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22 de Jan de 2021

Cultura

El sexo sin apuros

“Rapidito, rapidito, rapidito no...” le dice Elena a Tomás cada vez que están en sus mejores momentos de intimidad. Elena cuenta que lle...

“Rapidito, rapidito, rapidito no...” le dice Elena a Tomás cada vez que están en sus mejores momentos de intimidad. Elena cuenta que lleva diez años de casada, pero no se siente satisfecha con las relaciones sexuales con su pareja. “Aunque solo teníamos cinco meses de noviazgo, decidimos casarnos. Al principio, creía que los problemas se debían a la falta de experiencia o de tiempo para estar juntos. Sin embargo, con el tiempo descubrimos que no era así. Estoy aburrida de hacerlo siempre aprisa y los pretextos nunca faltan. Lo peor es que hemos conversado y ambos sentimos que todavía nos queremos y deseamos encontrarle una solución al asunto”, afirma Elena que, a los 41 años, considera que está en el mejor momento de su vida.

Tomás, por su parte, dice: “yo sueño con tener momentos de pasión con mi esposa como los vemos en las novelas. Ya sé que no tengo ningún problema con mi organismo, pero no sé qué pasa”.

Aunque para muchas parejas el tema es un tabú, la experiencia de Elena no está muy lejos de la que viven otras parejas. La psicóloga clínica Caroline Coocke indica que muchos no logran un disfrute sexual total, debido a que no tienen hambre de encontrarle un sentido a la vida, de tener una conexión espiritual. “Lo que les impide alcanzar este placer total es que no buscan algo más sublime y satisfactorio que la trayectoria estándar sexual”. En su opinión, la causa de no disfrutar una sexualidad total es que en los medios de comunicación ven demasiado sexo sensacionalista. “Es una sexualidad mecánica, por decirlo así. Esos mensajes han creado una especie de protocolo inconsciente, que lleva a que el sexo que practican no sea abierto. No sea libre”, explica.

Partiendo de allí es como surge un movimiento que aboga por el deleite y la sensualidad, denominada “sexo lento” o slow sex , en inglés, que si se analiza con la experiencia de Elena, aparece como un aliciente para aquellas parejas que sienten deseos de redescubrirse y experimentar cosas nuevas. De acuerdo con Coocke, la filosofía está basada en más de 15 años de experiencia con parejas casadas y no casadas.

Coocke señala que prácticas como la meditación orgásmica y la sexualidad meditativa ayudaron a crear el movimiento del “sexo lento”. Una sexualidad meditativa, es aquella en la que se busca el amor incondicional, el compromiso y la comunicación. La meditación orgásmica busca retardar el orgasmo para amplificarlo.

“Está comprobado que esta meditación influye en el sistema límbico del cerebro, llevando a la persona a alcanzar una sensación más allá de los límites”, dice Coocke.

“Algunas parejas me han comentado que después de practicar las técnicas de este movimiento se sienten más conectadas con los demás y con la vida misma. Así como la meditación te conduce a la serenidad y el yoga al movimiento, el “sexo lento” te invita a vivir conscientemente la experiencia de la sexualidad y el orgasmo”, asegura.

Los casados son quienes tienden más a participar en este movimiento. La explicación, según la psicóloga, radica en que entre más se conozca la pareja, habrá más oportunidades de tener nuevas experiencias.

Hay también un importante número de parejas jóvenes que también han encontrado en este tipo de sexo una gran fuente de placer. “Lo importante, finaliza Coocke, es pensar con tu cerebro en lugar de tus glándulas”.