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13 de Aug de 2020

Cultura

El Santa de todos

¿ Qué te trae la Navidad? -Santa- contesta Lupita rápidamente, demostrando que a sus cortos 4 años ya identifica perfectamente al ancian...

¿ Qué te trae la Navidad? -Santa- contesta Lupita rápidamente, demostrando que a sus cortos 4 años ya identifica perfectamente al anciano vestido de rojo y barba blanca que en la mayor parte del mundo occidental representa a la Navidad. Independientemente de dónde hayan nacido, de la edad que tengan y de las condiciones de su entorno cotidiano, Santa Claus es para los niños panameños el símbolo de esta fiesta.

Para la mayoría de ellos Santa Claus y el Niño Jesús tienen casi la misma importancia en esta celebración, lo que demuestra el sincretismo entre las creencias de origen religioso y la leyenda del gordito que se cuela por las chimeneas para llevarle regalos a todos los niños del mundo gracias a los veloces renos que tiran de su trineo.

Ricardo Enrique, tiene 7 años y ya ha tenido confrontaciones con uno de sus hermanos mayores que intenta desencantarlo sobre la existencia de Santa. “El dice que Santa no es real, pero yo sí creo que es real”, afirma completamente convencido. Por eso se presentó a la entrevista con su lista de Navidad, “para que ustedes lean lo que yo siento de Santa: que Santa es el mejor de todo el mundo, ayuda a los niños a que sean muy felices y a que la felicidad de los niños crezca más”. Pero también rescata sus creencias religiosas y asegura que “el Niño Dios nace y hace una magia para que todos podamos ser felices en Navidad y los Reyes Magos me traen un último regalo, Santa me trae los ocho de la lista y el Niño Dios me trae uno también con los Reyes Magos”.

Y no está solo en esta declaración de fe. Sara, también de 7 años, afirma muy seria que aunque no conoce a nadie que lo haya visto y nadie le contó “yo solo creo que sí existe”. Ella le pide los regalos indistintamente a Santa o al Niño Dios, pero con una madurez poco común para su edad afirma que le pidió “solo una cosa al Niño Dios, porque no quiero que se quede sin plata y que también tenga tiempo para los demás niños: un atrapa ratones”, que es, según su explicación, un juego de mesa.

Diego de 6 años cree que Santa trae los juguetes de su taller donde los hacen los duendes y “qué crees?”, pregunta. “Mi abuela ya lo vio y me dijo que tenía la barba muy larga, blanca y era muy gordito”, mientras que su hermana Gabriela de 8, cree que “algunos juguetes vienen hechos del taller y otros no sé, algunas veces yo he pensado cuando veo los programas en la tele, que él a veces compra los juguetes, porque se disfraza de gente”.

Tanto para Sara como para Gabriela en Navidad hay un trabajo equipo. “El Niño Dios puede ver a todos los niños del mundo y quizás puede llamar a Santa para decirle quiénes se portan bien y quiénes no”, opina Sara mientras que Gabriela, con la seriedad de una persona mayor dice que “yo siempre he pensado que él es el que manda a Santa a que le traiga los regalos a los niños. En realidad es que su verdadero propósito al venir al mundo es que ya no haya más peleas”. Pero Diego interrumpiendo a su hermana lo niega y señala que “debe ser que el Niño Dios ayuda a Santa a regalar los regalos”.

La pequeña Lupita, que le ha pedido una Barbie a Santa y unos ositos de peluche al Niño Dios, también confirma esta tesis del trabajo mancomunado entre ambos personajes y confiesa que ella vio a Santa en su casa “en la otra Navidad” y que “él llegó cuando iba en un carro”.

Fijando sus grandes ojos negros en un Santa Claus casi de tamaño natural que exhibe una desordenada y larga barba blanca parado a sus espaldas, Leika de 9 años, también reconoce tímidamente su existencia y, pese a que no sabe dónde vive, está completamente segura de que regala juguetes a los niños. A su lado, la cara de luna llena de Odir de 10 años, se ilumina al asegurar que Santa Claus viene del Polo Norte, donde hay nieve y que vive en una isla. “Yo vi en una película, que cuando era chiquito él siempre ayudaba a las personas y cuando iba engrandeciendo vio a un niño cojo, que era pobre y le dio un regalo: un muñequito y una silla de ruedas de madera para que pudiera caminar”, relata haciendo una referencia un poco confusa a la leyenda del Nikolas finlandés que se entremezcló con la de San Nicolás de Bari para devenir en el Santa de nuestros días.

Pero algunos pequeños son escépticos respecto a este personaje navideño. Gian Carlos, de 11 años, quien apenas separa los labios para sonreir, dice que Santa Claus no es real porque nunca lo ha visto pero quien sí existe es San Nicolás a quien vio en una fiesta en su casa, a donde llegó cargado de regalos. Y el escepticismo es mayor a medida que se avanza en edad, como expresa Kelvin de 14 años, quien debatiéndose entre el desencanto y la ilusión dice que “de vez en cuando creo en Santa, pero a veces pienso que fue algún señor que lo inventó para tener una ganancia”. Sin embargo, acto seguido rescata su fe religiosa afirmando enfático que “El niño dios si fue verdad”. “Y yo se porqué”, interviene intempestivamente Gian Carlos, “Porque sin El no pudiéramos estar aquí”.

MOTIVOS Y DESEOS NAVIDEÑOS

En el por qué de la Navidad, casi todos los niños coinciden. Gabriela tiene una explicación muy racional sobre los motivos de esta fiesta. Para ella, “es un tiempo cuando las familias se unen para compartir el nacimiento del niño Jesús” y casi en la misma línea Sara opina que “es el mes para la amistad y también para ser buenas personas y aprender a portarse bien”. Leika, siempre seria afirma que la Navidad es amor y paz, mientras que para Kelvin es “un tiempo para compartir con las demás personas”.

Otros como Ricardo Enrique esperan esta fiesta para disfrutar “del pavo navideño y los juguetes” que es lo que más les gusta simplemente “porque el Niño Dios nace y ya”, como afirma Diego.

Para algunos niños como Odir y Omar, su hermano de apenas 6 años, su deseo más ferviente para Navidad es que ni su mamá ni su familia se muera, quizás porque ya pasaron por esta experiencia hace algún tiempo. Gian Carlos desea que en esta Navidad “Dios entre en nuestros corazones y en el de nuestros hermanos”, Leika aspira a que “todos los pobres tengan una casa donde comer” y Kelvin pide “que se acabe la violencia y que todos los niños pobres tengan un regalo y una familia”.

Y así entre buenos deseos e ilusiones estos niños panameños sueñan noche tras noche con Barbies, osos de peluche, bicicletas, juegos electrónicos y carros de control remoto, esperando que esta Navidad Santa o el Niño Jesús les concedan lo que ansían, pero sobre todo los acompañen en esta fiesa maravillosa cuya magia quisieran que nunca acabe.