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16 de Jan de 2021

Cultura

Propósitos para el 2010

Ya pasada la Navidad y tomando sal de frutas, no por intoxicación sino por empacho, hablar de ese día no sólo sería algo pasado sino tam...

Ya pasada la Navidad y tomando sal de frutas, no por intoxicación sino por empacho, hablar de ese día no sólo sería algo pasado sino también un tema antiguo. Ante la llegada del nuevo año 2010 es bonito admitir que uno tiene muchos proyectos que, aunque poco elaborados físicamente, están al menos presente en nuestras mentes.

El año que viene empieza con la festividad del día de reyes en la que ofreceremos como cada año un menú especial para la ocasión además del roscón también tradicional. Tras las merecidas vacaciones, en que acudiré a visitar a mi familia y amigos, espero poder aportar a mi cocina siete u ocho ideas nuevas al menú para darle un poco más de frescor y alegría a los comensales de mis salones. El resto del año está más oscuro por aquello de la lejanía, pero prometo hacer todo el esfuerzo para que tanto esta columna como mi cocina evolucionen para satisfacción de todos.

Aprovecharé mi visita a España para escribir artículos de la gastronomía española in situ y hacerles llegar con mis columnas una visión más real de lo que se está cocinando por esos lares, así como los productos de más moda o de más uso en la actualidad.

Buenos propósitos, pero el mejor propósito es ser mejor persona todos los días, ser más humano, mejor esposo, mejor padre, mejor cocinero, mejor redactor de columnas de gastronomía y sobre todo mejor ciudadano que lleva un poquito de todo lo anterior implícito en una sola palabra.

La ilusión es lo más importante, el afrontar la llegada del nuevo año con ilusión es el comienzo para que el año venidero sea mejor que el pasado. Así las uvas de la suerte no faltarán; ni las de la hora española ni las de la hora panameña, la consiguiente atracada; la boca llena y los abrazos cariñosos de los seres queridos deseándonos todos los mejores augurios para el año venidero. La tradición gastronómica no se pierde y es que esas uvas, mentira o no, no han faltado en mis entradas de año desde que tengo raciocinio o al menos desde que me acuerdo y, ¿qué significan? La verdad es que jamás investigué y a estas horas del campeonato tampoco lo voy a hacer. Pero si les digo que siempre lo vi hacer, lo hice y mientras pueda lo seguiré haciendo.

No tiene sentido rebuscar otro recuerdo gastronómico que no signifique gula puesto que el único que ha perdurado para estas fechas en mi caso es el de las uvas y el cava para brindar, aunque en estos tiempos mi afición al roncito oscuro está creciendo desmesuradamente. No sé si la lejanía me ha hecho olvidar ese sabor seco, pero refrescante del cava pero la verdad es que el ron añejo está delicioso y si es panameño, la tierra que me ha acogido con tanto cariño, mejor que mejor.

Pero como dije, son las únicas tradiciones que conservo para esta fecha puesto que a la hora de cenar he comido de todo y siempre diferente. Como siempre me pillará trabajando o en el trabajo, agarraré mi olla y mi cucharón y tocare las simbólicas campanadas que no serán mas que burdos golpes de olla pero que a los presentes les ayudará engullir sus uvas y a recibir con ilusión y nuevos bríos su año nuevo.

¡Buen provecho!