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26 de Feb de 2021

Cultura

Yo no fuí

S i debemos creer a la gente cuando se les pregunta por el bailarín que tenemos de alcalde va a resultar que nadie lo votó. Nadie. Aún n...

S i debemos creer a la gente cuando se les pregunta por el bailarín que tenemos de alcalde va a resultar que nadie lo votó. Nadie. Aún no he conocido a una sola persona que me haya reconocido que le entregó su voto. Y eso es curioso si recordamos que ganó por un 45 por cierto, aproximadamente 160.000 votos, es decir, que debe haber unas cuantas personas que marcaron su nombre en la casilla correspondiente… y que ahora… ¡lo niegan! ¿estarán arrepentidas? Les puedo asegurar que yo sí que no fui, porque yo no puedo votar todavía en este país, así que me limpio las manos de cualquier tipo de responsabilidad en la debacle.

Después de haber marcado distancias continúo: a ese señor lo votó la mayoría, y como esto es una democracia y lo eligió la mayoría, todos nos lo debemos de aguantar cinco añitos, eso es lo que tiene la democracia. Ahora bien, debo repetir aquí esa frase célebre que dice que una estupidez dicha por la mayoría sigue siendo una estupidez, y la elección de Bosco Vallarino fue una estupidez. Imagino que muchos de los que votaron por él ya se están dando cuenta y por eso no quieren reconocerlo. Conste que no tengo nada en contra de que sea ciudadano norteamericano, si los tribunales competentes de este país le dieron luz verde para poder asumir su cargo, pues me parece bien, a quien Dios se la dio, que San Pedro (o Don Bosco) se la bendiga. Tampoco tengo nada en contra de que en toda su vida no haya sido más, ni menos, que presentador de televisión y locutor, trabajos tan dignos como el que más. Ahora bien, ya que se vio en un cargo como ese, debería haberse esforzado en asumirlo con responsabilidad y elegancia, y si no tenía la suficiente inteligencia para poder manejarlo, bueno, para eso están los consejeros, para hacer caso de sus consejos. Pero no, a cuatro meses cumplidos de asumir el cargo nos encontramos con un alcalde que solamente se dedica a montar espectáculos circenses, al que ya se le han dado una llamada de atención por asuntos poco claros de viáticos que pretendía que se le pagaran a su esposa y con declaraciones y decisiones que darían risa si no dieran tanto miedo. Y aún nos quedan cuatro años y ocho meses.

Pero señores, ¡alegrémonos! Seremos los primeros en alcanzar el récord Guinness de cantar villancicos, logro destacado e importante por demás. Todos y cada uno de los que votaron por él deberían ir sin falta a la cinta costera a cantar con él. Y que se les viera la cara. Canten todos juntos como una sola voz la dulce melodía. Mientras, la basura nos come, los mosquitos nos matan a picotazos (literalmente) y la ciudad adolece de falta de infraestructuras y manejo responsable. Pero nuestro alcalde ensaya a hacer gorgoritos delante del espejo para ser el que dé la nota más alta. El do de pecho. Por lo menos pecho no le falta. Lo que le falta es dejar de pensar en pajaritos preñados y empezar a trabajar de verdad en su despacho, que es nuestra ciudad, empezar a tomar decisiones meditadas y olvidarse de su pasado farandulístico.

Pero ustedes, sí ustedes, los que le dieron su voto, señores, asúmanlo y mediten acerca de su decisión. Gracias a su voto, y al suyo, y al del otro, gracias a todos y cada uno de ustedes tenemos este alcalde, no se retracten ahora, ya que no hay remedio posible, reconozcan su error y para la próxima traten de utilizar mejor su derecho al voto. Porque votar es un derecho, pero como todo derecho conlleva una responsabilidad y un deber, el deber de pensar en quien es el más adecuado para cada cargo. Pero ya me he dado cuenta de que pensar le da dolor de cabeza a mucha gente.

Si continuamos así y se sigue votando con el bolsillo, o con el estómago, o con las gónadas, nos va a comer la estupidez. Mientras no votemos con las neuronas mal nos va a seguir yendo.