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19 de Jan de 2021

Cultura

En ambos lados de la calle

C on la primera mirada no quedan dudas: Judy Meana es una mujer muy joven aún, pero con un peso influyente en los medios de comunicación...

C on la primera mirada no quedan dudas: Judy Meana es una mujer muy joven aún, pero con un peso influyente en los medios de comunicación durante los últimos años. Su trato es sencillo, natural y quizás hasta poco formal si se toma en cuenta que se trata de la vocera presidencial.

Las vicisitudes de la vida la han llevado a estar en ambos lados de la profesión y además en dos gobiernos de aceras opuestas, como cuenta sin complicaciones. El camino para llegar hasta el Palacio de las Garzas se inició desde sus días de estudiante universitaria y pasa por casi una década de ejercicio del periodismo de televisión, que incluyó estudios en el viejo continente, un premio de periodismo y dos experiencias anteriores en el servicio público.

“La vida da muchas vueltas”, dice mientras sonríe frente a la pregunta obvia: ¿cómo llegó a la vocería presidencial? “Mira como pasan las cosas, Alfredo Prieto es el que me lleva de Telemetro a RCM, a mí me toca pedirle una licencia en el 2004 para ir a trabajar en el gobierno de Martín Torrijos y ahora Alfredo Prieto es el que me lleva el mensaje de parte del presidente Ricardo Martinelli para que viniera a trabajar acá”.

Detrás de estas coincidencias, din embargo, ella asegura que están las huellas de su trabajo y, confiesa, también algo de suerte.

EN LOS MEDIOS

“Llegué a Telemetro en 1995 para hacer mi práctica profesional por tres meses y luego pasé a ser reportera. Entraba en el turno de las dos de la tarde y salía cuando ya era de madrugada. Bueno, estaba soltera no tenía hijos así que podía sacrificarme”. Con estas palabras resume su entrada en el mundo periodístico. Para entonces rondaba los 20 años y asegura que no tenía en mente nada de lo que está pasando hoy, a sus tempranos 30.

“Después hubo un casting”, cuenta mientras parece buscar sus recuerdos en alguna esquina de la mente. “Me escogieron para leer el noticiero nocturno, que en ese tiempo era grabado. Empecé un primero de octubre y un mes después me ascendieron al matutino. Ese sí era en vivo y había que madrugar”.

Fue precisamente ahí donde pasó la mayor parte del tiempo que trabajó en Telemetro y donde pudo aprender de todo, incluso cómo maquillarse y peinarse rápido, “Aprendí a hacerlo yo misma para no tener que pararme tan temprano en la mañana”, explica.

A pesar de ser presentadora, Judy tenía claro que quería mantener sus vínculos con el oficio en la calle y por eso pedía que le asignaran temas para seguir haciendo coberturas.

Así transcurrieron cinco años, hasta que en 2000 “tuve como una racha de buena suerte”, dice con una mirada reflexiva. Ese año entró en dos concursos. El primero fue de la Agencia de Cooperación Española, para una beca de estudios en España sobre producción de televisión por tres meses y el otro fue en el Concurso Nacional de Periodismo del Fórum de Periodistas. En ambos ganó. Primero partió a España para estudiar y cuando estaba allá recibió una llamada: ‘¡Te ganaste el premio!’. “ Imagínate que te llamen para decirte eso? fue con un reportaje sobre los indios albinos”, recuerda aún con emoción.

De regreso, quiso ingresar en el área de producción en Telemetro. “No hay espacio”, fue la respuesta que obtuvo de la empresa. Casi un año después recibió la oferta de RCM televisión de ser presentadora y participar en la producción. “No fue una cuestión de salario sino de desarrollo profesional”, argumenta.

RCM televisión era una propuesta nueva en el mercado de los medios. Su propietario entonces era Alfredo Prieto, hoy Secretario de Comunicaciones del Estado. Y Judy aportaba a la nueva señal la trayectoria que habría logrado en Telemetro durante poco más de un quinquenio.

CRUZAR LA CALLE

Mientras se acomoda el blazer negro que resalta lo blanco de su piel, Judy busca con algunos gestos acomodar sus ideas. De pronto enfoca la vista en el horizonte, desde donde se puede ver la Bahía de Panamá a través de una larga ventana colonial del edificio contiguo a la Presidencia, donde hoy tiene un modesto pupitre como segunda al mando en un esquema de comunicación estatal nuevo, implementado por su jefe recurrente en los últimos años: Alfredo Prieto.

El salón, de techo alto como de finales del siglo XIX, alberga además a otros periodistas que son coordinadores de áreas y a algunos funcionarios administrativos. Su nuevo despacho está apenas a algunos cientos de metros de su primera oficina en el Estado, cuando fue -de 2004 a 2006- jefa de relaciones públicas del entonces ministro de Gobierno, Héctor Alemán.

¿Qué la llevó hasta ahí? “Siempre quise entender por qué a veces las informaciones no llegan al reportero y al público. Es como un misterio que quería resolver, y por eso quise desarrollar esta faceta”. Ahí se dio cuenta de que el relacionista público puede convertirse en una válvula que si no está bien afinada puede resultar más un obstáculo entre fuentes y reporteros, que un camino.

“Hay veces que se debe convencer al funcionario de que es necesario dar respuestas, porque hay una comunidad que está esperando. Me di cuenta que a veces esa función no se cumple del todo. Se necesita valor para decirle a tu jefe 'usted tiene que hablar y explicar lo que está pasando' ”, asegura.

Ese experimento vino acompañado de una capacitación en los Estados Unidos para jefes de prensa, sobre manejo de información y divulgación en temas de seguridad, y su segundo embarazo.

Judy prefiere no hablar de su vida personal. “Es por los niños”, explica. “Lo más importante para mí son mi esposo y mis dos hijos”. Una niña de once años y el más pequeño de tan solo tres. “Son muy cómicos los dos, creo que salieron a mí”., dice con una innegable sonrisa de satisfacción.

¿Cómo se llega a trabajar en dos gobiernos de corrientes políticas opuestas? “Yo me sorprendí, la verdad no me lo esperaba. Incluso les pregunte si no les molestaba que hubiese trabajado en el gobierno anterior. Me dijeron ‘no, al contrario así tienes experiencia’. Realmente éste es un gran reto”, asegura.

Judy confiesa que ambos estilos son muy diferentes. “En el gobierno de Torrijos se tomaba en cuenta mucho el protocolo. Ahora (con Martinelli) las cosas son más sencillas”, vuelve a sonreír discretamente.

Sobre el futuro, todavía no piensa mucho. Sin embargo, tiene claro que lo que más le gustaría es volver a los medios. “Pero más en la parte motivación, un trabajo tras bastidores, organizar el trabajo en equipo”, aclara. “Siento que hay una nueva generación y que hace falta devolverle al periodista esa pasión por el oficio. No descarto trabajar en radio televisión o prensa escrita, pero me veo en una sala de redacción”, afirma con la convicción propia de quien está comprometido a fondo con lo que hace.

Tal vez para evitar una mirada pícara que la pudiera delatar, vuelve a fijar su vista en la ventana. Casualmente, ese panorama es el mismo que se veía desde donde trabajó en el Ministerio de Gobierno, a una cuadra de donde estamos ahora. ¿Que vista le gusta más? “Mmm.. No’mbe, ésta. A mí me encanta este gobierno”, responde ya sin disimular esa risa natural que la caracteriza y que suele resaltar el brillo en sus ojos, el mismo que le ayudó a conquistar las cámaras y a su público allá en 1995.