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25 de Jun de 2022

Cultura

Con alas en los pies

La tranquilidad de las áreas revertidas, donde vive Alonso Edward, es un preludio de la actitud del joven velocista. “Pedro Miguel”, ind...

La tranquilidad de las áreas revertidas, donde vive Alonso Edward, es un preludio de la actitud del joven velocista. “Pedro Miguel”, indica un verde letrero afuera de la barriada de Edward. Sus padres Alonso y Margarett lo van a buscar a su habitación, mientras un gran televisor en la sala sintoniza un partido de fútbol americano entre los Gigantes de Nueva York y los Osos de Chicago. Con un suéter amarillo, unas bermudas negras y chancletas, Alonso se sienta en una silla plástica blanca, después de que le solicitamos hacer la entrevista afuera por cuestiones de luz para las fotografías.

Su humildad y sencillez se perciben casi de inmediato. La timidez que reflejan sus ojos hace olvidar que es el segundo hombre más rápido del mundo, con solo 0.62 segundos de diferencia frente al más veloz, el jamaicano Usain Bolt.

“¡Felicidades!”, dice de pronto una señora que camina con algunas de sus vecinas. Y Alonso Edward agradece, sonriendo por enésima vez desde su regreso de Berlín, mientras nos aclara en voz baja “las entrevistas no son lo mío”.

Alonso no es distinto a la mayoría de los jóvenes de 19 años. Como a muchos, le gusta chatear, prefiere estar con sus amigos tranquilo que en una discoteca, es fanático de Danger Man, los Lakers, los Yanquis y el Barcelona. Disfruta de la comida de su madre, especialmente los patacones con bofe y el arroz con pollo pero, como reside en Barton County Community College en Kansas, muchas veces se tiene que conformar con Mcdonalds. “Por órdenes de mi entrenador, casi siempre como pastas y carnes semicrudas, aunque no sea muy amante de ellas”, dice con cierta resignación.

Su innegable talento lo ha llevado a recorrer muchas ciudades importantes del mundo, de las cuales Berlín y Barcelona han sido sus favoritas. “Me gustaría conocer África”, agrega. Y es que posiblemente la tenacidad de Alonso lo lleve a este continente, ya que él mismo reconoce como una de sus fortalezas el seguir, cueste lo que cueste, todos y cada uno de sus sueños. “Yo me apoyo en Dios para conseguir mis metas, en él confío, y a él le agradezco todos los días por todo lo que me ha brindado”, afirma

Sus padres también han sido importantes valores en el crecimiento del velocista. “Ellos han estado conmigo en las buenas y en las malas”, aclara. Cada vez que Alonso regresa a Panamá, trata de pasar el mayor tiempo posible con su familia. Su hermana, Tunisa, se encarga de sus relaciones públicas. Nadie se le acerca a Alonso sin la aprobación de ella. Mateo, su hermano menor de 16 años, continúa el legado familiar en el atletismo, destacándose en los 100 y 200 metros planos. Los registros del más joven de los Edward son mejores que los del propio Alonso a su edad, por lo que la familia tiene asegurado un relevo generacional de gran altura.

Junto con el saltador largo Irving Saladino, Edward es el máximo exponente del atletismo panameño. Ambos fueron recibidos por una masiva caravana en su regreso del Campeonato Mundial en Alemania. “No esperaba ver tanta gente. Me sentí muy feliz”, afirma en tono sereno y agradecido. Según la prensa internacional, el panameño es catalogado como una de las grandes promesas en los 200 metros planos. “Este es el mejor momento de mi carrera, pero seguiré trabajando para ganar muchas cosas más”, dice con firmeza y convicción.

EL LLAMADO DEL DESTINO

Su primera pasión fue el baloncesto. Desde los 14 años, aprovechaba la campana del recreo para irse a jugar al gimnasio de la Escuela Primer Ciclo Panamá. “Jugaba de armador, pero no era tan bueno”, cuenta recordando esos primeros años. Sus amigos y compañeros le recomendaban dedicarse a otra cosa para aprovechar su rapidez y destreza en lo físico, característica que le aseguró un cinco en educación física en todos los bimestres durante su educación escolar.

Pero Edward no contestaba el llamado del destino, lo que tenía algunas consecuencias. +3B

Aparte de educación física, las matemáticas eran su otra pasión escolar, no así ciencias naturales, materia en la que no cumplía con la mínima nota requerida. Gilberto Sánchez era el profesor de esta tediosa clase, pero también el entrenador de atletismo del colegio. Ante la situación de Edward, y con una gran confianza en sus capacidades físicas, Sánchez le propuso ayudarlo en la materia si se inscribía en el equipo de pista.

Pronto, su talento comenzó a brillar por sí solo, lo suficiente como para clasificar para una competencia nacional en el Estadio Rommel Fernández. Con zapatillas de calle, Edward venció en los 200 metros, con amplísima ventaja, a varios atletas que ya habían tenido experiencia en el exterior. “La gente estaba muy emocionada, pero yo todavía no sentía que esto era lo mío”, explica.

El profesor Sánchez ya tenía certeza de que el futuro de este joven atleta era innegable, por lo que le recomendó como nuevo entrenador a Cecilio Woodruf, quien es todavía la guía de Edward cuando está en Panamá. “Yo no lo tomaba en serio. Iba una vez cada tres semanas a practicar”, afirma el medallista. No fue hasta su viaje a Guatemala, en donde representó a Panamá en los Juegos Centroamericanos, que el talentoso velocista se dio cuenta de que se tendría que olvidar de una vez por toda de los balones y las canastas. “Gané varias medallas de plata y bronce con solo entrenar dos semanas antes de la competencia”.

A partir de ese entonces, la carrera de Edward subió como la espuma. El primer lugar del podio se convertiría poco a poco en un lugar acostumbrado para él en competencias internacionales. Desde su llegada al Barton County Community College, y con su nuevo entrenador, Matt Kane, sus tiempos cada vez resonaban más a nivel mundial; tanto así, que en un campeonato en Texas, rompió la barrera de los 10 segundos en los 100 metros planos, con un tiempo de 9.97. Lamentablemente, el viento le impidió a esta marca ser registrada oficialmente.

Los pasados Juegos Olímpicos de Beijing hubieran podido convertirse en la primera vitrina para este gran atleta, pero una lesión le impidió clasificar, lo que para Edward constituyó el peor momento de su hasta ahora corta carrera.

EL MOMENTO CUMBRE

En el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín, las expectativas sobre el panameño eran altas. La prensa internacional lo catalogaba como uno de los posibles finalistas.

En la primera carrera clasificatoria de los 200 metros planos, Edward mostró su casta. “Cuando entré al estadio, me puse un poco nervioso. Nunca había visto tanta gente. Pero me pude concentrar gracias a varias recomendaciones de mi entrenador y luego no sentí presión”, explica. El velocista panameño cruzó primero la línea de meta en dicha ronda, ganándose un pasaje a los cuartos de final, en donde repetiría la misma dosis para clasificar así a la semifinal, donde se enfrentaría por primera vez con el jamaicano Usain Bolt.

Edward llegó atrás del caribeño, marcando el tercer mejor tiempo de la ronda. “Mi objetivo era llegar a la final. Antes de la carrera estaba seguro de hacerlo, pero a la vez, me sentía inseguro, porque uno nunca sabe lo que puede pasar”.

Luego de tres difíciles pruebas, la presión no existía en la mente de Edward para esta última ronda. Con Bolt, el rival a batir, conversó antes de la carrera sobre la comida, sobre el hotel y uno que otro chiste. “Cuando le conté que mi mamá es jamaicana, me dijo que ahora sabía de dónde venía mi velocidad. Es muy buena persona, muy humilde”, recuerda.

A pesar de un lento comienzo, el velocista panameño se impuso en la recta final para adueñarse del segundo lugar, atrás de un desenfrenado Bolt, que aprovechaba para romper el récord mundial en la categoría. “El tamaño de él es su ventaja, porque sé que tenemos el mismo corazón”, explica Edward. “No sé que pueda pasar de aquí a dos años, pero trabajaré fuerte para vencerlo”.

El otro panameño en el mundial, Irving Saladino, no pudo repetir la hazaña del pasado mundial de Osaka, Japón, donde obtuvo la presea dorada. Para Edward la explicación es simple: hay días buenos y malos, y lamentablemente para el colonense, ese era uno de esos días que uno nunca desea. “Él está en óptimas condiciones físicas y sé que en la próxima competencia volverá al primer lugar”, afirma sin dudar un segundo.

FUTURO PROMISORIO

Con tan solo 19 años, el futuro del velocista panameño brilla cual estrella en noche despejada. Muchas de sus marcas mejoran los tiempos que registró el propio Bolt a esa edad. Pero Edward sabe que hay aspectos en los que debe de mejorar antes de pensar en vencer al jamaicano. “Estoy trabajando en mi partida, es algo que necesito mejorar”, afirmó.

Además, el oriundo de Pedro Miguel cuenta con varias técnicas que le enseño el legendario velocista Asafa Powell, a quien Edward considera como su ídolo. “Lo conocí en un Grand Prix en Nueva York y me dio varios consejos que estoy utilizando poco a poco para mejorar”, recuerda.

Su meta es llevar el nombre de Panamá a lo más alto, y convertirse en el atleta con más medallas a nivel latinoamericano antes de los 30 años, cuando, según él, se retirará de las competencias.

Cuando llegue el momento de decirle adiós a la pista, Alonso ya lo tiene todo pensado. A pesar del roce con las mejores ciudades del mundo, no ha perdido su sencillez, la que se demuestra cuando afirma que a los 40 años espera estar acostado en una hamaca de su casa en Pedro Miguel, donde ha crecido toda su vida. “También me gustaría ser el jefe en un banco, sentado en mi oficina, con las piernas sobre el escritorio, gozando de la buena vida”