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25 de Feb de 2021

Cultura

“La ficción es todopoderosa”

Para muchos, tener una página en blanco enfrente representa un desafío que puede producir ansiedad o desasosiego. En el caso del autor h...

Para muchos, tener una página en blanco enfrente representa un desafío que puede producir ansiedad o desasosiego. En el caso del autor hispano-argentino Andrés Neuman, la desnudez de un folio no suscita temores de un posible bloqueo, sino que invoca un espíritu lúdico, inherente al acto mismo de la escritura. “La página en blanco para mí representa un cuarto lleno de juguetes, en el que yo me encierro a divertirme”, apunta este autor de cabello largo y abundante barba, tras la cual se esconde un rostro pálido y enjuto.

A pesar de su pinta de profesor universitario (no por nada enseñó literatura en una universidad de Granada, ciudad española en la que se crió), la conversación de Neuman resulta ingeniosa y hasta irreverente, como lo podrán corroborar aquellos que se dieron cita el lunes pasado en la Biblioteca Nacional Ernesto J. Castillero durante el acto presentación de su obra “El viajero del siglo.

La expectativa crecía a medida que pasaban los minutos en el interior refrigerado de uno de los salones de la biblioteca. Súbitamente, hace su aparición un hombre vestido con una camiseta roja y un saco marrón. Su estatura es menor que la de muchos de sus interlocutores. También es más joven. Tal vez el de menor edad entre el grupo de escritores, comunicadores y curiosos que lo acompaña. “Hay quienes piensan que para escribir hace falta tener mucha experiencia en la vida, pero eso sería como decir que un actor no puede interpretar el papel de un general a menos que haya ido a la guerra. La ficción tiene el poder de poner a dialogar lo vivido con lo inventado”, argumenta este novelista nacido en 1977 en Buenos Aires, Argentina, cuando alguien saca a colación el tema de su juventud.

Su vocación de escritor, de contador de historias la descubrió a temprana edad, incluso antes de aprender a leer. “Cuando regresaba a clases, después del colegio, mi madre siempre me preguntaba cómo había sido mi día. Siempre le inventaba alguna historia. Cuando terminaba de mentir me sentía feliz”, evoca quien a la edad de nueve años ya tenía claro que, cualquiera que fuera el oficio que escogiera en el futuro, iba dedicar su tiempo libre a literatura.

Con el pasar de los años, la inventiva de la que hacía gala en el seno de una familia de músicos inmigrantes se trasladó al oficio artesanal que conlleva ir llenando una página con sensaciones e ideas. Además de la novelas, entre las que se encuentran “Bariloche” (1999), “La vida en las ventanas” (2002) y “Una vez argentina” (2003), en los géneros del cuento, la poesía y el aforismo también ha encontrado cauces para su intranquila imaginación.

Para Neuman, el proceso creativo no concluye cuando termina de escribir un texto. Más bien, este punto marca el comienzo del trabajo verdadero. “Escribir es reescribir. En las películas se muestra al escritor presa de un arrebato de inspiración divina. Debo tener pocos privilegios con los dioses porque es algo que rara vez me pasa”, detalla el autor, a quien le tomó seis años completar su última novela

ENTRE DOS TIERRAS

“El viajero del siglo” cuenta la historia de Hans, un turista que en sus aventuras arriba a una ciudad llamada Wanderburgo, una urbe proteica en las que las calles y edificios cambian constantemente de ubicación. Ambientada en el noroeste de la Alemania del siglo XIX, Neuman se trasladó a este país con el propósito de documentarse y así poder darse “permiso para inventar”. Durante una semana recorrió la región en bicicleta. A pesar de que al final de la aventura su “estado físico no daba para más”, pudo llevar a cabo un importante descubrimiento. “Descubrí que la ficción es todopoderosa, porque mientras yo iba sudando como un cerdo, muriéndome de calor en el verano alemán, anotaba cosas como ´la nieve se acumula a un costado del camino””.

A través del personaje de Hans, a quien, irónicamente, se le dificulta abandonar una ciudad “en la que es imposible arraigarse del todo”, Neuman reflexiona sobre el tema de la extranjería y de los procesos migratorios. “Este viajero no sabe donde está. Yo nací en Argentina y me crié en España. Me siento hispano-argentino, pero no se a cuál de los dos países pertenezco”, comenta quien, a pesar de ser hincha de la selección Argentina, opta por vestirse de rojo, color emblemático del equipo español de fútbol.

A pesar de haber desechado hace años atrás el sueño de convertirse en futbolista profesional, Neuman continúa siendo un fanático de este deporte y no se reserva sus pronósticos frente a la próxima cita mundialista. Vaticina que Argentina va a “tener un fracaso estrepitoso en el Mundial de Fútbol”, ya que se encuentra comandada por “un ángel ebrio, un personaje trágico como Maradona”. Afortunadamente para el prosista, España está haciendo “un fútbol hermoso, de toque, casi sudamericano”.

Con un rostro visiblemente demacrado, como consecuencia tal vez de la gira promocional con la que recorre América Latina para presentar “El viajero del siglo”, el escritor se dedica en estos días a recoger anécdotas para un diario de viaje, que espera publicar el próximo año. En esta obra, que le permitirá, en cierta forma, “viajar dos veces”, discurrirá sobre las experiencias acumuladas durante los últimos meses, en los que ha tenido que lidiar con la curiosidad de los chóferes y la excesiva diligencia de los servicios de lavandería. “Tenía unas camisas marca Adolfo Domínguez, que eran de ´lechugilla´ y me costaron un ojo de la cara. Me las devolvieron totalmente lisas, como un folio de papel sin estrenar”, se lamenta.

A pesar de su apretada agenda y de los contratiempos con su guardarropa, el acto de viajar le permite realizar “el ejercicio de entrar y salir, estar cerca y lejos al mismo tiempo”. Está convencido de que sin este “estado anfibio, con un pie afuera y otro dentro”, sin experimentar los extremos del desarraigo y de la pertenencia, “n o puede haber literatura”. Es como en la última canción de la pieza “Viaje de invierno”, compuesta por Franz Schubert, una música que le recuerda a su madre, la cual habla del encuentro entre un nómada y un sedentario, un lugareño y un extranjero. Ya sea que perciba a sí mismo como un argentino que reside en España, o como un español que pasó su infancia en Argentina, Neuman conoce las dos caras de la moneda.