la voz, y sólo el 10% restante corresponde al contenido de nuestra conversación”, señala Javier Mañero, director de la Escuela de Inteligencia de Madrid, especializada en la capacitación del talento.

Así, para conseguir que tu interlocutor preste atención a lo que le vas a decir, tienes que superar una barrera del 90%, repleta de elementos tan superficiales como el color de tu ropa o tu semejanza con personas vinculadas a experiencias previas de quien te juzga.

“Cualquier detalle lleva a hacer un juicio de valor”, concluye. Como hay elementos que escapan de tu control, veamos aquellos que están en tus manos, empezando por el más evidente: tu apariencia física.

CÓMO UTILIZAR EL FÍSICO A TU FAVOR

Paz Herrera, asesora de imagen Qué me pongo ( www.quemepongo.es ), propone manejar con cuidado los códigos de imagen: “Los creadores de los dibujos animados son unos expertos: los personajes buenos están diseñados con colores claros y formas redondeadas, y los malos con tonos oscuros y rasgos afilados.

Está demostrado que los colores suaves y las formas redondeadas ofrecen una imagen de amabilidad y cercanía, y los colores oscuros y las formas angulosas imprimen seriedad y solidez”.

Un exceso, en ambos casos, conduce a impresiones negativas: el primer estereotipo puede inducir una imagen de laxitud, de poca constancia y poca credibilidad; el segundo, frialdad, distanciamiento y hasta cierta malignidad.

Como asegura Herrera, “lo importante es conocer lo que transmitimos para poder jugar con esas sensaciones”.

Si no lo tienes claro, pídele a otra persona que te cuente cómo te percibe y, en función de esa imagen, puedes suavizar los elementos que te gustan menos y potenciar los que te apetecen más, pero siempre teniendo en cuenta que es fundamental vestir de acuerdo con la situación.

En general, los colores oscuros dan seguridad, estabilidad y credibilidad, igual que las líneas rectas. Para una entrevista de trabajo son perfectos el gris, el azul, el blanco, el negro y el rosa.

En cambio, los colores cálidos y luminosos (camel, verde, naranja, marrones...) son más indicados para los momentos de ocio, porque ofrecen más cercanía. Pero lo ideal es combinar los colores y las líneas con nuestro físico y nuestros objetivos.

No todas las impresiones son las correctas. La gran mayoría de las personas llegan a conclusiones antes de comprobar las cosas. Muchas veces nos damos gusto hablando de otros, por una simple impresión, sin embargo esa otra persona puede ser mejor que uno mismo.