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03 de Mar de 2021

Cultura

Fragmentos de humanidad

PANAMÁ. Para Carlos Estévez, la vida se compone de fragmentos y cada uno de estos fragmentos es un tema que merece reflexión. Estas refl...

PANAMÁ. Para Carlos Estévez, la vida se compone de fragmentos y cada uno de estos fragmentos es un tema que merece reflexión. Estas reflexiones están expresadas en obras con las que el artista cubano esculca el universo espiritual de lo humano. Para ello, se vale de interesantes metáforas plasmadas con maestría en diferentes técnicas que incluyen el dibujo, el óleo y el collage.

“El arte es una forma de entender la vida, a mí mismo, a las demás personas y al mundo que me rodea. Cada una de estas piezas es una reflexión sobre un tema muy específico”, comenta Estévez en entrevista con Ego.

“No tenemos certeza de lo que va a pasar en la vida, no hay un libro que diga cómo se vive, uno mismo se va trazando su propia ruta según su propia idea y su personalidad”, explica. El rumbo indeterminado de la humanidad es una de las reflexiones que encontramos en los pasillos de Allegro Galería.

Asimismo, Estévez nos lleva de la mano a través de su muestra para hacernos pensar en las historias por descubrir que hay en cada uno de nosotros, en el equilibrio constante que tiene que mantener cada ser humano en la vida, en las huellas que cada uno de nosotros deja solo con existir y en todo aquello que no hemos descubierto de nosotros mismos.

Alas de mariposas nos acercan al tema de la fragilidad y de la belleza, unas tijeras nos acercan a la decisión de construir o destruir, maquinarias y ciudades nos hablan de impersonalidad, un río humano que recorre toda la ciudad simboliza el sentido de pertenencia y un hombre, que como un árbol va dejando en su sombra una gran hojarasca, nos hace meditar que nuestras acciones y situaciones, aunque sean muy valiosas desde un punto de vista personal, para otros no significan nada.

Estévez elabora complicados retratos de la naturaleza humana valiéndose de diversas herramientas. Como fondo, se vale del lienzo, o de papel hecho a mano del Nepal.

Un experimento que le permite divagar entre las historias que cada uno de los objetos que nos rodea tiene, es el uso de imágenes de libros con cierta edad y muñecas, trozos de maquinaria y otros elementos que dan como resultado “nuevas relaciones que ofrecen nuevas historias”.

El dibujo es otra herramienta importante en las formas de comunicación de Estévez.

“Los dibujos para mí representan un medio donde puedo tener un contacto con mis ideas de forma más inmediata. El óleo es más complicado, igual que la escultura y las instalaciones”, dice. Esta técnica le permite llevar a cabo analogías fantásticas entre objetos de la vida cotidiana y animales.

Mientras que el óleo, lo reserva para temas que requieren de otro tipo de exploración y que son llevadas a otra dimensión.

Y es que para Estévez, el creador “es como un máquina que recoge información del medio, cualquier cosa puede ocurrir y servir para una obra de arte”, y en ese sentido, Cuba representa para él una gran escuela para el arte y para la vida.

“Cuba es un lugar muy especial, increíble, muy bello y con mucha historia. y el proceso social que allí se vive, lo hace difícil, hay un drama existencial fuerte, porque la gente lucha mucho para sobrevivir, la ciudad está en destrucción, y pienso que cuando el ser humano tiene muy poca cosas paradójicamente desarrolla un sentido de invención y de creatividad extraordinario. Tú no puedes conseguir lo que necesitas y entonces tienes que inventarlo, mirar lo que tienes y descubrir qué puedes hacer con eso”, dice convencido.

Preguntamos al artista, si entonces, se considera un buen inventor, a lo que responde: “Me considero un buen cubano. No bailo, no tomo café ni ron y llego temprano, pero me considero un buen cubano”.