16 de Ago de 2022

Cultura

Sexo con el alma

“ A mi marido yo le salgo con eso de los pétalos en la cama para hacer el amor y me manda pa’l carajo”, dice Ximena Trujillo, una esposa...

“ A mi marido yo le salgo con eso de los pétalos en la cama para hacer el amor y me manda pa’l carajo”, dice Ximena Trujillo, una esposa de clase alta. Su marido es muy viril, explica, como para hacerlo entrar en la onda del amor según la Nueva Era. Es buen amante, cuenta ella, pero es el típico latin lover que prefiere ir al grano y no prender tantas velas para tener sexo. Para él, con desnudarse y meterse en la cama basta. Ella, empero, insiste en buscarle otras salidas a su vida marital a través de la Nueva Era, pero para comenzar tendrá que sacarse varias cucarachas de la cabeza.

En los últimos años, con cierta ligereza, no pocos medios le han vendido al público recetas esotéricas que garantizan un mejor desempeño sexual: baños, esencias, masajes y manjares afrodisiacos. Todo ello se ha empaquetado dentro de las tendencias de la Nueva Era, pero la verdad es que tal manera de presentar las cosas responde una vez más a la visión occidental, tan obsesionada con la forma e indiferente con el fondo, que es lo que hace a aquélla trascendente.

Desde siempre, nuestra cultura nos ha enseñado a deslindar la expresión sexual del espíritu, una costumbre que se contrapone abiertamente con la sabiduría de Oriente, de la cual la Nueva Era ha alimentado justamente gran parte de su ideario desde su surgimiento en los años 70 del siglo XX.

Mientras que en Occidente el cristianismo dijo que el disfrute pleno del sexo entrañaba un pecado capital, los sabios del otro lado del mundo descubrieron en él, hace miles de años, un camino para llegar a Dios. Ello hace del alma, prácticamente, el órgano sexual más importante y no el cerebro como lo proclama la sicología en Occidente. El placer sexual viene entonces desde adentro, y además no tiene la connotación de culpa con que se le asocia por estos lares. Pese a la penetración de las tradiciones orientales que se ha vivido en los últimos años, todavía resulta complicado explicarles a maridos reacios, como el de Ximena, que toda esa parafernalia de esencias y candelabros proviene de filosofías según las cuales la persona no se ve, gracias a la búsqueda de insondables zonas espirituales. Allí, el cuerpo se torna invisible pero no ausente, dejando al alma en libertad de alcanzar cimas de éxtasis sin límites.

En Occidente, el sexo se reduce a lo físico y específicamente al coito. Al igual que en la agitada y competitiva vida práctica, al erotismo se le imponen prisas, medidas y otros requisitos apegados a lo terrenal. Aparte del objetivo de la reproducción, en últimas, el sexo en nuestra sociedad sigue siendo una función de la vida corpórea, encaminada a responder a un instinto animal. El sentido de toda esta fuerza que mueve a la humanidad termina con cada orgasmo. Los orientales, en cambio, concibieron el mundo a partir de la ley de los contrarios, según la cual los opuestos ineluctablemente se atraen a través de las energías que emanan de todos los seres. En ese orden de ideas, todo lo que sube baja, todo lo vacío se llena, todo lo que se contrae se dilata y, también, lo femenino y lo masculino, tan diferentes, viven el uno en el otro, y mucho más en el sexo, que es la máxima expresión de la energía vital y no un simple intercambio de fluidos y caricias.

El sistema de creencias de India, que busca con el yoga la unión de mente, cuerpo y espíritu a través del manejo de la respiración, también le legó a la sexualidad un capítulo aparte, conocido como sexo tántrico, de tantra, palabra del sánscrito “entrelazar”, un conjunto de tradiciones esotéricas antiquísimas. Para entenderlo y llegar a practicarlo, hay que borrar por completo todas las creencias de la tradición cristiana y machista. Aquí es lamujer la que domina en el encuentro sexual, un aspecto totalmente opuesto a las costumbres occidentales. Para el tantra, el varón demuestra su poder prodigándole mucho placer a la hembra y es sólo después de que ella ha alcanzado muchos orgasmos que él eyacula. Este momento de la sexualidad masculina es visto en nuestra cultura como un acto incontrolable y ello es el origen de la frustración de muchas amantes, pues el orgasmo del hombre marca el término del encuentro sexual.

A los orientales, el tantra les enseñó a dominar ese impulso a través de la respiración y técnicas manuales para retardar su clímax, como presionar con los dedos la zona del perineo, entre el ano y los genitales.