22 de Feb de 2020

Cultura

Nos vamos de vacaciones

L as vacaciones son vistas como la oportunidad de hacer todo aquello que no se puede el resto del año, pero así como para algunas famili...

L as vacaciones son vistas como la oportunidad de hacer todo aquello que no se puede el resto del año, pero así como para algunas familias es un momento positivo y esperado, en otros casos representa todo lo contrario. Unas vacaciones pueden significar estrés, malos ratos y complicaciones si no son bien manejadas. Por eso, según cómo se maneje cada familia, el hecho de estar todos juntos puede ser fantástico o catastrófico.

Las vacaciones son la oportunidad para salir de la rutina, recorrer espacios, tiempos y estilos de relación novedosos. Pero también implican un aumento en el tiempo de convivencia que no es el acostumbrado y que puede generar conflictos.

De acuerdo con la psicóloga Melissa Rodríguez, “las vacaciones son un tiempo en que es posible alejarse de la rutina y reencontrarse con uno mismo y los otros miembros de la familia, pero es un tiempo en el que no necesariamente se van a solucionar los conflictos que existan”.

Y es que en una reunión de personas con distintas edades, gustos y personalidades, cada quien velará para que se tomen en cuenta sus intereses, aunque hablemos de una familia. Por eso, para estos casos, se requiere de una buena planificación y, sobre todo, buena voluntad.

“Deben considerarse una cantidad de opciones que atiendan a los intereses de cada miembro del grupo”, dice la psicóloga. “Hay maneras de compartir buenos momentos en familia. Una opción es recurrir a actividades deportivas o hobbies que los involucren a todos.

Pero cuando los hijos tienen diferentes edades, no siempre es tan fácil llegar a acuerdos. Si hay adolescentes, es muy probable que quieran dormir cuando el resto de la familia no”, recuerda Rodríguez. En esos casos, los adultos deberán ser flexibles, si no las vacaciones serán una guerra permanente”.

Sin la presión del trabajo, “los padres pueden poner en juego los aspectos más lúdicos de su personalidad, y al pasar más tiempo con sus hijos, generar experiencias nuevas y enriquecedoras para el vínculo padres-hijos que pueden convertirse en recuerdos que los niños atesoren toda la vida”, afirma Rodríguez.

Sin embargo, los padres deben estar conscientes de que probablemente no gozarán del descanso del año, sino, por el contrario, serán padres a tiempo completo, sin la ayuda de los demás familiares, ni la guardería ni las nanas.

Por esta razón los adultos deben hacer comprender a los hijos que ellos también necesitan descansar y divertirse.

Así es que a parte de disfrutar juntos de algunas actividades, es importante que los miembros de la familia tengan la oportunidad de hacer aquello que a cada uno le gusta, por separado. “En tiempos regulares la familia no está junta las 24 horas del día, ¿por qué forzar la situación entonces?”, dice la especialista.

Otro detalle que no hay que forzar es el cumplimiento al pie de la letra del itinerario establecido. Probablemente algunos estarán más cansados que otros. Incluso alguno puede sentirse mal, o sencillamente encontraron una nueva alternativa que les pareció mejor, entonces, ¿por qué no cambiar los planes?

“La agenda del día no tiene por qué incluir actividades especiales todo el tiempo. Son los pequeños momentos compartidos los que más a menudo forman parte de la historia familiar y se recuerdan por años”, concluye Rodríguez.