12 de Ago de 2022

Cultura

Perdedores peligrosos

En la columna del día del hoy reseñaremos la obra “El perdedor radical”, un ensayo sobre los hombres del terror. La obra intenta explica...

En la columna del día del hoy reseñaremos la obra “El perdedor radical”, un ensayo sobre los hombres del terror. La obra intenta explicar el comportamiento de los terroristas, comprender sus motivaciones y la enorme energía destructiva que encierran las mismas.

Su autor es el poeta y ensayista Hans Magnus Enzensberger (Baviera, 1929), uno de los intelectuales alemanes más famosos de nuestro tiempo, galardonado en el año 2002 con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.

La obra sustenta el hecho de que el progreso no ha eliminado la miseria humana. Amok es el término malayo para designar los ataques de locura homicida. Según el autor el motivo que provoca el estallido suele ser insignificante. Cualquier cosa lo puede provocar, especialmente cuando la frustración del perdedor radical está en su cúspide.

Retroalimentado por un círculo vicioso de donde extrae su fuerza, estalla finalmente. Experimenta un poderío excepcional.

Su acto le permite triunfar sobre los demás aniquilándolos. Al suicidarse su existencia carece de valor. Ahora el mundo exterior que nunca quiso saber de él tomará nota de su persona, se convertirá en una celebridad.

El objetivo de Hitler fue el exterminio, el suicidio colectivo, el terrible final. Berlín quedó reducido a escombros. El pueblo alemán no merecía vivir. Enzensberger sostiene que la mayoría de los grupos terroristas subsisten a base  de secuestros, robos y tráficos de drogas.

El drama intrínseco del perdedor radical es que se atribuye superioridad incuestionable. Es difícil asumir su pérdida de poder, se encuentra al borde de un precipicio imaginario. Hasta que no haya cumplido su cometido no recuperará la cordura.

Nadie se interesa por el perdedor radical. El desinterés es mutuo. El perdedor radical es de difícil acceso e imprevisible, discurre a su manera. Calla y espera. No se hace notar. Por eso se le teme. La enorme energía destructiva que  encierra, no puede neutralizarse. El perdedor radical puede estallar en cualquier momento.

El padre de familia que primero mata a su esposa, luego a sus hijos y finalmente se suicida. El motivo que provoca el estallido suele ser insignificante. El violento es extremadamente susceptible en sus propias emociones. No respeta los sentimientos de los demás, aunque los suyos le son sagrados. Es amo de la vida y la muerte. Después de cometido el acto muchas veces “se ajusticia a sí mismo”. Se incautan cintas de vídeo y anotaciones farragosas del diario. Los padres, vecinos o maestros no habían notado nada. El joven podía o no tener malas calificaciones en la escuela. Era levemente retraído; no hablaba mucho. No hay razón para asesinar una docena de compañeros de clase y profesores. Los autores de estos crímenes son personas aisladas y llenas de complejos. En el caso de las bombas vivientes y kamizakes, el atentado suicida es producto de la desesperación y del odio que siente hacia los enemigos de su pueblo y es la respuesta el pase de factura a una situación intolerable e insostenible. Su acto es considerado heroico por el grupo que representa.